Mientras cerca de 35.000 personas se reunían en la noche del miércoles en la Plaza de la República de París para rendir homenaje a los periodistas, policías y trabajadores asesinados en la sede del semanario Charlie Hebdo, las autoridades avanzaban en la identificación y persecución de los responsables. En las horas de la noche del miércoles uno de los principales sospechosos, Mourad Hamyd, se entregó a las autoridades y siete personas más habrían sido detenidas en los suburbios de la ciudad de Reims, en la región de Champaña. Hamyd, natural de la región y con 18 años de edad, sería el conductor del auto que transportó al comando terrorista, aunque según su familia, en la mañana del miércoles se encontraba en el colegio, a más de dos horas de carretera de París.
La operación en busca de los hermanos Saïd y Cherif Kouachi, huérfanos de los dos padres y de nacionalidad francesa, continuaba por todo el país. Según la oficina del primer ministro, los dos tenían antecedentes penales y eran seguidos desde hacía casi una década por los servicios de inteligencia. En 2005, cuando apenas tenían 22 y 24 años, ya eran sospechosos de convencer a jóvenes musulmanes de los barrios del noreste de París para que fueran a luchar por el islam en Irak. El fenómeno, hoy en día en boga, era por ese entonces marginal. Cherif fue detenido justo antes de que lograra viajar y pasó un corto período en prisión. “Era un loser profesional que necesitaba que alguien le diera importancia”, declaró al diario Le Figaro su abogado de esa época, Vicent Olivier.
“A juzgar por los videos, los dos tenían un entrenamiento en el manejo de armas pesadas. La manera de moverse y continuar disparando es propia de combatientes bien formados, que además tenían información sobre la hora y la ubicación de la conferencia de redacción del semanario”, según una fuente policial anónima citada por Libération.
“Había un dispositivo de protección, previsto contra uno o varios atacantes o una amenaza de bomba, pero contra armas como las que se usaron, no es mucho lo que se puede hacer”, afirmaba uno de los policías que en la tarde del jueves permanecían en los alrededores de la sede del diario, en donde los transeúntes habían depositado cientos de ramos de flores.
Sobre Saïd, altos funcionarios estadounidenses aseguraron anoche a la CNN y de The New York Times, que recibió entrenamiento terrorista de una filial de Al Qaeda en Yemen en 2011 .
Un intercambio de disparos que tuvo lugar en el sur de París en la mañana de ayer y que le costó la vida a una policía no estaría en principio relacionado con la masacre de Charlie Hebdo, aunque el armamento de guerra usado podría hacer pensar en la tentativa de un nuevo acto terrorista. En la tarde, un operativo policial tenía lugar en Villers-Cotterêts, 80 kilómetros al norte de París, donde los hermanos Kouachi habrían atracado una estación de servicio.
“No” a la estigmatización
Si uno de los temores de la comunidad musulmana era un aumento de la estigmatización, la totalidad de los líderes políticos, incluidos el expresidente Nicolás Sarkozy y la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, llamaron a la unión de los franceses de todas las confesiones. En igual sentido se pronunciaron los líderes musulmanes, quienes invitaron a sus fieles a participar en las marchas de homenaje y apoyo programadas en Francia para el próximo domingo. Visiblemente alterado, Hassen Chalghoumi, el imán de Drancy, un suburbio al norte de París, afirmó frente a la sede del semanario que la acción criminal “nada tenía que ver con el islam” y sus autores habían “vendido el alma al diablo”. En la noche del miércoles, tres mezquitas francesas fueron blanco de disparos y contra una de ellas se lanzó una granada.
“Sí” a la continuidad de ‘Charlie’
Varios de los miembros del consejo de redacción salvaron sus vidas por diferentes circunstancias: el caricaturista Luz y la periodista Catherine Meunisse, quienes llegaron tarde; la redactora Zineb El Rhazoui, que aún no había regresado de sus vacaciones de fin de año en su Marruecos natal, y Gerard Biard, desde hace 15 años jefe de redacción, había tomado sus vacaciones después de las fiestas y se hallaba en Londres. Desde esa ciudad y con la voz entrecortada, Biard afirmó que “paradójicamente había menos amenazas en los últimos meses” y destacó las muestras de solidaridad de los sectores políticos antes de pasar a un “me mataron a todos mis amigos”.
“Quisiera tener fe para decirles a todos mis amigos muertos la falta que me hacen. Quisiera que existiera un más allá para hacerles saber que vamos a continuar riéndonos de esos desgraciados”, fue el comentario de Philippe Val, quien hasta 2009 dirigió Charlie Hebdo.
Que la revista está lejos de haber sido eliminada es también la opinión de Patrick Pelloux, médico de urgencias que escribía en el semanario crónicas sobre las políticas de salud y fue uno de los primeros en llegar al lugar de la masacre. “Aunque nunca imaginamos que algo así podría ocurrir, siempre dijimos que Charlie continuaría publicándose pasara lo que pasara. Esa era la voluntad de Charb, que era como mi hermano, y con lo destruidos que estamos y los medios que tengamos, publicaremos un nuevo número el miércoles de la semana entrante. La estupidez no puede acabar con Charlie”.
El abogado de la publicación, Richard Malka, confirmó vía telefónica que decenas de medios han ofrecido su colaboración logística y financiera, y que la próxima edición podría ser tirada a más de medio millón de ejemplares, diez veces más que la circulación habitual del semanario satírico.