Como fotógrafo, el sueco Martin von Krogh ha fundado hogar por períodos breves en lugares como Singapur y Nueva Delhi, ha cubierto la guerra en Irak, en Beirut y en Gaza y ha puesto pie en Afganistán para atender a su conflicto mudo pero continuo. Como cineasta, en cambio, apenas comienza: Cinema Pameer es su primer proyecto, que ya tiene una prueba piloto. El documental recoge la historia y vida de este cinema en Kabul (Afganistán), que en ocasiones parece el refugio en medio de la guerra para todas las partes y que, en ese sentido, se convierte en el centro de las experiencias de vida en medio del conflicto afgano. Financiado a través de Kickstarter (una plataforma web de donaciones para proyectos de todo tipo), el documental ya había alcanzado ayer la meta de 250.000 coronas suecas para ser grabado. Filmará por dos meses en Afganistán. Martin von Krogh tiene 33 años, ha trabajado para medios como Newsweek, tiene una juiciosa colección fotográfica de numerosos conflictos y un origen todavía por resolver: nació en Manizales en 1982, fue adoptado por una familia sueca cuando tenía cuatro meses y no sabe quién es su padre, quién es su madre, quién es su hermano mayor. Y siempre, asegura, ha tenido una excusa para ignorarlo. “Pero la razón principal —dice— es que estoy nervioso sobre aquello que pueda encontrar”.
Martin von Krogh comenzó su investigación para Cinema Pameer hace ocho años, cuando se dio cuenta, durante un trabajo que sería publicado en Newsweek, de que esa historia merecía mucho más que una serie de fotografías. La vida, recuerda, estaba en los detalles y en el movimiento. “Siempre es difícil entender un conflicto de intensidad baja, los ataques son indiscriminados. No existe un lugar seguro y, al mismo tiempo, la vida tiene que seguir como de costumbre. De modo que siempre tienes que mirar por encima del hombro y planear todo para cualquier evento. Si hay un ataque, ¿hacia dónde puedo correr? ¿Dónde hay un lugar seguro? Es agotador y nunca puedes relajarte”.
En 2006, Von Krogh estaba en Afganistán con un colega, Urban Hamid, investigando un par de historias. Sabían todo cuanto decían de Kabul: secuestros, explosiones repentinas, azarosas. Ambos se encontraron en el hotel y, cuando se sentaron a planear su trabajo, un ruido, una cacofonía de plomo, fue acercándose. En voz baja, Hamid le dijo en forma de clave: “Kalashnikov, bastante cerca, no más allá de 500 metros”. “Seguimos escuchando el arma disparando por un rato —recuerda Von Krogh— y cuando bajamos a almorzar, el sonido parecía más cercano. De pronto vimos a un viejo en la calle, de pie en una escalera, martillando a balazos un edificio: ra-ta-ta-ta”.
El cinema Pameer, su ambiente y su aire, son un reflejo de ese repentino conflicto que abunda en las calles de Kabul y que modifica la vida cotidiana de sus ciudadanos. Se acostumbran a él, sí, pero también han mantenido la capacidad de la sorpresa. Así, Martin von Krogh ha encontrado historias singulares. Said, el administrador del cinema, estuvo en la resistencia afgana en contra de la Unión Soviética: sus balas fueron, en ese caso, sus palabras impresas en publicaciones de la región. Otro personaje más dice que vivir y sobrevivir son dos cosas distintas. En una ocasión, Von Krogh le preguntó a un vendedor callejero qué pensaba del amor. Él se había casado por obligación con una pareja que le habían asignado. Recuerda Von Krogh: “Él me dijo que el amor es sólo para la gente rica”.
Para consultar el proyecto en Kickstarter, visite http://kck.st/1TAsWtb.