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Colombia frente al Estado de Israel, ¿moralismo o pragmatismo?

A través de la Cancillería, el Estado colombiano rechazó la ofensiva israelí en Gaza, a pesar de los estrechos lazos con ese país. ¿Cómo interpretar este pronunciamiento?

06 de agosto de 2014 - 06:45 a. m.
Dos hermanos frente a lo que quedó de su casa después de ataques perpetrados por Israel en el marco de su ofensiva Margen Protector en la Franja de Gaza. / AFP
Foto: AFP - MARCO LONGARI
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Sayeeda Warsi, la primera mujer musulmana en llegar al gabinete británico, renunció este martes a su cargo en la Secretaría de Relaciones Exteriores por estar en desacuerdo con la política de su gobierno con respecto a Gaza, a la cual llamó una posición “moralmente indefendible”.

Esas expresiones de decencia y moralismo son bastante exóticas en estos días. Desde el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, hasta el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, han condenado los ataques con cohetes desde Gaza contra Israel como actos de terrorismo sin justificación. Esos actos, recitados en coro reiteradamente por la comunidad internacional (es decir, occidental), crean una situación que pone en peligro el “proceso de paz”, profundiza la espiral de violencia y produce una escalada sin fin de contraofensivas violentas. El presidente Obama, finalmente, colocó la cereza al pastel: reafirmó el derecho de Israel a su “legítima” defensa.

Es posible que la Cancillería colombiana haya sufrido cierta conmoción que removió los más profundos y arraigados principios de su política exterior ante tanta confusión. Del comunicado emitido el 10 de julio a otro transmitido el día 22, la Cancillería adoptó un cambio inesperado. En el primero de ellos condenaba “en los más fuertes términos” el terrorismo contra el territorio israelí, mientras que a las víctimas palestinas les expresaba sus condolencias por las “retaliaciones” de Israel contra Gaza. Posteriormente, en el comunicado del día 22, señalaba: “El Gobierno de Colombia rechaza la ofensiva militar por parte de las fuerzas israelíes a la Franja de Gaza y les hace un llamado a la máxima contención”, al mismo tiempo que “rechaza los continuos ataques por parte de Hamás” contra el territorio de Israel.

Después de lamentar la pérdida de civiles de ambos bandos (en aquel entonces unos 600 palestinos y unos tres israelíes, no causados precisamente por los cohetes de Hamás), se unía a las exhortaciones de la comunidad internacional: de no parar los ataques se generará un retroceso en los esfuerzos de paz.

¿A qué se debió este giro? La comunicación de la Cancillería, ¿debe ser tomada en serio? En realidad, el comunicado de la Cancillería está en sintonía no sólo con el coro de la comunidad internacional, sino con una lógica pragmática de la política exterior colombiana. Y esto se debe a varios motivos.

En primer lugar, es posible que la canciller Holguín esté mal informada o, mejor dicho, deliberadamente mal informada: al igual que sus colegas occidentales, el comunicado aparece completamente descontextualizado del hecho de que existe una ocupación y que los ataques de Hamás son la respuesta a una política de genocidio progresivo emprendido de cuando en cuando por parte de Israel utilizando para ello algún pretexto coyuntural: el secuestro de unos adolescentes israelíes (antecedido por el asesinato de un joven palestino en junio y otros actos similares en los últimos catorce años), y la unidad entre Hamás y Fatah, la ruptura de la última ronda del mal llamado proceso de paz. Provocando una respuesta violenta de Hamás, una franja confinada a la condición de gueto, Israel avanza en su proyecto colonial de conseguir el mayor territorio con la menor cantidad de palestinos o en su defecto mermar la resistencia palestina a través de la disuasión y la coerción.

En segundo lugar, por lo que se puede denominar legalismo pragmático: desde la abstención a la resolución de 1947 sobre la partición de Palestina, Colombia busca mantener una supuesta neutralidad basada en su tradición legalista. En ese sentido, el intento de la Cancillería colombiana de corregir el comunicado anterior está relacionado con la presión que le genera la actual coyuntura diplomática regional: consenso suramericano contra el genocidio, negociación con las Farc con respecto al punto de víctimas y, por ende, la necesidad de pasar como un Estado promotor de la paz…

La canciller Holguín, al apoyar y legitimar al gobierno venezolano o la elección de Samper como secretario general de la Unasur, entre otros gestos diplomáticos, da luces al respecto. Ese tipo de confusiones podría encajar con la también confusa gestión y apreciación que tiene la canciller del acontecer internacional frente a los principios básicos de la política exterior colombiana. Todo ello podría ser cierto. Pero en realidad la doctrina de la política exterior de un Estado no resiste las pruebas de los intereses materiales. No existe ninguna razón para pensar que Colombia actúe fuera de la “lógica de la consecuencia”: los intereses entrecruzados de Colombia e Israel son muy poderosos, van desde la compra por parte de Colombia de aeronaves, drones, armas y sistemas de inteligencia, hasta la firma de un TLC. ¿No participó Israel en la Operación Jaque? ¿No fue acaso el presidente Santos quien dijo, no sin cierto paroxismo electoral, que se sentía orgulloso de que Colombia fuera el Israel de América Latina?

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Nadie está negando que el Estado colombiano actúe de acuerdo a una lógica pragmática: el comunicado de la Cancillería condenando la “ofensiva” israelí, aunque merezca pasar a los anaqueles del pacifismo más puro, no va más allá del hecho de que Colombia no tiene finalmente más vínculos con Palestina que el que pueda tener con Tasmania.

Señora canciller: no se trata de adoptar una postura similar a la de Sayeed Warsi. No es únicamente adecuar la condena contra el genocidio israelí en Gaza al ambiente de reconciliación que reina actualmente en Colombia. Se trata, señora Holguín, de pura y simple decencia.

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***Otro comunicado de Cancillería
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia condenó ayer los ataques de las fuerzas israelíes a una escuela protegida por la ONU en el sur de Gaza, que dejaron más de 10 muertos y 27 heridos. Consideró que Israel tiene derecho a fronteras seguras, pero dijo que ello no justifica los ataques a lugares protegidos por el DIH, poniendo en riesgo la vida e integridad de la población civil.

 * Analista internacional. Profesor de la Universidad Militar.

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