Durante la reunión este jueves en la Comisión de Narcóticos de la ONU, en Viena, Colombia hizo un llamado a buscar alternativas para poder cumplir con los objetivos planteados en la Declaración Política de 2009, que pretende eliminar o reducir la droga de forma significativa para el año 2019.
En el mismo encuentro, el director de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (ONUDD), Yuri Fedotov, admitió que, a pesar de los objetivos planteados en 2009, «la magnitud general de la demanda de drogas no ha cambiado sustancialmente a nivel mundial», pues el consumo cae en algunas regiones, en otras va en aumento. Por esta razón, Fedotov llamó a tomar un enfoque que aborde las drogas como un problema de salud pública y no simplemente criminal, y alentó a considerar «alternativas a la penalización y el encarcelamiento». Un informe de la ONUDD que sugiere la despenalización del consumo de estupefacientes llegó a la Comisión de Narcóticos para ser debatido por los estados miembros (Vea: ONU, hacia la despenalización de la droga).
El ministro de Justicia de Colombia, Alfonzo Gómez Méndez, apoyo la propuesta de Fedotov. Sin embargo, primero sostuvo que Colombia ha estado comprometida con el modelo actual para reducir el problema mundial de las drogas. Citando cifras de la ONU, el ministro dijo que en el año 2012 hubo una “reducción del 25% en el área cultivada de coca, lo cual representa una reducción casi continua del cultivo desde el año 2000. El informe mundial de drogas resaltó en 2012 la reducción en la producción mundial de cocaína y, en el 2013, su estabilización, debido principalmente a la reducción de la producción en nuestro país”.
Gómez Méndez también sostuvo que Colombia ha contribuido de manera significativa a la reducción del tráfico de drogas, pues el país es el líder de incautaciones de cocaína en el mundo al confiscar casi 200 toneladas anuales y al capturar en los últimos tres años a 50 cabecillas de organizaciones criminales y desarticular sus estructuras. Esta experiencia, según el ministro, le ha servido a Colombia para cooperar en la lucha contra la delincuencia transnacional con países de Centroamérica y el Caribe, Suramérica, Norteamérica, Europa, Asia y África.
Sin embargo, en palabras del ministro, “hemos aprendido que en esta materia ganar batallas no es conseguir la victoria, pues a pesar de utilizar todos los correctivos, no hemos, al igual que en el resto del mundo, alcanzado los resultados esperados”.
Gómez Méndez explicó que la lucha contra las drogas que se ha aplicado ha traído un alto costo de vidas humanas y el gasto de sumas “ingentes” de dinero. Asimismo, la reducción de las áreas cultivadas de coca han resultado en el desplazamiento de esos cultivos a otras zonas del país. Al ser desarticulados los grandes carteles del narcotráfico, mutaron en pequeñas organizaciones que alimentan la violencia urbana. El problema de las drogas ilícitas también ha impactado de manera significativa la economía lícita.
Y algo que se ha visto como un resultado general del prohibicionismo global contra las drogas: a pesar de todos los esfuerzos, Colombia experimenta un aumento en el consumo. De dicho aumento se nutre el microtráfico y la creación de redes de distribución y tráfico.
Por estas razones, Colombia llamó la atención sobre dos nuevos desafíos que no quedaron incluidos en la Declaración Política de 2009. El primero se refiere a las drogas sintéticas: “Seguimos concentrados en la utópica eliminación absoluta de los cultivos de las drogas de origen natural y, entretanto, nuevas drogas de origen sintético se producen a diario. Hoy conocemos de la producción y el consumo de más de 350 drogas sintéticas y de fármacos para fines no médicos cuyo consumo sin prescripción o vigilancia médica, puede resultar incluso más adictivo y perjudicial que las drogas tradicionales”. El segundo desafío es que el internet se ha convertido en un nuevo vehículo para el tráfico de drogas, una herramienta que plantea enormes dificultades para ser controlada..