“Nosotros no nos consideramos una minoría, porque tenemos presencia en todos los espectros de la sociedad. Somos ciudadanos sirios porque la legislación protege a todas las religiones. De esta convivencia surge la belleza de esta sociedad y de esa diversidad vivimos”, dice Chihade Abboud, director del despacho del vicepatriarca de la Iglesia Gregoriana de Damasco. “No vamos a abandonar Siria. Seguiremos aquí, aunque haya un plan para depurar a los cristianos”, asegura Abboud. “El fundamentalismo es malo porque ve sólo una parte de la realidad, nosotros como cristianos o musulmanes tratamos de alejarnos del extremismo”.
Un extremismo que es temido por todas las facciones del cristianismo. El obispo greco-melquita (Iglesia Oriental Católica) de Alepo, monseñor Jean Clément Jeanbart, manifestó que si el régimen sirio es derrocado, existe la posibilidad de que se afirme otro más duro y de matriz islámica. Es por ello que actualmente los cristianos se encuentran divididos entre el deseo de una apertura democrática del régimen de Al Asad y el temor de sufrir la misma suerte de la población cristiana en Irak tras la invasión estadounidense en 2003.
“Como Cristo se sacrificó por la humanidad, nosotros estamos dispuestos a sacrificarnos por la patria. Los que pertenecen a los grupos armados son intrusos que están vinculados a extranjeros”, aseguró categórico el obispo Louka el Khouri, auxiliar directo del patriarca de la Iglesia Ortodoxa Griega y de gran ascendencia y exposición dentro del mundo cristiano en Oriente Medio.
“Esto es un complot contra Siria y queremos que nos dejen vivir en paz. Algunos países árabes quieren imponer su plan, cuando ellos no tienen ni libertad ni democracia”, afirma refiriéndose a Qatar y Arabia Saudita. “Nosotros rezamos todos los días para que Dios proteja a Siria, al presidente Al Asad y para que cuide a sus hijos”, explica El Khouri. Hijos de la comunidad cristiana, que están viviendo días de terror tras los combates entre las fuerzas armadas del régimen y los grupos armados en Homs y que se vieron obligados a huir en busca de seguridad después de los graves daños materiales ocasionados con la destrucción de sus edificios y lugares de culto.
La Obra de Oriente, una asociación católica francesa de ayuda y beneficencia, deploró esta nueva oleada de salidas de cristianos en la capital rebelde, ante la intensificación de los combates. El miedo cala hondo entre esta minoría en el país, una comunidad religiosa especialmente perseguida en Oriente Medio. Sin embargo, el líder cristiano ortodoxo de Siria, Ignacio IV Hazim, de 91 años, asegura que “los cristianos no tenemos miedo”.
Las minorías del país —cristianos, alauitas, kurdos y drusos— se han mantenido fieles al régimen en estos once meses de revuelta, por miedo a que se desestabilice el equilibrio entre confesiones religiosas y perder la protección de la que gozan, mientras que la mayoría del país es sunita.
“El salafismo (islamismo radical) es una moda que se está imponiendo dentro del Islam en los últimos años y lo que habría que preguntarse es quién está detrás de ella”, señaló Ignacio IV, refiriéndose al crecimiento del extremismo procedente de algunos países del Golfo. Pero los cristianos, que representan menos del 10% de la población sobre un total de 22 millones de habitantes, aspiran a que Al Asad se quede en el poder. “Definitivamente los cristianos en Siria apoyamos a Bashar al Asad”, dijo en conferencia de prensa Yohana Ibrahim, el arzobispo ortodoxo sirio de Alepo.
“Bashar es un presidente como no existe en todo el mundo árabe, por eso apoyamos a este gobierno”, ratifica Ignacio IV Hazim, quien junto a Mar Ignacio Zakka I, de la Iglesia Ortodoxa Siria, y Gregorio III Laham, de la Iglesia Católica —los tres patriarcas del cristianismo en Siria—, conforman un bloque compacto en defensa del gobierno de Al Asad, un recurso para su supervivencia.
Algo que se ve amenazado con ataques selectivos. El asesinato del sacerdote cristiano Basilius Al Nasser, párroco de la Iglesia Ortodoxa Romana en la provincia de Hama, fue el primer hecho que conmovió a la comunidad cristiana. Al Nasser fue asesinado por hombres encapuchados mientras le brindaba primeros auxilios a un herido en Al Jarajme.
Aunque bandas armadas de extremistas islamistas han cometido actos vandálicos contra templos cristianos, particularmente en Homs, el asesinato del padre Nasser fue el primer crimen contra un sacerdote, al menos en los últimos seis meses.
Por otro lado, el ataque al histórico Convento de Nuestra Señora en la localidad de Sidnaya dio inicio a una nueva fase de terror entre los cristianos en Siria. “Sentimos el estruendo y un trabajador nos alertó. Dios todo misericordioso nos salvó la vida”, describió Fabronia Nabhan, la Madre Superiora de la institución —ubicada al sur de la capital y considerado una de las reliquias de mayor valor del cristianismo a escala mundial— luego que el edificio fuera atacado con un cohete.
El sacerdote George Niyme explica que el cohete golpeó el convento alrededor de las 13:15 y abrió un boquete de casi un metro en la gruesa pared de bloques de piedras caliza, causando destrozos en una de las habitaciones donde residen seis niñas en el nivel superior del orfanato.
“La única arma que nos defenderá son nuestras plegarias y Dios”, suplica Niyme, quien asegura que los fieles acuden a misa sin miedo, “está viniendo más gente a la iglesia, porque somos más fuertes que antes”.
“Nos atacaron directamente para crear conflictos. Este es un símbolo de la cristiandad”, exclama Niyme. El convento, administrado por la Iglesia Ortodoxa Griega, nunca había sido atacado hasta ahora y en él habitan unas 100 personas, entre ellas 25 niñas huérfanas, cuarenta monjas y trabajadores del abadiato
El gobierno de Damasco acusó a los extremistas de haber atacado el monasterio. Según la oposición siria, estos tipos de ataque buscan precisamente crear miedo e incertidumbre y estarían orquestados por el régimen para aterrorizar a la población civil.