Vivió una madrugada caliente Córdoba, la segunda provincia más poblada del país, ubicada en la región central. Hubo cientos de supermercados y locales de electrodomésticos saqueados. Se rompieron vidrieras de grandes negocios y de los más pequeños, también. Hasta desvalijaron casas bajas en los barrios periféricos. “Me rompo el lomo (sic) trabajando todo el día y me roban todo. ¿Cómo puede ser? ¿Yo qué culpa tengo en esta pelea de los políticos?”, gritaba una mujer mientras fluía un llanto que conmovía.
Lo hacía en el medio de una habitación revuelta, con las puertas de su closet destrozado como su corazón. Era apenas un testimonio del estallido social que se originó en las primeras horas de ayer y se prolongó hasta el mediodía, cuando el gobernador José Manuel De La Sota llegó a un acuerdo con la policía provincial, cuyos oficiales llevaban a cabo una huelga desde el amanecer del martes por un reclamo salarial. Los incidentes profundizaron la tensión del mandatario cordobés, uno de los principales opositores a la presidencia de Cristina Fernández, con el Gobierno Nacional. Al cierre de esta edición, el saldo era un joven muerto, 60 heridos y apenas 52 detenidos.
Aprovechando que diez mil policías se habían acuartelado en la sede del Comando de Acción Preventiva del Barrio Los Cerveceros, grupos organizados y bandas delictivas atacaron comercios en el medio de la zona liberada. Sucedió en la capital y también, en el interior de la provincia. Pero lejos de asaltar negocios de comida, los objetivos fueron casas de ropa, artículos electrónicos, ferreterías, pinturerías y hasta concesionarias de motos y autos de alta gama. Hubo incendios, gente corriendo por las calles y se observaron camiones que, con total impunidad, cargaban televisores plasmas, equipos de música y de aire acondicionado.
En el barrio Nueva Córdoba, donde viven cien mil estudiantes de acomodada posición económica, delincuentes a bordo de motos saquearon negocios y encontraron la oposición de vecinos armados. Una persona de 20 años, aún no identificada, ingresó al Hospital San Roque con una herida de arma blanca en el pecho y falleció a las pocas horas.
Los disturbios trajeron a la mente de los argentinos las peores imágenes del diciembre negro de 2001, cuando explotaron los saqueos en la Provincia de Buenos Aires que terminaron con el entonces presidente Fernando De La Rúa abandonando el palacio de Gobierno a bordo de un helicóptero. Para De La Sota, que volvió ayer de un viaje a Colombia, “esto no es un estallido social, es producto de una banda de delincuentes que actuaron con impunidad”. El discurso del gobernador, que dio la cara tras llegar a un acuerdo con los representantes legales de los policías, apuntó al Gobierno Nacional, que recién autorizó a Gendarmería a avanzar sobre Córdoba cuando la situación ya era incontrolable.
Los policías cordobeses venían reclamando un aumento considerable en sus salarios hace un mes y medio, teniendo en cuenta una inflación galopante que roza el 25%. Sus mujeres habían marchado con pancartas y se hacían escuchar en los medios. “Mi marido no se va a jugar la vida por 5 mil pesos”, decía una de ellas, cuando todavía no se había llegado a un arreglo. Al cambio en el mercado negro, porque el dólar oficial no se consigue, un oficial de la provincia de Córdoba ganaba 529 dólares que podían estirarse a 700 con 22 adicionales (horas extras) mensuales. Finalmente, acordaron un sueldo básico de 800 y una mejora del 52% en cada servicio adicional.
De La Sota quedó, de todos modos, en el centro de la polémica. Y aunque pidió a los medios las imágenes de los destrozos para detener a los delincuentes, la bronca de los ciudadanos cordobeses lo salpicó. En tanto, en la localidad de Glew, provincia de Buenos Aires, pareció reinar el efecto contagio: el dueño de un supermercado chino fue asesinado a golpes por una banda de forajidos que quiso saquear su comercio. Sucedió casi al mismo tiempo que en el Congreso asumían sus cargos los diputados y senadores elegidos en las elecciones de octubre. Postal de una Argentina en tiempos de plena ebullición.
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