En el segundo semestre de 2008, Angola se ha convertido en el primer exportador de crudo de África, con casi 1,9 millones de barriles diarios, por primera vez por encima de Nigeria, donde la violencia ha hecho que la producción caiga casi un 20 por ciento en pocos meses, según el último informe de la OPEP.
La riqueza petrolera, cuya explotación se disparó a partir de 2002, tras el fin de los 27 años de guerra civil, ha multiplicado el producto interno bruto (PIB) de Angola y el año pasado, según el Departamento de Estado de EE.UU., superó los 91 mil millones de dólares, con un crecimiento el pasado ejercicio del 21,1 por ciento.
Ese crecimiento, el mayor de África, cuya media anual desde 2004 casi alcanza el 18 por ciento, ha hecho que la renta per cápita de sus poco más de 16 millones de habitantes llegara a 5.600 dólares en 2007, pero el reparto es de los menos equitativos del mundo y cerca del 70 por ciento de ellos vive en la pobreza o la indigencia.
El petróleo suponía el año pasado un 51,7 por ciento del PIB de Angola y el 95 por ciento de sus exportaciones, pero sus beneficios, según comentaristas locales, se los llevan las multinacionales de EE.UU., Francia o el Reino Unido, que lo explotan, y las arcas del Gobierno, donde la corrupción, aseguran, “está generalizada”.
Las exportaciones de Angola son ya de un 38 por ciento a Estados Unidos y un 34 por ciento a China, sobre todo de crudo, mientras que sus importaciones provienen, en primero y segundo lugar, de Estados Unidos y Portugal, la antigua potencia colonial, con un 15 por ciento, respectivamente.
Aunque el petróleo es la gran estrella, los diamantes, otra de las riquezas naturales de Angola, que en 2006 exportó unos 1.100 millones de dólares en estas gemas, también se quedan en los bolsillos de unos pocos, mientras la mayoría vive una economía de supervivencia.
Las cifras macroeconómicas del país son más que positivas y se espera el mismo ritmo de crecimiento en los próximos años, pero las economías familiares, de las que más de las dos terceras partes no cubren las necesidades básicas, están en la miseria y golpeadas por una inflación que el año pasado fue del 12,2 por ciento.
En este contexto, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha situado a Angola en su informe 2007-2008 en el puesto 162 de 171 países analizados, una posición que refleja los gravísimos desequilibrios que el país padece.
Según el informe, el aumento de la población es uno de los más altos de África, con una tasa del 2,8 por ciento al año, y la esperanza de vida está entre las más bajas del continente, con 43 años para las mujeres y 40 años para los hombres, con una terrible mortalidad de menores de 5 años, que llega a los 230 por millar.
Esto refleja el gravísimo problema de desnutrición que enfrenta el país, donde el gasto militar fue en 2005 del 5,7 por ciento y en salud del 1,5 por ciento, según el PNUD.
El analfabetismo, según el mismo informe de este organismo de la ONU, alcanza al 17 por ciento de los hombres y 46 por ciento de las mujeres y, aunque hay pocos datos sobre educación, se calcula que a la escuela secundaria llegan apenas un 19 por ciento de varones y el 15 por ciento de mujeres.
Estas cifras han sido rebatidas por el Gobierno del presidente José Eduardo dos Santos, que ha acusado al PNUD de utilizar cifras atrasadas, de 2004 y años anteriores, y ha anunciado inversiones multimillonarias para combatir la pobreza y suministrar medios educativos y sanitarios al país.
El Gobierno también ha prometido promover la agricultura, que tiene grandes posibilidades, aunque hasta ahora solo ha sido de supervivencia, y ha iniciado proyectos de infraestructura viaria y la construcción de viviendas, aunque a un ritmo mucho menor que el que la población demanda, según los comentaristas locales.