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Cumbre Árabe no llega a acuerdo alguno sobre Siria

La Declaración de Bagdad pide una "transferencia pacífica del poder".

30 de marzo de 2012 - 11:47 a. m.
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Los dirigentes de la Liga Árabe reunidos en Bagdad expresaron su solidaridad con el pueblo sirio, pero no llegaron a pedir la salida del presidente Bachar el Asad. Solo el presidente de Túnez fue tan lejos. Tampoco hubo unanimidad para aprobar el envío de armas a los sublevados, un asunto que puso de relieve las profundas diferencias interárabes. En consecuencia, la Declaración de Bagdad se limita a respaldar el plan de paz de la ONU. A pesar de la explosión de tres cohetes durante la inauguración, la mera celebración de la cumbre constituye un éxito para Irak, que no albergaba una cita similar desde hacía dos décadas.

La declaración aprobada por los ministros de Exteriores afirma que los jefes de Estado y de Gobierno árabes apoyan «el legítimo deseo de libertad y democracia del pueblo sirio, que desea elegir su futuro, y respaldan una transferencia pacífica del poder». También «denuncian la violencia, los asesinatos y el derramamiento de sangre; se pronuncian a favor de una solución política a través de negociaciones nacionales, y rechazan la injerencia extranjera».

Tal como era de esperar, apoyan «la misión de Kofi Annan para entablar negociaciones políticas entre el Gobierno y la oposición sirios sobre la base de la iniciativa» que lanzaron el Consejo de Seguridad y la Liga Árabe. Ese plan de paz prevé el cese de las hostilidades por todas las partes, la entrega de ayuda humanitaria y la liberación de los detenidos de forma arbitraria. El Asad, que no estaba invitado a Bagdad, dijo el martes que había aceptado la propuesta de Annan. «El mundo está esperando que los compromisos se pongan en práctica», le dijo el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, que asistió a la inauguración de la cumbre.

Pero la Declaración de Bagdad no logró esconder las divisiones. Arabia Saudí y Catar, las dos potencias suníes que llevan la voz cantante para tratar de aislar al régimen sirio, hubieran querido impulsar una acción más determinada que, con el pretexto de poner fin a la represión, desaloje a El Asad del poder. Su esperanza es que si la mayoría suní de Siria accede al Gobierno, ese país romperá finalmente su alianza con Irán, lo que reduciría considerablemente la esfera de influencia de la República Islámica en la región. Otros países como Argelia o el propio Irak, el único de los árabes con un Gobierno chií, se muestran mucho más prudentes ante el temor a que la salida de El Asad reactive la violencia sectaria.

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