Comportamientos históricos en materia de economía internacional podrían empezar a darse: los más ricos recibiendo ayuda de los catalogados como ‘en vía de desarrollo’, pero que ahora pasaron a ser ‘emergentes’, y que por lo tanto buscan una posición de mayor presencia en la esfera del poder mundial, teniendo en cuenta que sus resultados en materia económica los favorecen. En la cumbre del G20 estarán reunidos para tomar decisiones claves, con miras a prevenir una posible caída.
Fue necesaria una crisis financiera mundial, seguida por una crisis de la deuda pública en Europa, para que la eurozona, segunda economía del planeta si se le toma como una unidad, solicitara formalmente la ayuda de países menos ricos que ella. Los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) señalaron estas últimas semanas su interés por participar en la recuperación de las finanzas de los países europeos con dificultades.
Según la agencia AFP, una fuente cercana a las negociaciones dice que los BRICS alimentarían un organismo especial creado por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) en el seno del FMI, el cual podría comprar o incitar a comprar la deuda, y así aliviar las tensiones en los mercados. Los jefes de estado y de gobierno del G20 tienen una oportunidad para discutir sobre las contrapartidas que obtendrán los prestamistas. Brasil, por ejemplo, ofrece aumentar su contribución permanente al FMI, lo que le permitiría aumentar sus derechos de voto en el organismo. China, que de todos los países que integran los BRICS es el que tiene más recursos, permanece discreto sobre sus intenciones.
«Desde un punto de vista formal, no obtienen nada. Desde un punto de vista informal, supongo que debe haber negociaciones sobre una compensación en términos de puestos de alta jerarquía y otras cosas», opinó Daniel Bradlow, profesor sudafricano de derecho en la American University de Washington, interrogado por la AFP.
Entretanto, a un día del inicio de la cumbre, unos 50 empresarios de los países desarrollados y emergentes pidieron el miércoles a los jefes de Estado y de Gobierno del G20 que «recuperen el espíritu de cooperación» que prevaleció tras el inicio de la crisis de 2008.
Laurence Parisot, presidenta de la influyente patronal francesa MEDEF y quien está al frente de la delegación de empresarios de las más destacadas firmas de países del G20 procedentes de Argentina, Brasil, China, Estados Unidos, México, India, Suiza, Japón y España, precisó que los gobiernos pueden «mostrar su cooperación, reforzando el papel del FMI y en avances significativos en la regulación del comercio mundial». «Como empresarios nos comprometimos en asuntos claves como la lucha contra la corrupción o la responsabilidad social de las empresas», dijo Parisot antes de anticipar que con motivo del encuentro firmarán una declaración «conjunta, empresarios y sindicatos, para decir que en todos los países debe haber un zócalo mínimo de protección social».
Por otra parte, la cumbre del G20 podría ser el primer paso para sentar los cimientos de un impuesto a las transacciones financieras, pero ante la hostilidad de Estados Unidos y Gran Bretaña, su aplicación podría limitarse a un núcleo duro formado alrededor de la eurozona. La idea de este rubro provino del Premio Nobel de Economía estadounidense James Tobin (1981), que creó este arancel con su nombre, como un medio para frenar las «idas y vueltas» especulativas a muy corto plazo en los mercados de divisas.
Según la ONG Oxfam, esa tasa y la impuesta a las emisiones de CO2 al transporte marítimo internaciona,l generarían «decenas de miles de millones de dólares». Por su parte, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, considera que se trata de una «obligación moral», estimando que el «sistema financiero no ha obedecido a ninguna regla» durante la crisis. Asimismo, desde Bruselas estiman que el impuesto podría generar 55.000 millones de euros de ingresos anuales: «es hora de que, en justa correspondencia, el sector financiero aporte su contribución a la sociedad», argumentó el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso.
Los que eran llamados pobres aportándole a los ricos, los empresarios estableciendo con afán compromisos sociales y de empleo y los países exigiéndoles al sistema financiero su aporte en la idea de evitar una crisis, son situaciones clave en la historia económica mundial, que suponen un panorama cambiante en los próximos años. Dos días tendrán los más poderosos para definir hacia dónde debe girar un mundo que cada día da más vueltas.