Bagdad.- Amal Kibash, candidata al concejo provincial de Bagdad, se está postulando con una campaña audaz e incluso febril bajo casi cualquier norma. Con las elecciones a efectuarse este sábado, ella está trabajando por cada voto que pueda conseguir.
"¿Va a votar por mí, verdad?", le preguntaba a los transeúntes en un recorrido reciente por su barrio en Ciudad Sadr, que hasta mayo pasado era uno de los campos de batalla de milicias chiitas. Gigantes carteles de su rostro enmarcado en un velo estaban pegados en varios edificios, algunos de los cuales aún mostraban las huellas de combates recientes.
En Basora, donde hasta hace un año atrás había letreros advirtiendo a las mujeres que serían baleadas si eran halladas usando maquillaje excesivo o se aventuraban fuera de sus casas sin el velo, otra candidata, Ibtihal Abdul-Rahman, pego afiches de sí misma el mes pasado. Motivada por los avances en seguridad a lo largo del país, miles de mujeres se están postulando en busca de escaños en concejos en elecciones municipales.
De los 14.400 candidatos, según estimados, más o menos 4.000 son del sexo femenino. La propaganda de algunas candidatas ha sido salpicada de lodo, pintarrajeada o arrancada, pero en su mayoría han evitado la violencia que ha cobrado las vidas de dos candidatos varones y un líder de la coalición desde el comienzo del año. Pero, este miércoles, una mujer que trabajaba en el Partido Islámico de Irak perdió la vida luego que un grupo de sicarios irrumpió en su casa de Bagdad y le disparó 10 veces en el pecho, con base en información de un oficial del Ministerio del Interior.
Para muchas de las candidatas, las elecciones ofrecen una oportunidad de inyectarle el muy necesario aire fresco a los concejos municipales, los cuales están plagados de profunda corrupción y son dominados por hombres y grandes partidos políticos que, con frecuencia, son ultra conservadores.
Pero, incluso si ellas ganaran, enfrentan numerosos obstáculos, particularmente en las arraigadas actitudes de la mayoría de los varones iraquíes, quienes ven a las mujeres como objetos sexuales o productoras de bebés que no tienen lugar en la ruda arena de la política. "Esta es la mentalidad", dijo Safia Taleb al-Suhail, una de las integrantes del Parlamento y la hija de un prominente líder tribal de los chiitas, quien fue asesinado por secuaces de Saddam Hussein en Líbano, en 1994. "Nosotros tenemos que cambiar eso. ¿Cómo podemos cambiarlo? Luchando".
Ella encabeza a un grupo de integrantes Parlamentarias que están cabildeando para asegurarse que la misma cláusula constitucional, la cual obliga a que 25 por ciento de todos los escaños parlamentarios vayan a mujeres, sea aplicada a los concejos de provincias. Actualmente, eso no ocurre.
Si bien en los años 50 (del siglo XX) Irak fue el primer país árabe que nombró a una ministra y adoptó una progresista ley
familiar, las aspiraciones de liderazgo para las mujeres fueron prácticamente aplastadas bajo el gobierno machista de Saddam. La situación se complicó más para las mujeres después de 2003, con el ascenso de partidos religiosos.
Suhail y otros fueron esenciales para convencer al administrador estadounidense de Irak en ese momento, L. Paul Bremen, de que incluyera la cuota para mujeres en la primera constitución de transición del país. Fue preservada en la constitución actual porque muchos sintieron que era la única forma de asegurar la participación de la mujer en una cultura dominada por el hombre.
Cuando fue publicada en octubre, la ley que regula las elecciones en las provincias omitió la cuota de mujeres; aún no es claro si la omisión fue deliberada o meramente un descuido. La comisión electoral ya dictaminó que la ley, como está redactada, es aceptable, diciendo que a las mujeres se les garantiza una representación adecuada mediante el requisito que una mujer sea elegida después de cada tres varones en cualquier lista de candidatos ganadores.
No obstante, Suhail dijo que muchas de las listas de candidatos ni siquiera tienen suficientes mujeres para cubrir ese requisito, al tiempo que otras listas estaban compuestas por menos de cuatro candidatos, todos los cuales son del sexo masculino.
Mahdiya Abed-Hassan al-Lami, defensora de los derechos de la mujer y candidata en Bagdad que se está postulando en la lista de un ex primer ministro, Ibrahim Jaafari, dijo que aunque ella apoyaba el sistema de cuotas, ha sido manipulado por los principales partidos políticos, tanto seglares como religiosos, para marginar a las mujeres. La mayoría de las mujeres elegidas para las grandes listas de candidatos están ahí por su familia y conexiones tribales, así como por su lealtad a la secta o partido, destacó, en vez de por sus aptitudes.
"Si las mujeres sencillamente son seguidoras, no pueden llenar sus papeles en la medida suficiente", dijo Lami, quien es profesora y chiita practicante. Su campaña se ha centrado en la comunicación con su red de mujeres, particularmente en algunas de las barriadas más pobres de Bagdad.
Kibash, otra candidata que está postulándose en la lista de Jaafari, actualmente es integrante del concejo municipal de Ciudad Sadr, pero a ella y otras mujeres en el concejo, los hombres les impiden ocupar lugares en el Comité de Servicios, de
importancia crucial en la esfera de finanzas. Ella dijo que el concejo estaba sumido en la corrupción.
A pesar del progreso reciente en la seguridad, algunas mujeres siguen enfrentando amenazas, al tiempo que otras dicen que todo es una burla y que vale la pena el esfuerzo. Liza Hido ocupaba un puesto en el concejo municipal pero fue obligada a renunciar en 2006 después de recibir mensajes amenazadores por el correo electrónico y mensajes de texto en su teléfono celular.
Ella se está postulando nuevamente este año, pero, aún preocupada por su seguridad, está llevando una campaña discreta, sin pegar afiches ni hacer apariciones en público. Más bien, ella se ciñe a reuniones privadas.
Su amiga Bushra al-Obeidi, catedrática de leyes en la Universidad de Bagdad, ha rechazado todo esfuerzo por convencerla de volverse una de las candidatas. Ella siente que las probabilidades están totalmente en contra de las mujeres, empezando con las leyes que ella considera discriminatorias y derogatorias hacia la mujer; hay una que permite a un violador escapar al castigo mayormente si contrae matrimonio con su víctima. Obeidi también muestra poca fe en el compromiso con la igualdad de sexos en la dirigencia política de estos momentos, en la cual prevalecen los partidos religiosos. "Yo les aseguro que ellos están en contra de la mujer, que nos están mintiendo", dijo.
Suhail, la legisladora, reconoció que las mujeres iraquíes no habían logrado irrumpir hasta ahora en los máximos niveles de la estructura del poder político, pero dijo que esa no era razón para dejar de intentarlo.