Los grupos de autodefensa que operan en el estado mexicano de Michoacán determinaron que no se van a desarmar, a pesar del ultimátum que les dio el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. “Vamos a esperar resultados del Gobierno para analizar si dejamos las armas o no”, dijo a Efe Estanislao Beltrán, uno de los principales líderes del grupo de autodefensa del municipio de Tepalcatepec y portavoz del Consejo Ciudadano de Autodefensas de Michoacán.
Desde hace un año, cuando se crearon los primeros grupos de autodefensa en el estado, bastión del cartel del narcotráfico conocido como los Caballeros Templarios, se ha multiplicado el número de civiles armados. A tal punto que ni siquiera los líderes de estas “policías comunitarias”, como se hacen llamar, tienen conocimiento de su dimensión. En una entrevista con Caracol Radio, Hipólito Mora, líder de las autodefensas de La Ruana, aseguró que no sabía cuántos eran. “Ya ahorita somos muchísimos, por cierto no los conozco a todos, y esto ya creció. Al principio nada más el único líder era yo; ahora hay otros dos más por ahí”.
La escalada de violencia y la ingobernabilidad en Michoacán llevó al gobierno de Peña Nieto a enviar cerca de 2.000 uniformados a la zona y nombrar a un hombre de su confianza para iniciar el desarme y pacificar este estado. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, fue el encargado de anunciar el nombramiento de Alfredo Castillo (hasta el miércoles procurador del consumidor) como el pacificador de la zona y lanzar un mensaje de solidez institucional frente a la situación de desgobierno que se vive en el lugar: “Vamos por los criminales”. Luego aclaró que “las autodefensas no son el objetivo de la operación, sino los criminales”.