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Deshojando el jazmín

Ben Alí y su familia amasaron una fortuna incalculable con propiedades hasta en Argentina y Brasil, donde podrían terminar refugiados.

22 de enero de 2011 - 04:00 p. m.
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El pasado 17 de diciembre, Mohamed Bouazizi, un joven huérfano y desempleado de la ciudad de Sidi Bouzid, en el centro de Túnez, se inmoló luego de que la policía lo insultara y le pegara por haber pedido la restitución de las naranjas que vendía en la calle. Desesperado, mojó su ropa en combustible y se prendió fuego frente a la sede del gobernador de la región.

Bouazizi murió días después sin saber que su sacrificio sería la chispa que encendió una revuelta popular que terminó con 23 años de reinado de un dictador y de su familia sobre los dominios del país: Zine el-Abidine Ben Alí, un militar que se formó en la academia militar francesa de Saint-Cyr y en la Senior Intelligence School de Fort Holabird en Estados Unidos. Luego ocupó varias embajadas, para después regresar al país y formar parte del gabinete del presidente Habib Bourguiba, a quien derrocó mediante acciones poco claras.

Aprovechándose de la avanzada edad de Bourguiba —84 años—, en mayo de 1987 Ben Alí lo envió a vivir en un palacio en la ciudad de Monastir y asumió el poder. El viejo general, héroe del nacionalismo árabe y padre de la independencia del país, murió cuatro años después. Esa toma del poder incluso fue bien recibida por la comunidad internacional y gran parte de la población tunecina, muy apegada a los valores laicos, pues representaba una barrera al islamismo que crecía a pasos agigantados.

Ben Alí se rodeó de miembros de su familia y de la de su segunda y actual esposa, Leïla Trabelsi. A través de su partido, el RCD (Asamblea Constitucional Democrática), único grupo político en el país hasta 1999, cerró con llave todos los escaños del poder: sus hermanos, hijos y yernos asumieron los puestos claves en la economía y política de la nación. Norma que continúa hoy en día vigente, pues para ocupar un cargo público hay que ser miembro del partido presidencial.

Zine el-Abidine Ben Alí se aseguró bien para quedarse en el poder durante años. Ganó las elecciones presidenciales de 1989. Y las de 1994. En 2002 modificó la Constitución para poder quedarse en el poder. Fue reelecto por última vez el 25 de octubre de 2009, en medio de denuncias de fraude y corrupción.

De hecho, diplomáticos estadounidenses, según revelaron algunos de los cables revelados por Wikileaks, se referían a la corrupción rampante en el entorno presidencial de Túnez. Decían que La Familia, como llamaban al gobierno tunecino, funcionaba de la misma forma que un clan mafioso siciliano, repartiéndose en monopolios las riquezas del “milagro económico” africano.

En un organigrama publicado por el diario francés Le Monde, Najet Ben Alí, hermana mayor del caudillo, y sus hijos controlan las principales sociedades de importaciones y exportaciones del país; el hermano de la esposa del presidente, Belhassen Trabelsi, considerado El Padrino de La Familia es dueño de grandes complejos turísticos y controla la mayoría de los medios de comunicación.

Los hermanos Imel y Moez Trabelsi, sobrinos de la primera dama, son actualmente perseguidos por robo de yates de lujo y extorsiones, mientras que el hermano del presidente, Slaheddine Ben Alí, encabezaría una red de tráfico de alcohol.

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El clan de los Ben Alí Trabelsi es dueño de varios bancos, empresas de transporte, propiedades inmobiliarias, compañías aéreas –Cartago Airlines, Nouvel Air–, una empresa de producción audiovisual –Cactus–, hoteles 5 estrellas en Túnez y bienes inmobiliarios en Canadá, Estados Unidos y Francia, entre otros países. También tienen cuentas bancarias profusamente alimentadas en Suiza, Francia, Dubai y Malta.

Robert F. Godec, embajador de EE.UU. en Túnez, aseguró en un cable que “más allá de las historias sobre los acuerdos oscuros de la primera dama, los informes tunecinos han venido encontrando altos niveles de corrupción (…). El impacto económico es claro, teniendo en cuenta que los inversores le temen al gran brazo de la familia, han dejado de hacer nuevas inversiones, manteniendo los índices de inversión muy bajos. Estos rumores persistentes de corrupción, junto con una inflación en alza y un desempleo continuo han ayudado a alimentar la frustración hacia el Gobierno y ha contribuido a una ola de protestas recientes en el suroeste de Túnez”.

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Los diplomáticos estadounidenses registraban bien el clima de molestia que crecía entre los tunecinos. “De una rebelión callejera, el movimiento se transformó en una verdadera revolución de todo el pueblo”, explicó Hanane Herrath, periodista marroquí. Ben Alí intentó salvar su imagen despidiendo al gobernador de la provincia de Sidi Bouzid, donde comenzaron las protestas a algunos miembros del partido y declarando que los amotinados eran manipulados por los islamistas.

El ex dictador y su mujer, actualmente en fuga con una tonelada y media de lingotes de oro del Banco Nacional de Túnez y una fortuna personal colosal, podrían encontrar refugio en Argentina o en Brasil, países en los cuales poseen extensos terrenos. Se dice que son dueños de grandes extensiones de tierra en La Pampa y la Amazonia.

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El tránsito democrático de esta revolución llamada “de Jazmín”, en referencia a la flor emblema del país, parece frágil y incierta. Aunque la violencia terminó y el partido del dictador fue disuelto, nadie sabe qué está pasando en el interior del Ejército, que permanece a la espera. El gobierno actual no inspira confianza y nadie conoce a las figuras políticas que comienzan a emerger. Miembros de la oposición, excluidos del nuevo gobierno, consideran un insulto que miembros del RCD sigan siendo parte del gobierno y exigen su retiro inmediato.

Para algunos, esta revolución civil podría ser una simple fachada para tapar los intereses políticos de otros miembros del RCD. Después de 23 años de partido único y de corrupción generalizada de toda la clase política, el riesgo de que sólo cambien los hombres y que permanezca el modo de gobierno es enorme. Los tunecinos todavía lo recuerdan: en la primavera de 1987, cuando Zine el-Abidine Ben Alí tomó el poder, se vivió con gran alborozo la “Revolución del Jazmín”, como se bautizó el golpe de Estado. ¿La segunda tendrá algún efecto?, se preguntan.

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El saqueo de la riqueza de Túnez llegó a su máximo nivel en 2002, cuando Ben Alí impuso un esquema de privatizaciones que terminó en una de las estafas más densas de la historia en beneficio exclusivo de su familia y la de los Trabelsi. Mientras tanto, el pueblo tunecino, el primero en haber derrocado un Estado totalitario árabe, espera su destino.

La crisis tunecina

2010

Diciembre

Dos días después de que un joven vendedor se autoinmulara, en la ciudad de Sidi Buzid nació el Movimiento Social contra el Desempleo y la Vida Cara. Tras el anuncio y el inicio de las primeras protestas, varias decenas de manifestantes fueron arrestados.

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2011

Enero

Después de una semana en la que las protestas en el sur del país se intensificaran y los heridos empezaran a multiplicarse, la ola de manifestaciones llegó a los suburbios de la capital. El 11 de enero se dieron los primeros cierres de escuelas y universidades. Un día después el ejército decretó el toque de queda nocturno en Tunis.

2011

Enero

El día 13 el presidente Zine el Abidine Ben Alí anunció la decisión de abandonar el poder en 2014 y ordenó que finalicen los disparos por parte de las autoridades. La notificación llegó luego de que la Federación Internacional de los Derechos Humanos calcularan un saldo de 66 muertos desde el inicio de la crisis.

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2011

Enero

La ola de protestas llegó a su cúspide el 14, cuando después de que miles de revoltosos se congregaran frente del Ministerio del Interior exigiendo la renuncia del presidente y tras decretar el estado de emergencia, Ben Alí abandonó el poder tras 23 años en el poder. Luego de que Francia le negara el asilo, se refugió en Arabia Saudita.

2011

Enero

La semana pasada, lejos de poner fin a la crisis, dejó Túnez en una clase de limbo político. Tras el primer impulso que representó la llegada del gobierno de transición, llamado de ‘Unidad Nacional’ y conformado por todos los sectores políticos, una nueva ola de protestas impulsó una nueva crisis ministerial que terminó con la renuncia de cinco altos funcionarios.

 

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