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Detrás del referendo

Mañana, los escoceses decidirán si siguen siendo parte del Reino Unido.

16 de septiembre de 2014 - 10:42 p. m.
El primer ministro británico, David Cameron, dice que si los escoceses eligen la independencia darían lugar a una ruptura dolorosa. / AFP
Foto: EFE - ANDY RAIN
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Mientras los británicos preparan un posible futuro sin Escocia, Cataluña clama por un Estado propio y un referendo similar al del país celta, reivindicando el derecho a celebrarlo el próximo 9 de noviembre. Dice el presidente del gobierno autónomo catalán, Artur Mas, que la intención no es “declarar la independencia, sino pedir la opinión de la gente”. Escocia, para entonces, podría ya no ser parte del Reino Unido y la Unión Europea (UE). Cuatro millones de escoceses mayores de 16 años decidirán mañana en un referendo histórico si Escocia se independiza. ¿Cuán similares son los procesos?

Cataluña no es Escocia, dirían muchos expertos. Los catalanes, en cambio, ven en la experiencia escocesa un reflejo algo distorsionado de su situación. La realidad es que Escocia celebra este jueves 18 de septiembre un referendo aceptado por todas las partes (Edimburgo y Londres), en el que escogerán si siguen siendo parte de una unión centenaria. De votar, no sería la primera experiencia secesionista dentro de la UE. El presidente catalán aprovecha la incertidumbre para pedir su propia consulta, mientras el gobierno español insiste en que se respeten los canales legales.

Porque ésta es la primera diferencia significativa entre dos procesos independentistas: el marco legal. La consulta en Escocia surge del acuerdo entre el mandatario escocés, Alex Salmond, y el primer ministro británico, David Cameron, quienes llegaron a un pacto claro: hacerles a los escoceses la sencilla y directa pregunta “¿Quiere Escocia dejar de formar parte del Reino Unido?”. El resultado sería vinculante. La pregunta que propone Artur Mas para el “referendo consultivo” evita plantear directamente si la región ibérica desea un quiebre con España y la UE. Los ciudadanos catalanes tendrán que responder dos preguntas: “¿Quiere que Cataluña sea un Estado?” y “¿Quiere que sea un Estado independiente?”. Pero, mientras el Reino Unido no cuenta con una Constitución que detalle el proceso a seguir ante una voluntad independentista, la Constitución española sí.

Francisco Javier Díaz Revorio, catedrático de derecho constitucional de la Universidad de Castilla-La Mancha, detalla tres tipos de referendos: consultivos, de reforma de estatutos y los que aspiran a reformar la Constitución. “El consultivo, el que pretende Artur Mas, lo tiene que autorizar el Gobierno, por lo que existe ya un vicio de origen”, expone Díaz. “Y en todo caso, si lograra la autorización del presidente español, debería pedir una reforma constitucional, no directamente la independencia”. A diferencia del escocés, un referendo español tendría carácter consultivo, no vinculante, sin obligación alguna por parte del Gobierno a acatar lo votado.

Pero ¿por qué quieren ser independientes los catalanes? El investigador barcelonés Javier Barraycoa describe en su libro Historias ocultadas del nacionalismo catalán la respuesta de algunos catalanes sobre su fervor nacionalista: “No te engañes, el nacionalismo catalán nada tiene que ver con la Historia, es simplemente una decisión de querer ser lo que queremos ser”. Aquí yace una gran diferencia entre el proceso escocés y el catalán: los catalanes nunca han sido independientes, por lo tanto, no buscan recuperar un estatus arrebatado. En Escocia, William Wallace, inmortalizado por Mel Gibson en Brave Heart, logró para su patria la libertad, hasta que se firmó en 1707 el Acta de Unión con Inglaterra. Mientras, como su nombre indica, el Reino Unido une cuatro reinos, España es una única nación, un solo Estado, compuesto por regiones autonómicas con cierto nivel de autogobernación en un sistema que se aproxima al federalismo.

¿Y qué de la realidad económica de la que vienen y a la cual se enfrentan estos proyectos secesionistas? Alex Salmond imagina una Escocia independiente, fortalecida por importantes recursos energéticos, en particular, energías renovables. Londres opina que Edimburgo implica gastos. En Barcelona, capital española turística por excelencia y corazón industrial del país, en cambio, es usual escuchar de la boca de ciudadanos enfurecidos cómo España empobrece a Cataluña y mengua su potencial. Mas llegó al poder con lemas como “España nos roba la cartera” y “Paremos el expolio”. Expone que los catalanes pagan al Estado central inmensas cantidades que luego no vuelven a la región, canalizadas para financiar regiones menos pudientes. Es igual en la Comunidad Autónoma de Madrid, el corazón político y económico del país.

El nivel de vida catalán ha bajado, afectado por la crisis. Se percibe, a grandes rasgos, como una mala gestión desde Madrid, evitable si los mismos catalanes fuesen dueños de su destino. Esta misma situación la afrontan el resto de españoles, infelices con la crisis y recortes impopulares impulsados desde Bruselas y Berlín e implementados por el gobierno de Rajoy. Como Europa, Cataluña sufrió trastornos económicos en los últimos años, pero, opina el economista Mikel Buesa, una Cataluña independiente corre el riesgo de empobrecerse en un 20%, y su renta podría desplomarse, como Chipre en 2013.

Para muchos escoceses y catalanes, la membresía del proyecto supranacional, la UE, es un punto contencioso: una vez independientes, ¿podrían seguir formando parte del proyecto integracionista europeo? Ser miembro de la UE es un privilegio, no un derecho, obtenido cuando se cumplen ciertos parámetros y requisitos económicos, políticos y sociales. Una vez independientes, tanto escoceses como catalanes quedarían excluidos, el único punto en común entre ambos casos.

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El artículo 4.2 del Tratado de la UE indica que la organización territorial de sus socios es competencia exclusiva de éstos y, como tal, no se podría reconocer la secesión unilateral en ningún Estado miembro. Además, la entrada de un nuevo Estado tiene que recibir la aprobación unánime en el Consejo, dándole la oportunidad a España de vetar la entrada a una Cataluña independiente. En Escocia, este punto podría desembocar en el voto a favor de seguir en el Reino Unido. En Cataluña se alega que una vez se obtiene un derecho, no se puede perder. ¿Y si se pierde el vínculo soberano a este privilegio? Entonces, ¿qué tan prudente es enfrentar al mundo solo pero orgullosamente nacionalista e independiente?

n.eliades@yahoo.co.uk

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