Hoy se realizan las primeras elecciones legislativas en Egipto tras el derrocamiento del exdictador Hosni Mubarak, en medio de miles de manifestantes que exigen la renuncia de la Junta Militar que sucedió al anterior régimen y de los militares que se ven cada vez más aislados en el poder.
El mariscal Mohamed Tantaui, cabeza del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) y presidente de hecho del país, aseguró que supervisará las elecciones, garantizará la seguridad de 16 millones de egipcios que acudirán a las urnas y no traspasará el poder hasta que un nuevo mandatario sea elegido democráticamente en junio de 2012. Sin embargo, el Ministerio del Interior, cuya cabeza renunció la semana pasada, se declaró incapaz de garantizar el orden público durante los comicios.
Hasta febrero o marzo se conocerá la composición del nuevo Parlamento. Los favoritos para obtener la mayoría son los Hermanos Musulmanes, un partido islamista que se opuso a las protestas en enero contra Mubarak y que ahora se mantiene al margen de las manifestaciones contra la Junta Militar.
El partido ha anunciado que aspira a establecer una democracia islámica de corte moderado, frente a propuestas más liberales como las del premio Nobel de Paz y exsecretario general de la Agencia Internacional para la Energía Atómica, Mohamed el Baradei, y del exlíder de la Liga Árabe y excanciller de Mubarak, Amr Mussa.
El Baradei y Musa se reunieron con Tantaui, por separado, en vísperas de los comicios. El encuentro, que se hizo para analizar la crisis del país, puede leerse como un intento de la Junta Militar de hacer alianzas para perpetuarse en el poder o mostrar su voluntad de satisfacer a los manifestantes, que quieren que El Baradei sea la cabeza de un gobierno de salvación nacional. No obstante, ambos candidatos pidieron la renuncia de Tantaui y negaron su apoyo a los militares. Éstos recibieron además el llamado de Francia y Estados Unidos (que aporta US$1.300 millones anuales al Ejército egipcio) para que entreguen el poder.
Una vez terminen las legislativas, en marzo, un grupo designado por el Parlamento redactará la nueva Constitución, antes de celebrar las presidenciales en junio. Pero la tensión entre manifestantes y militares parece no dar espera a un proceso electoral tan dilatado. Si no se sabe el grado de violencia al que se pueda llegar hoy, mucho menos en seis meses.