La revolución en Egipto no ha acabado. Los enfrentamientos entre autoridades y manifestantes durante el levantamiento popular que se inició en enero y terminó por derrocar al exmandatario Hosni Mubarak, en febrero, han retornado a la Plaza Tahrir, en El Cairo. Ahora los egipcios exigen el fin de la Junta Militar, que tras la renuncia del primer ministro y con las demás fuerzas políticas de espaldas, se ve cada vez más aislada en el poder.
El primer ministro egipcio, Essam Sharaf, presentó su renuncia y la de su gabinete al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), en vista de la crítica situación que atraviesa el país. Sea o no aceptada su renuncia por las fuerzas armadas, es un indicador más de la crisis que enfrentan los militares. Sharaf era reconocido como uno de los promotores de la democracia en Egipto, pero su gestión se vio opacada por los obstáculos que le impuso la Junta Militar a la hora de realizar reformas y salvar al país de la crisis económica.
La falta de cambios significativos despertó la ira del pueblo egipcio. Los activistas que ocupan la Plaza Tahrir aseguran que su principal exigencia es la renuncia del mariscal Hussein Tantauí, quien fue ministro de Defensa de Mubarak durante más de 20 años y hoy es jefe de hecho del país y cabeza del CSFA. A Tantauí lo acusan de querer aferrarse al poder y perpetuar el sistema represivo instaurado por el anterior mandatario.
Névine Mosad, politóloga de la Universidad de El Cairo, afirma que “el ejército da la sensación de actuar como si el derrocamiento de Hosni Mubarak no fuese más que un golpe de Estado y no una revolución” y que las manifestaciones actuales constituyen una crisis más aguda que la que estalló cuando se exigía la salida de Mubarak, “porque tiene como blanco a los militares y a su jefe”, que eran el verdadero pilar del antiguo régimen y desde hace más de 60 años tienen un lugar privilegiado en la política del país.
Las fuerzas políticas que en un principio apoyaban la Junta Militar tras la caída de Mubarak, jalonadas por los Hermanos Musulmanes, ahora denuncian que el Ejército pretende imponer principios supraconstitucionales que le otorgarán privilegios y autoridad en la futura Constitución, que será redactada cuando se forme una Asamblea Constituyente después de las elecciones legislativas, que se realizarán el 28 de noviembre y podrían concluir en enero.
La violencia revive como preludio a esas elecciones. La Unión Europea, así como el gobierno de EE.UU. y la Liga Árabe, manifiestan su preocupación porque los próximos comicios no se desarrollen en un contexto pacífico y presionan al ejército egipcio para que celebre las elecciones presidenciales antes que las legislativas.
La Junta Militar se niega a adelantar las presidenciales y reitera que entregará el poder una vez el nuevo presidente sea elegido democráticamente. El problema es que no ha fijado una fecha para que los egipcios elijan un nuevo mandatario. Desde su aislamiento, la Junta hace esfuerzos por desmarcarse del continuismo. Ayer publicó un decreto que prohíbe votar o presentarse como candidato a la Asamblea del Pueblo (Congreso), a la Shura (Senado) y a los consejos municipales, a exmiembros del partido de Mubarak.
Esta medida, sin embargo, no satisface el inconformismo de los manifestantes, que después de derrocar a quien durante 30 años estuvo en el poder, son conscientes del alcance de sus protestas. En Egipto sigue la revolución.
Saleh firma el acuerdo del Golfo
El Partido Popular yemení y la oposición acordaron firmar hoy la iniciativa del Consejo de Cooperación del Golfo, que incluye la salida del presidente de Yemen, Alí Abdalá Saleh. Según Muamad Basandaua, presidente del Consejo Nacional de las Fuerzas de la Revolución, Saleh aceptó firmar el plan propuesto por las monarquías del Golfo para poner fin a 10 meses de crisis socioeconómica en Yemen. Saleh, quien lleva 33 años en el poder y es acusado de corrupción y nepotismo, gozaría de inmunidad a cambio de firmar el acuerdo del Golfo. La noticia no resulta esperanzadora para los yemeníes, quienes han visto cómo el mandatario ha anunciado su renuncia repetidas veces, para luego cambiar de opinión.