Entre un islamista y un conservador, los egipcios elegirán al sucesor del derrocado presidente, Hosni Mubarak. El candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi, y el ex primer ministro de Mubarak, Ahmad Shafiq, se pelearán la Presidencia los días 16 y 17 de junio, durante la segunda vuelta de las elecciones.
Mursi cuenta con la maquinaria de los Hermanos Musulmanes, que ya han ganado elecciones en otros países donde estalló la Primavera Árabe. Su colectividad, el Partido Libertad y Justicia, fue declarada ilegal durante la época de Mubarak, pero prosperó en los barrios más populares. El candidato se refiere frecuentemente a la sharia (ley islámica) y a su proyecto de nahda —un renacimiento islámico que abarque todos los ámbitos— para Egipto. Además, ya cuenta con el voto de las facciones radicales del islam y ahora busca ganarse el de liberales y revolucionarios, argumentando que elegir a su oponente sería la senda del continuismo.
Shafiq, ex primer ministro de Mubarak y exjefe del estado mayor de la Fuerza Aérea, es acusado de ser el candidato de los militares que dirigen al país desde que el dictador fuera depuesto. Aunque hizo campaña abogando por un regreso a la estabilidad luego de 15 meses de transición tumultuosa, niega que represente el continuismo: “Un Estado moderno, una nueva república, un nuevo Egipto que no excluya a nadie y pertenezca a todos”, es su propuesta. La candidatura de Shaqif, aún después de dar la sorpresa en la primera vuelta, está en duda. Falta que el 11 de junio la justicia egipcia se pronuncie sobre una ley que prohibiría que figuras de la era Mubarak aspiren a cargos de elección popular.
El duelo entre un islamista y un símbolo del antiguo régimen provoca desaliento entre los centenares de militantes prodemocráticos que desde el 25 de enero de 2011 acudieron a la emblemática plaza Tahrir para exigir un cambio que trajera la libertad a su país.