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El contragolpe de Manuel Zelaya

Aún no se sabe cuál será la estrategia del político, refugiado en la Embajada de Brasil.

21 de septiembre de 2009 - 04:29 p. m.
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Al mediodía del lunes la incertidumbre se apoderó de Honduras. Los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y de Guatemala, Álvaro Colom, aseguraban que Manuel Zelaya, presidente derrocado el pasado 28 de junio, estaba en Tegucigalpa, exactamente en el edificio de Naciones Unidas.

Pero Ana Elsy Mendoza, vocera de esa organización, pronto lo desmintió: “Zelaya no se encuentra aquí en la Casa de las Naciones Unidas, no sé de dónde salió esta versión”, explicó.

Minutos después el presidente de facto, Roberto Micheletti, compareció ante los medios de comunicación y negó que Zelaya estuviera en el país. “Manuel Zelaya está tranquilo en una suite de un hotel de Nicaragua y sólo quiere hacer terrorismo mediático con la población. Tenemos pruebas de que él no está dentro del país”, aseguró, y de paso desmintió las informaciones de la emisora Radio Globo sobre la supuesta captura de Zelaya el domingo en la noche y su expulsión del país por parte de los militares.

Pero de nuevo otra versión confundía aún más a los hondureños. Esta vez era el presidente Chávez quien, a través de Telesur, hablaba por teléfono con Zelaya: “Estoy en el país y vengo dispuesto al diálogo, en algunas horas diré exactamente en dónde estoy”, aseguraba el presidente derrocado en diálogo telefónico con su amigo venezolano.

El misterio vino a resolverse una hora después, cuando Xiomara Castro, esposa del derrocado mandatario, reveló que Zelaya estaba refugiado en la embajada brasileña en Tegucigalpa. “Él está muy bien, se encuentra en perfectas condiciones y está dispuesto a iniciar el diálogo”, declaró a la prensa que rodeó el edificio de la sede diplomática. El escepticismo que generó esta nueva versión se derrumbó cuando Celso Amorim, canciller brasileño, confirmó la noticia y expresó el deseo de su país por encontrar una salida negociada a la crisis política que vive Honduras.

Zelaya agradeció al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien jugó un papel muy importante en su regreso y cuyos buenos oficios serán definitivos para la solución de la crisis . “Soy un hombre de diálogo” , proclamó, y añadió: “he venido a dialogar de frente”.

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