En Michoacán los días son cada vez más largos. Se anunció un ambicioso operativo para restablecer el orden en al menos 10 municipios al oeste del estado mexicano que están controlados por autodefensas. El secretario de Gobernación pidió a los grupos armados que entregaran las armas y aceptaran la protección oficial. Las autodefensas respondieron que no se retirarían hasta que se detuviera a los líderes del cartel del narcotráfico contra el que se han levantado en armas. Luego llegaron decenas de aviones y helicópteros con centenares de soldados y federales. Además, esos federales iniciaron un desarme en al menos dos de los municipios controlados por autodefensas, lo cual generó enfrentamientos y dejó al menos cuatro muertos. Y cuando parecía que no podía ocurrir más, el lunes, a última hora, el líder de las milicias, José Manuel Mireles, apareció en el noticiero de mayor audiencia del país y pidió a las guardias comunitarias que aceptaran la propuesta del Gobierno. Un mensaje que fue contradicho horas más tarde por el propio Mireles en un segundo video.
El primer anuncio, donde leía un comunicado en video, se dio al tiempo que fuerzas federales iniciaban el desarme de las autodefensas presentes en al menos dos municipios michoacanos: Parácuaro y Múgica. Pero otro video colgado en Youtube por las autodefensas horas después mostraba a Mireles con un discurso matizado: condiciona el desarme a que las autoridades detengan a los dirigentes del cartel de los Caballeros Templarios. La tensión continúa. Las cuentas de redes sociales vinculadas a las autodefensas insistían en que no harían caso a lo que dijera Mireles, el líder más conocido de los grupos, y que no abandonarían las armas. Lo dicho coincide con lo que otros representantes de autodefensas habían afirmado a lo largo del día: estaban dispuestos a dejar las armas siempre y cuando el Gobierno detuviera a los líderes del cartel.
Los grupos de autodefensa se levantaron en armas en febrero pasado porque estaban hartos, según explican, de los abusos de los Caballeros Templarios, un grupo narcotraficante cuyos sicarios cometen extorsiones, violaciones y asesinatos.
Una decena de aviones militares Hércules, con centenares de soldados a bordo, aterrizó en Uruapan, la segunda ciudad más importante del Estado. Así se traducía, en minutos, la orden que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, había emitido poco antes en Morelia para mitigar la ola de violencia que vive la región. Osorio Chong había pedido también a los grupos de autodefensa, civiles armados que han suplantado las funciones del Estado en al menos 10 municipios, que dejaran las armas. Inicialmente, los representantes de las milicias se negaron.
Representantes de dos de los más antiguos grupos de autodefensa (La Ruana y Tepalcatepec, ambos en la zona de Tierra Caliente, la más violenta de Michoacán) habían explicado que están dispuestos a negociar con el Gobierno: “Nuestro objetivo es limpiar de los Caballeros Templarios hoy. Si el gobierno federal acciona y nos entrega a todos los máximos líderes de los Caballeros Templarios, como (Nazario Moreno) El Chayo, (Servando Gómez) La Tuta y (Enrique Plancarte) El Quique, que son los que ocasionan los levantones (secuestros, en el argot criminal), entonces veremos qué vamos a hacer”, explicó Estanislao Beltrán, portavoz de la autodefensa de Tepalcatepec, en una entrevista radiofónica. El líder del grupo de autodefensa de La Ruana, Hipólito Mora, declaró también que “Michoacán estaba en manos del crimen organizado” y que las guardias comunitarias no estaban dispuestas a someterse a él.
La toma de Parácuaro, el pasado 4 de enero, se convirtió en un punto de quiebre para la espiral de violencia que se vive en Tierra Caliente, al oeste de Michoacán, una región que produce con abundancia marihuana y metanfetamina. A partir de entonces, las autodefensas habrían avanzado en otro municipio más, Nueva Italia, y ahora pelean el control de al menos tres más. Con el inicio del desarme la noche de este lunes, las comunidades estarán bajo el control, de acuerdo a lo anunciado por Osorio Chong, de las fuerzas federales.
ESPECIAL DE ‘EL PAÍS’, MORELIA