Los vicepresidentes en Estados Unidos comenzaron teniendo poca importancia para los candidatos presidenciales. Sin embargo, con el tiempo se ha demostrado no solo que su rol no solo es clave, sino que ha crecido de forma exponencial a lo largo de los años. Esta vez, si ya iba a ser inédito al tratarse del primer cara a cara entre dos aspirantes a la Vicepresidencia durante una pandemia y con la participación de la primera mujer afroamericana y de ascendencia india, pero la COVID-19 del presidente Donald Trump, podría hacer que el debate del miércoles entre Mike Pence y Kamala Harris sea aun más excepcional, con medidas como barreras separatorias de plexiglás, que ya han suscitado polémica.
El debate puntual de estas elecciones se centra en la pandemia y en la edad de los candidatos, pues si Trump tiene 77, Biden está a punto de cumplir los 78. “En situaciones como esta, los candidatos a la vicepresidencia toman relevancia, pues su papel es justo ese: suplir al mandatario en caso de enfermedad”, menciona Miguel Benito.
Y es que ese cargo siempre fue visto como un cargo “de segunda”, con funciones sencillas y hasta inútiles. Sin embargo, la historia recuerda hoy el peso de ese cargo: en enero de 1945, cuando Harry Truman tuvo que asumir el puesto de Roosevelt por su muerte. “Sentí que la Luna, las estrellas y todos los planetas me habían caído encima”, dijo entonces. Tuvo que enfrentar la incipiente Guerra Fría y la bomba nuclear.
La Comisión de Debates Presidenciales, un órgano no partidista encargado de la organización, anunció el lunes por la noche que tanto el vicepresidente republicano como la senadora demócrata por California estaban de acuerdo en estar separados por plexiglás para evitar contagios durante el debate del miércoles en la Universidad de Utah, en Salt Lake City.
Sin embargo, el jefe de Gabinete del vicepresidente, Marc Short, apuntó este martes que su equipo no ve necesaria ninguna barrera en torno a Pence, dado que se aplicarán otras medidas como una separación de 12 pies (unos 3,7 metros). Esta distancia es mayor a la que hubo hace una semana entre Trump y el candidato demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden, que estuvieron alejados unos 7 pies (2,1 metros) durante su primer debate, celebrado en Cleveland (Ohio), donde no hubo ninguna barrera física entre ambos.
Con los años los vicepresidentes se han vuelto figuras fuertes que pueden complementar electoralmente a los mandatarios en la carrera electoral. Mike Pence, por ejemplo, no solo es una ficha clave para Trump en cuanto a decisiones, sino que le aporta músculo electoral en la comunidad cristiana y más conservadora del país.
Pence ya anunció que dio negativo para COVID-19 y está listo para reemplazar a Trump en algunas funciones mientras está en cuarentena. Kamala Harris, segunda al mando en el bando demócrata, es joven (55 años) y la figura con más proyección en el campo liberal. Muchos dicen que fue elegida por ser la cuota de juventud que le falta a Joe Biden.
Si antes la figura vicepresidencial solo servía para captar votos importantes que definirían la balanza en algunos estados, ahora se mira a medidano y largo plazo. Lo anterior se debía a la misma definición en la Constitución, pues afirmaba de forma borrosa que las funciones presidenciales pasarían al segundo cargo en caso de muerte del mandatario o mandataria.
Las pruebas para medir su peso llegaron antes que pronto. De hecho, durante el siglo XIX fueron cuatro vicepresidentes los que asumieron las funcionales del máximo cargo luego de que murieran los funcionarios en el cargo.
La campaña de Pence: el plexiglás “no es necesario”
Ahora todo se ha deformado por la pandemia. “Si ella (Harris) lo quiere, (estamos) más que encantados de que se rodee de plexiglás si eso le hace sentir más a gusto”, indicó Short, citado por el diario The Washington Post, quien agregó “no es necesario”.
La idea de usar barreras físicas y otros cambios vienen después de que Trump, la primera dama, Melania Trump, y varias personas del entorno del presidente, como la portavoz de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, y el director de su campaña, Bill Stepien, dieran positivo en las pruebas de COVID-19 días después del debate en Cleveland.
La madrugada del viernes, el mandatario anunció que había contraído la enfermedad y ese mismo día fue ingresado en el hospital militar Walter Reed, en las afueras de Washington, que abandonó el lunes. Debido a esta situación, Biden y sus acompañantes en el primer cara a cara tuvieron que someterse al test, aunque nadie ha dado positivo por el momento.
Aunque Pence ha dado negativo en las pruebas de coronavirus, su proximidad con Trump y otros miembros de la Casa Blanca que se han contagiado ha causado inquietud en la campaña de su oponente.
El público: mascarilla facial o a la calle
Quien sí estará obligado a portar máscara facial o de lo contrario no podrá entrar en el recinto será el público del acto, entre los que habrá invitados de los candidatos y algunos estudiantes de la Universidad de Utah, cuyo número estará limitado.
Durante el cara a cara de Trump y Biden, algunos invitados del presidente aparecieron sin mascarilla, lo que contrastó con los seguidores del demócrata, que todos la lucían.
Por lo demás, la Comisión de los Debates Presidenciales no ha anunciado modificaciones respecto al formato del diálogo, pese a que la semana pasada avanzó que iba a introducir modificaciones tras un caótico primer cara a cara entre Trump y Biden, marcado por las innumerables interrupciones, sobre todo del primero, que hicieron imposible que se tocaran a fondo los temas de interés para el electorado.
Por lo pronto, lo único que se sabe es que el encuentro entre Pence y Harris estará dividido en secciones de entre nueve y diez minutos, y que cada candidato tendrá dos minutos para responder a la pregunta con la que la moderadora abrirá cada bloque. Page no ha revelado todavía la lista de temas que se abordarán en el debate.
Sea como fuere, las medidas de protección del debate del miércoles sentarán las bases para el encuentro entre Biden y Trump del próximo 15 de octubre en Miami, y de su cara a cara en Nashville (Tennessee), el 22 de octubre.