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El Lobo de Honduras

Porfirio Lobo asume este miércoles la Presidencia hondureña. Su misión: superar la crisis política.

26 de enero de 2010 - 05:32 p. m.
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Durante sus recientes días de campaña a la Presidencia, Porfirio Lobo, Pepe, como le dicen amablemente, tuvo que trabajar fuerte en sus discursos. No se trataba sólo de buscar la mejor forma de exponer y argumentar las propuestas ni de sonreír en el momento indicado, tampoco en hacer gestos que conjugaran amabilidad y credibilidad a la vez. Más que estar alerta hacia dónde apuntaban los lentes, el candidato se preocupó por no abusar del uso de la palabra ‘presidente’.

Si la pronunciaba debía ser sólo para referirse a sí mismo, para proyectar sus propuestas como realidades. “Si soy presidente vamos a luchar por esto y a oponernos a aquello”. La decisión no era gratuita, el gran pilar de su ideario lo sustentaba la intención de promover el diálogo nacional para superar la crisis política que había tocado a Honduras desde 28 de junio de 2009, cuando el ejército  dio un golpe de Estado  al presidente Manuel Zelaya  y lo envió a Costa Rica por presuntas violaciones a la Constitución. Roberto Micheletti fue nombrado por el Congreso como gobernante de facto y el país cayó en una inevitable polarización.

“Los llamo por su nombre para evitar líos”, explicaba para la televisión hondureña Porfirio Lobo. Según su versión, catalogar de primer mandatario a cualquiera de los dos era tomar partido en una disputa que trababa la evolución del problema. Para él no existían presidentes, sí políticos que representaban intenciones como Manuel Zelaya y Roberto Micheletti. El presidente —esperaba— sería él cuando los electores acudieran a las urnas el 29 de noviembre.

La determinación formaba parte de las lecciones que el pasado le había dejado a Lobo. En su campaña por el Partido Nacional para la Presidencia de 2006, que daría la victoria a Zelaya, Pepe se mostro recio, radical. Agitaba su puño, apuntaba con su índice como acusando a los delincuentes y recalcaba continuamente que sólo a través de la “mano dura” los bandidos dejarían de asolar a los hondureños. Una de sus propuestas, en aquel entonces, era la de avalar la pena de muerte.

Los analistas dijeron que su posición contradecía su imagen de hombre tranquilo, sonriente y conciliador, y sus críticos ponían en duda sus convicciones conservadoras afirmando que parte de su formación intelectual la había conseguido en la Escuela de Cuadros que el extinto Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) tenía en Moscú. A él le bastaba con decir que en Rusia fue un turista más.

Si hoy se le preguntara a Lobo el lugar en el que recibió su educación, dirá que por allá en el año 66 se matriculó en la Universidad de Míami para estudiar Administración de Empresas y que entró a la política siendo parte de la Juventud Nacionalista de Olancho. Su padre era un hacendado de la región, tradicionalmente destinada a la agricultura y la ganadería. En sus días de campaña lo puso en claro: “Porfirio Lobo es un agricultor”.

Al regresar de Miami, pasó más de una década dando clases en el Instituto La Fraternidad, de Juticalpa, la capital olanchana. Impartía lecciones de inglés y economía, y de vez en cuando se detenía para hablar a los alumnos del karate. Por debajo de las ropas del profesor reposaban siglos de arte milenario, un cinturón negro formado desde los años de infancia.

El 29 de noviembre del año pasado su teléfono repicó siete veces. Siete presidentes lo contactaron para reconocer su victoria en las urnas, mientras comenzaba la larga lucha por el reconocimiento internacional de su legitimidad bajo la oscura sombra de un golpe de Estado. ¿Quiénes lo llamaron aquel  día?, ese es un secreto que guarda para sí.

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Porfirio en la política

Desde la década de los 70 hasta los años 90, Porfirio Lobo se desempeñó como político local en la región de Olancho y en su ciudad más importante, Juticalpa. Ocupó el  cargo de presidente tanto del comité de la ciudad como del departamental antes de saltar al Congreso, donde trabajó como diputado por tres legislaturas consecutivas desde 1990.

Durante la Presidencia de Ricardo Maduro (2002-2006) fue nombrado secretario de Seguridad y, antes de que finalizara el gobierno, se presentó como candidato presidencial por el Partido Nacional. En las elecciones cayó derrotado por Manuel Zelaya. En noviembre del año pasado, con el 53% de los votos, obtuvo la Presidencia derrotando el candidato del Partido Liberal, Elvin Santos.

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