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El otro alfil perdido de Dilma Rousseff

Las polémicas declaraciones del exministro de Defensa Nelson Jobim forzaron la tercera dimisión en el gabinete en siete meses de gestión.

05 de agosto de 2011 - 05:54 p. m.
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Al parecer era el mal carácter de la presidenta, Dilma Rousseff, una de las principales razones que le impedían a Nelson Jobim sentirse a gusto en la cartera de Defensa. En una crítica lanzada recientemente, cuando en una entrevista el ahora exministro elogiaba la elegancia para gobernar del expresidente Fernando Henrique Cardozo, lanzó una frase reveladora: Cardozo gobernaba con altura, “sin dar puños sobre la mesa”.

Justamente, las declaraciones de Jobim le parecieron muy poco elegantes al exmandatario Luiz Inácio Lula, que en sus años de gobierno fue acompañado en el Ministerio de Defensa por Jobim, a quien en enero de este año Rousseff ratificó en el cargo. Más que compañeros de gestión, Lula y Jobim eran amigos cercanos. De hecho, para paliar futuros roces, el expresidente lo defendió cuando aseguró que en las anteriores elecciones entregó su voto al socialdemócrata José Serra, el principal rival que tuvo Rousseff en la carrera hacia la Presidencia.

Lula dijo que en su gobierno tuvo críticos que se convirtieron en aliados de su gestión y aliados que también pasaron al lado de los críticos como sucede usualmente en el mundo de la política, un mundo en el que habitaba Jobim. Sin embargo, la situación se hizo insostenible cuando esta semana, en declaraciones para la revista Piauí, el exministro volvió a atacar con frases contra dos de las funcionarias del actual gobierno. De la jefa de gabinete Gleisi Hoffmann aseguró que “ni siquiera conoce Brasilia” y a Ideli Salvatti, titular de la cartera de Relaciones Institucionales, la tildó de ser una mujer “flaca” de criterio.

De tal modo que, después de reunirse de urgencia con Dilma Rousseff, Jobim se vio obligado a dimitir, para ser relevado en el cargo por otro de los hombres de confianza de Lula: Celso Amorim, quien en enero de este año había dejado de ser canciller del país.

Más allá de las críticas y preocupaciones que pueda generar la dimisión de tres ministros en tan sólo siete meses de gobierno —Antonio Palocci (exjefe de gabinete) y Alfredo Nascimento renunciaron por acusaciones de corrupción—, el Ministerio de Defensa es una cartera crucial en Brasil. El ministro debe mantener el equilibrio entre el gobierno y la poderosa cúpula de las Fuerzas Armadas, con la que Jobim tenía excelentes relaciones.

Por eso, ayer, después de que se conociera la dimisión, la presidenta Rousseff se reunió con el general José Carlos de Nardi, jefe del Estado Mayor Conjunto, y con los jefes de las Fuerzas Armadas para hablarles de las facultades profesionales de Amorim y prometerles que el cambio en Defensa no se reflejará en cambios en los comandos militares. Jobim, por su parte, difundió un comunicado en el que insinuaba que la interpretación que se le dio a sus palabras forma parte de un “juego de intrigas.

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