Después de que la semana pasada se publicaran dos libros cuya principal fuente son documentos sobre las finanzas del Vaticano robados de la Comisión investigadora de los organismos económicos y administrativos de la Santa Sede (Cosea), el papa Francisco por fin se pronunció. Optó por no ofrecer declaraciones a través de portavoces o comunicados oficiales, sino ser él mismo quien, después del rezo del Ángelus, reiterara que el robo de documentos de la Santa Sede es un delito, un “acto deplorable”, y que la información revelada en este caso no lo apartará de las reformas que quiere realizar en la Iglesia.
Así el papa hizo referencia al caso conocido como Vatileaks 2, por el que ya fueron detenidos el sacerdote español Lucio Ángel Vallejo Balda y la italiana Francesca Chaouqui, quienes presuntamente filtraron los documentos de la Cosea. Vallejo, de 54 años, fue secretario de la ya disuelta Cosea, que el papa Francisco creó para investigar el estado de las finanzas, y por el momento está en detención preventiva en el edificio de la Gendarmería vaticana. Chaouqui, exasesora de comunicaciones y relaciones públicas, también era miembro de la Cosea y recientemente fue puesta en libertad y a disposición de la magistratura.
Ambos están a la espera de que se terminen las investigaciones preliminares y se formulen los cargos. Francisco recordó en su pronunciamiento que el código Vaticano establece penas de cárcel para quien proporcione ilegalmente información o documentos cuya divulgación esté prohibida.
Los libros publicados la semana pasada con base en documentos de la Cosea son Via crucis, de Gianluigi Nuzzi, y Avarizia, de Emiliano Fittipaldi. Ambos denuncian el derroche y la mala gestión de las cuentas de la Santa Sede. El diario El Mundo reseña que en el libro de Nuzzi se explica que las beatificaciones y santificaciones son una máquina de hacer dinero, porque la Santa Sede cobra por cada una de estas ceremonias alrededor de medio millón de euros. Via crucis también denuncia que, de cada diez euros que el Vaticano recibió de los fieles para obras de caridad en 2013 y 2014, sólo destinó uno para ese objetivo. Denuncia, además, que los cardenales viven en apartamentos de unos 200 a 700 metros cuadrados en el centro histórico de Roma.
El libro de Fittipaldi, Avarizia, denuncia otros hechos alarmantes, como que el Vaticano invirtió en la petrolera Exxon y en la química estadounidense Dow Chemical. Además, dice que una diócesis eslovena también hizo inversiones en una televisión porno y que fondos del hospital infantil Bambin Gesù, que es gestionado por el Vaticano en Roma, fueron destinados a remodelar el apartamento de un cardenal.
En su discurso, el papa aseguró que tanto él como otros de sus colaboradores ya conocían sobre esta información y por eso vienen adelantando una estrategia de reformas en la cual han avanzado significativamente. Recordó, además, que los cardenales no deberían vivir como faraones, refiriéndose de manera indirecta a las denuncias hechas en los libros recién publicados, donde se habla del opulento estilo de vida del exsecretario de Estado del Vaticano, Tarsicio Bertone, y otros cardenales y miembros de la Curia.