Después de su caída en enero pasado, los jueces lo esperaban para que respondiera por las 93 acusaciones que pesan en su contra, desde violaciones a los derechos humanos, hasta millonarios desfalcos fiscales ocurridos en sus 23 años de mandato. No obstante, su defensa, mientras él y su esposa Leila Trabelsi permanecen refugiados en Arabia Saudita, solicitó aplazar el juicio: un plazo para reforzar los argumentos de defensa de un acusado de 74 años que padece cáncer de próstata y se encuentra senil. El pedido fue negado, y el expresidente condenado a 35 años de cárcel.
Algo similar ocurrió también con el expresidente de Egipto Hosni Mubarak. Farid al Dib, su abogado, informó a poco de dos meses del juicio —la lista de supuestos delitos es larga: cargos de asesinato premeditado, intento de homicidio de manifestantes durante la revolución, tráfico de influencias, daño intencionado a los fondos del Estado y enriquecimiento ilícito— a su defendido se le diagnosticó cáncer abdominal.
“Ni come ni bebe y sufre comas esporádicos”, aseguró Al Dib, sobre Mubarak, quien pasó 32 de sus 83 años al frente del Estado egipcio y quien hoy permanece en un hospital de la ciudad de Sharm el Sheij, a donde viajó tras abandonar El Cairo.
Es la imagen de dos expresidentes que tras su caída parecen haber perdido toda la templanza de sus mejores años en el poder, cuando su figura era de autoridad y respeto. Una imagen que en el último mes se ha repetido en casos puntuales, como el de Alberto Fujimori y el de Ratlko Mladic. El primero, con la reciente elección de Ollanta Humala para la Presidencia, encendió un debate sobre su posible excarcelación —actualmente cumple una condena de 25 años por violaciones a los derechos humanos y corrupción— debido a un cáncer de lengua, y el segundo que ahora mismo espera en La Haya para ser juzgado por el genocidio de 8.000 musulmanes en Srebrenica. Maldic, quien durante la Guerra de los Balcanes dirigía las tropas serbobosnias, dice parecer de hipertensión y de parálisis parcial de su cuerpo a consecuencia de una apoplejía.
¿Dolencias reales o estrategias jurídicas? ¿Por qué siempre la salud declina en los momentos menos oportunos de cara a un juicio? El abogado Luis Guillermo Pérez. del colectivo José Alvear Restrepo, dice que los problemas de la salud ni la edad pueden ser pretexto para evadir las leyes: “Es posible que las dolencias sean reales, pero existen casos de reclusión con todas las medidas hospitalarias necesarias. En el pasado ya lo hicieron Pinochet y los exnazis que fueron juzgados décadas después de cometer sus crímenes”. Hasta ahora la razón ha estado de lado de la justicia, todos siguen en sus procesos y en sus condenas a pesar de su presunto padecimiento.