Durante todo el debate el candidato republicano trató de mostrar a su rival como un inexperto e ingenuo candidato, sin capacidad para atender los graves problemas que enfrenta Estados Unidos. Se refirió a la historia (especialmente Ronald Reagan, en lugar de George Bush). Y sobre sus reuniones por el mundo con líderes (Pakistán en los 80 y recientemente con el presidente de Georgia). McCain jugó bien y arrinconó a Obama, incluso diciéndole que no entendía la diferencia entre estrategia y táctica, fundamentales para entender cualquier guerra. Recalcó, además, una y otra vez, que su rival no entendía bien los problemas.
Obama, por su parte, intentó alinear las propuestas del candidato republicano como una continuidad del actual presidente, pero no lo logró. McCain tomó distancia de Bush y recalcó sus credenciales como opositor en asuntos como el cambio climático, la legalización de la tortura y los prisioneros de Guantánamo.
McCain jugó rudo y Obama apareció demasiado noble, concediendo la razón a McCain a menudo. Para repuntar en los próximos debates, el demócrata tendrá que hacer menos concesiones y ser más agresivo.
Por fortuna para Obama los electores norteamericanos están más preocupados por sus bolsillos que por lo que pase en lugares lejanos del mundo. Allí podría haber sacado ventaja. Pero en el intento de alinear a su rival con las actuales políticas olvidó que la preocupación central es qué hacer y no a quién culpar. Por ello, cuando se le preguntó en dos ocasiones qué haría con la actual crisis financiera en cuanto asumiera la Presidencia, se mostró evasivo y etéreo. Tampoco McCain fue claro al respecto, pero era en lo económico donde Obama debería haber marcado diferencias.
El primer asalto se lo llevó McCain, aunque por pocos puntos.
*Coordinador Grupo Estados Unidos. Fescol.