En términos de piratería y de adagios populares, no necesariamente todo tiempo pasado fue mejor. De eso pueden dar fe las otrora maltratadas y hasta esclavizadas víctimas de la piratería marítima. El renacer de esta actividad delictiva, que desde hace tres años se tomó con intensidad las aguas del Golfo de Adén le ha dado un giro sin precedentes a la imagen de los temidos y odiados piratas de los libros de historia y las películas de bandidos.
Reconocidos como héroes en la costa norte de Somalia, porque han logrado sacar de la pobreza a una población acostumbrada a la miseria, dieron al traste con la tradición de tomar como esclavos a los rehenes de las embarcaciones atacadas. En cambio los ‘miman’ con suculentos platos preparados por chef especializados, los cuidan durante su cautiverio como el tesoro que son; pues el negocio también cambió: ahora el botín no son las joyas, ni las reliquias, sino el rescate producto del secuestro.
La piratería en el mundo es otra. Los cuchillos, las espadas, las hachas y las brújulas les dieron paso al GPS, las armas automáticas y los fusiles de largo alcance. Lo único que se mantiene intacto y que ha vuelto a renacer es el miedo de los navegantes a transitar tranquilamente por los mares del mundo.
En el siglo V antes de Cristo los piratas transitaban por el Golfo Pérsico y el Mar Mediterráneo, su función era atacar a los barcos provenientes de la India cargados de baúles llenos de oro y plata. A la tripulación la tomaban como propia y la obligaban a trabajar como esclavos.
Hoy el temor ronda el Golfo de Adén, un punto estratégico de comunicación entre el Mar Rojo y el Océano Índico. Por esta autopista marítima transitan entre 20 y 30 mil barcos mercantes al año, todo un banquete para los cada vez más voraces piratas del siglo XXI. En 2008 han efectuado 96 ataques, con 40 naves secuestradas y aún tienen en su poder 15 barcos con 300 tripulantes.
Los secuestrados son llevados a tres costas cercanas del Golfo de Adén, Haradhere, Eyl y Bossaso. Una vez tienen a los rehenes en su poder, no sólo se preocupan por tener en sus manos el botín, también se impacientan por el bienestar de sus víctimas. Para esto, contratan a los mejores cocineros de la zona y les ordenan preparar pollo asado, carne al estilo oriental, pescados en todas sus presentaciones, bebidas y hasta postres si así lo desean.
Si los secuestrados viven “bien” mientras son rescatados, la comunidad de esas costas no se queja en lo absoluto, pues tienen enaltecidos a los villanos del mar, porque desde que ellos redescubrieron la piratería la pobreza dejó de existir en la zona norte de Somalia.
Los piratas somalíes construyen lujosas viviendas para vivir en éstas con las mujeres más lindas de la región, compran carros último modelo y contratan a diario personas que les cocinen comida típica del mundo.
La comunidad entera vive feliz con los piratas, no le importa cómo consiguen el dinero, porque desde que desembarcan con sus rehenes el comercio se incrementa, los restaurantes no dan abasto y las tiendas siempre están bien surtidas para ellos, toda vez que son los únicos capaces de mover el aparato económico.
Hace un par de décadas la expectativa de vida era de 46 años y la cuarta parte de la población infantil moría antes de cumplir los seis años. Según los habitantes de Haradhere esto ha cambiado un poco: “los niños van a la escuela y juegan por la tarde, viven felices. No sólo celebran los piratas, nosotros también festejamos cuando secuestran algún barco, pues eso es dinero para nosotros y ventajas comerciales para las costas del norte”. Los niveles de nutrición y atención médica también han mejorado.
En 2007 los piratas somalíes recaudaron 30 millones de dólares, lo que les permitió a las costas de Haradhere, Eyl y Bossaso ubicar negocios de internet, tiendas en cada esquina y la opción de comprar generadores eléctricos a los comerciantes.
El rescate
Los barcos mercantes más vulnerables a estos ataques somalíes son los árabes, chinos y japoneses. Estos cargueros transitan esas zonas para trasladar petróleo y productos químicos de un puerto a otro. Allí es casi imposible intentar rescates porque las aguas están infestadas de tiburones.
Solamente los propios somalíes son capaces de navegar por ese nuevo ‘Triángulo de las Bermudas’. Cuando los piratas acuerdan cuál va a ser el punto de encuentro para recoger el botín se trasladan entre 20 y 25 hombres a la zona; esperan a que un helicóptero se ubique encima de ellos y lance la bolsa de dinero. Generalmente, el botín cae al mar y uno de los piratas es el "elegido" para nadar hasta el sitio. Éste recibe una comisión especial por haber arriesgado su vida, al sumergirse en aguas en las que habitan miles de tiburones hambrientos. No todos sobreviven a la recogida del botín pero es un riesgo que vale la pena correr.
Los piratas sólo aceptan dinero en efectivo porque en las costas donde habitan no hay bancos, en sus lanchas tienen máquinas para contarlo, parecidas a las que usan en las casas de cambio. Cuando se cercioran que la plata está completa trasladan a los secuestrados a otro punto acordado y allí son liberados.
Intervención militar
Los secuestros por parte de los piratas demuestran la crisis política por la que atraviesa Somalia desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Siad Barre. Desde ese entonces, el país se ha sumergido en una violencia profunda en la que cada cual toma su ley por donde más le convenga, como hacen los villanos del mar y las milicias islámicas.
Actualmente flotas navales de la OTAN, Rusia y Estados Unidos, vigilan las costas de Somalia para hacer frente a los ataques constantes de los piratas, que ponen en la cuerda floja a la comunidad internacional, pues por más barcos que ubiquen en la zona para contrarrestar el conflicto es casi imposible cubrir todo por la dimensión del territorio.
La OTAN y la Armada estadounidense dicen que “es imposible estar en todos los puntos del océano, son muchos kilómetros en los que ellos se mueven. Los norteamericanos advierten a las empresas de transporte marítimo que contraten servicios de seguridad privados. Los buques de guerra que rondan las costas de Somalia han conseguido interrumpir a algunos piratas, pero las maniobras militares para rescatar los navíos secuestrados son muy peligrosas y de vez en cuando se apela a ese recurso”.
Jean Ping, Presidente de la Comisión de la Unión Africana (UA), recalca que “el incremento de la piratería es muestra del deterioro que registra la política en Somalia, que tendrá consecuencias negativas, no sólo para el país, sino para toda la comunidad internacional”.
El secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, indica que “la profesionalidad de los piratas, que operan con armas modernas, cada vez llega más lejos y acechan a los barcos con GPS, lo que ha hecho saltar las alarmas de las navieras, que buscan rutas alternativas”.
La principal empresa de tanqueros petroleros del mundo, Frontline Ltd., advirtió que si la situación no mejora frente a las costas de Somalia deberá elegir otras rutas para sus naves. Eso podría incrementar los costos del transporte en un 40%.
Frontline, que envía mensualmente a entre cinco y 10 tanqueros a través del golfo de Adén, dijo que estaba negociando un cambio de ruta con sus clientes, entre ellos las corporaciones Exxon Mobil, Shell, BP y Chevron.
A.P Moller-Maersk, la empresa de contenedores para barcos más grande del mundo, ordenó que algunos de sus barcos más lentos eviten el golfo de Adén y enfilen en torno al África, una ruta mucho más larga.
Y el grupo de transporte marítimo Odfjell SE, de Noruega, dijo que había ordenado a los capitanes de sus más de 90 tanqueros evitar el golfo de Adén debido al riesgo de que sean asaltados por piratas.
Al abordaje.