El inicio de la crisis política en Egipto dejó al descubierto un factor que se ha robado mucha de la atención de la realidad vivida a lo largo de las últimas dos semanas, en especial de parte de los países occidentales: con la inestabilidad del gobierno egipcio es posible que el juego político y la desazón social hacia al régimen lleven al poder a la los Hermanos Musulmanes. ¿A qué se debe el temor, por qué la reserva hacia este movimiento?
Los Hermanos Musulmanes, cuyos partidarios se acercan al millón y medio de personas en Egipto, son la más antigua organización integrista árabe, partidaria de la práctica de un islam ortodoxo que rija las leyes del Estado y de un rechazo radical a las políticas de Washington.
El grupo fue fundado en 1928 por el maestro Hassan el Banna y ha sido reprimido duramente desde antes de que Gamal Nasser ocupara la presidencia (1956-1970). No obstante, desde su origen, la Hermandad ha apostado por extender su influencia en toda la región, calando especialmente en el Golfo Pérsico y en países como Siria, Jordania y Palestina, donde el grupo Hamás —considerado terrorista por las potencias occidentales— se convirtió en uno de sus apéndices. Incluso, muchas de las ideas base impartidas por Banna sirvieron de influencia para el ayatolá Jomeini, líder de la revolución iraní y de la instalación del Estado islámico en esa nación.
Aunque en su esencia la cofradía sólo contemplaba el uso de la violencia como un método para defender la tierra musulmana de las agresiones, de ella se han desprendido grupos yihadistas que desde los años 70 comenzaron a perpetrar atentados terroristas y hoy siguen las doctrinas de Aymán Al Zawahiri, segundo al mando de Al Qaeda.
La preocupación de Occidente es grande porque desde 1967, cuando Egipto fue derrotado en la guerra contra Israel, la aceptación popular de los Hermanos Musulmanes ha venido en escalada. Actualmente su guía supremo es Mohamed Badie, quien ha reiterado que está dispuesto a conversar con el régimen con miras a una transición democrática.