Comandos de las fuerzas militares indias se enfrentaban este viernes a un reducto de terroristas apostado en la Casa Nariman, centro cultural y oficina de enlace de la comunidad judía en Bombay. Casi 72 horas después de que la pesadilla comenzara, las explosiones y los disparos aún retumbaban en el centro judío y el hotel Taj Mahal, en donde las autoridades indias trataban de tomar el control, pues se creía que al menos 100 personas seguían como rehenes en el último piso, que estaba siendo consumido por las llamas.
En la madrugada del viernes, comandos élite de la policía irrumpieron con granadas y fusiles en el hotel y en Narimam House, en donde encontraron un panorama desolador: ocho rehenes habían sido asesinados, entre ellos Gavriel Noach Holtzberg, el rabino del movimiento Jabad-Lubavitch, y su esposa. El hijo de la pareja, de apenas cinco años, logró salvarse al huir del lugar con un empleado.
En el hotel Oberoi, de donde fueron evacuados los últimos rehenes, se encontraron 24 cadáveres aún sin identificar. En total, después de más de 50 horas de combates, al menos 155 personas murieron y más de 300 resultaron heridas.
Pero la operación más espectacular tuvo lugar en el hotel Taj Mahal, donde una docena de comandos se descolgó por la mañana hasta el techo desde dos helicópteros, mientras miembros de las fuerzas de seguridad rodeaban el lugar. La lucha se recrudeció cuando las fuerzas indias comenzaron a lanzar granadas contra el establecimiento, donde por lo menos un terrorista se encuentra escondido en uno de los salones de baile, dijeron las autoridades.
El emblemático hotel representativo de la dignidad y el orgullo empresarial indio era el lugar en donde la policía y los militares se enfrentaban piso a piso con un grupo desconocido armado con rifles de asalto, pistolas y granadas; en medio de banqueros, miembros de la burocracia india, empresarios y hasta personalidades de Bollywod que se hallaban en el hotel.
Los testimonios de aquellos que empezaban a salir eran claros: los terroristas buscaban estadounidenses y británicos. Una pareja turca que fue rescatada en la mañana confirmaba que los terroristas los dejaron ir por ser musulmanes, pero la misma suerte no la corrieron otros que fueron obligados a permanecer como escudos humanos. Las operaciones de rescate revelaban lo dantesco de la violencia con la que se perpetró el ataque.
Al final del día viernes, las fuerzas de seguridad dijeron que las operaciones estaban casi concluidas y que habían dado muerte a más de 20 terroristas. “Es cuestión de horas antes de que podamos concluir todo esto”, comentó el teniente general N. Thamburaj a los periodistas.
Hechos parecidos
Bombay no ha sido ajena al terrorismo. El 11 de julio de 2006, siete bombas hicieron explosión (separadas sólo por 11 minutos desde la primera hasta la ultima) en diferentes trenes que hacen parte de la red ferroviaria que conecta la ciudad de
sur a norte. Más de 200 personas perdieron la vida y 700 resultaron heridas. Antes, en 1993, varios carros bomba habían estallado en diferentes puntos de la ciudad cobrando varias víctimas.
Sin embargo, el ataque del pasado miércoles ha sido sin duda el más espectacular por la evidente preparación, conocimiento del área y rapidez con que los terroristas actuaron. Distintos grupos de asaltantes atacaron diversos lugares casi de manera simultánea, sabiendo que el pánico y el caos que causarían sería muy difícil de repeler por las autoridades. En pocos minutos la capital financiera de la India, y el hogar de 19 millones de personas se convirtió en un hervidero humano presa del miedo y la desesperación.
Hoy todavía no es del todo claro quiénes son los asaltantes ni de dónde vinieron. Según la prensa local y miembros del gobierno (incluidos el primer ministro M. Singh) la teoría más probable es que los terroristas hayan venido de campos de entrenamiento de “países vecinos”, lo que casi siempre significa Pakistán. Sin embargo, las investigaciones no dan nada por seguro.
De lo único que se estaba seguro era de que Bombay sufría un atentado nunca antes visto: los terroristas ya habían ocupado dos hoteles 5 estrellas, habían asesinado a sangre fría a decenas de personas en la estación central del tren y en su recorrido por la zona de Colaba, en el sur de Bombay, habían disparado y lanzado granadas convirtiendo a la ciudad milenaria en una zona de guerra.
Vuelve el terror
Ninguna ciudad está preparada para enfrentar el terror. Esa es su herramienta más poderosa, la incertidumbre. Desde la noche del miércoles Bombay ha sido azotada por el huracán del horror y lo desconocido. Se enfrenta a un enemigo oculto que no conoce de reglas. Australia y Francia (probablemente en las próximas horas lo harán más países) han puesto a disposición de sus nacionales aviones listos para sacarlos del país si así lo quieren, mientras que la ciudad se paralizó, disminuyendo ostensiblemente el tránsito de las calles y la cantidad de personas que viajan en el tren, que suman diariamente más de dos millones de pasajeros.
El terror terminó por esconder hoy a una ciudad que vibra, que sueña, que no conoce estar detenida. Hoy hay silencio, y mensajes de texto en los celulares que nos recomiendan a quienes vivimos aquí “no salir a la calle y evitar las aglomeraciones”. En una ciudad como Bombay, las aglomeraciones son sinónimo de libertad, de pujanza, del crecimiento desproporcionado de su economía y de su población.
El terror encerró en sus casas a una población similar a la de Australia, y al parecer no más de 12 o 15 hombres armados, que según los medios llegaron desde el mar, le dieron a una ciudad gigante un golpe del que le será doloroso levantarse.
Una especie de ley marcial no declarada se vive en el ambiente. Las calles son patrulladas por las fuerzas armadas, gran parte del comercio, así como las escuelas y las oficinas del gobierno se encuentran cerradas, mientras la televisión no deja de mostrar las imágenes de emblemáticos lugares al sur de la ciudad, como el Hotel Taj, consumidos parcialmente por las llamas y siendo el epicentro de la más reciente aparición del enemigo moderno, el terrorismo.
Con 150 muertos y más de 300 heridos es imposible. La ciudad cambió y lo hizo para siempre. Y los mumbaikar (naturales de Bombay) vuelven a recibir a un invitado que ningún pueblo desea: la total incertidumbre que causa el terror.