“Vengan, queridos amigos, ¡felicitémonos! Han sido todos exterminados. Vengan, queridos amigos, felicitémonos. Dios es justo”. Con este tipo de frases, difundidas por medio de la Radio Televisión Libre de Mille Colines (RTLM), los hutus, la principal etnia ruandesa, celebraban, el 4 de julio de 1994, su triunfo en el genocidio de Ruanda, durante el cual asesinaron aproximadamente a 800 mil personas de la minoría tutsi, la otra comunidad que habita esta nación.
A lo largo de ese período oscuro de la historia de Ruanda (que duró tres meses), Paul Rusesabagina se desempeñaba como director de los hoteles Sabena en su país y fue gracias a su posición que pudo proteger a cerca de 1.260 compatriotas, entre tutsis y hutus moderados, de las masacres perpetradas por las milicias ultraconservadoras hutus comandadas por el coronel Theoneste Bagosora, años después condenado a cadena perpetua.
El rol cumplido por Rusesabagina fue la inspiración de la película Hotel Ruanda (2004), protagonizada por el actor estadounidense Don Cheadle. Gracias a ese filme su nombre saltó a la fama y el mundo lo conoció como el “Héroe del genocidio”.
Pero de ídolo pasó a villano. El 28 de octubre de 2010 el fiscal general ruandés, Martin Ngoga, le abrió un proceso por ayudar a grupos terroristas. “Tenemos las fechas de las transacciones realizadas. El dinero fue enviado desde EE.UU. (donde Rusesabagina reside exiliado) a diferentes cuentas bancarias en Tanzania y Burundí, todas pertenecientes a los rebeldes de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR)”, anunció Ngoga en rueda de prensa.
La decisión no sorprendió a Rusesabagina quien, en diálogo con El Espectador, aseguró que esta no es la primera vez que se ve involucrado en una campaña de difamación por parte del gobierno de su país. “Mi historia es, de hecho, una novela muy larga. Las declaraciones del Fiscal General se dan en medio de una cadena sistemática de ataques. El gobierno siempre ha intentado agredirme, no importa el medio, y esta última jugada no me impresiona porque todas las otras voces que podrían hablar contra el presidente Paul Kagame han sido acalladas por el propio mandatario”, aseguró.
La campaña de difamación
Desde el lanzamiento de la película Hotel Ruanda, Rusesabagina se convirtió en una voz incómoda para el presidente Kagame, debido a que desde entonces aprovecha la exposición mediática y las asiduas conferencias a las que ha sido invitado para denunciar todos los delitos que los gobiernos del Frente Patriótico Ruandés, al cual pertenece el actual mandatario, han perpetrado en el país desde 1994.
“En Ruanda hay otro genocidio que no ha sido denunciado por la historia. Desde el 4 de julio de 1994 hasta la fecha, cuando el FPR tomó el control del país, ha habido más de 100.000 personas masacradas. Yo me quedé en Ruanda hasta el 6 de septiembre de 1996 y durante esa época vi cómo detenían a personas agarrándolas por el cuello con hilos plásticos, después las golpeaban hasta romperles las mandíbulas y finalmente las arrojaban a contendores donde eran quemadas y sus cenizas eran esparcidas en los parques naturales”, afirmó Rusesabagina.
La campaña en su contra, que comenzó a los pocos días del estreno de la película, se intensificó luego de que el entonces presidente de EE.UU., George W. Bush, le entregara el 7 de noviembre de 2005 la medalla presidencial de la Libertad. “He sido víctima de cuatro atentados y decenas de acusaciones. En la operación han intervenido diplomáticos, militares y hasta falsos testigos”, manifiesta.
“Lo primero que se me viene a la cabeza es una conferencia que dicté en Chicago. Yo estaba hablando cuando, de repente, el entonces embajador de Ruanda en Washington, James Kimonyo, se levantó y dijo que me había visto junto a los ex embajadores norteamericanos Robert Flaten y Robert Krueger, en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) comprando armas para enviárselas al grupo hutu Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), con base en el Congo. Fue una mentira desnuda. Sin pies ni cabeza”, recuerda Rusesabagina.
En vista de que los ataques no lograban su cometido, el gobierno ruandés cambió de estrategia y comenzó a forzar a algunos prisioneros a testificar en contra de Rusesabagina a cambio de beneficios. A pesar de las continuas denuncias hechas por el hombre en ese sentido, los ataques persistieron y hasta el propio presidente Kagame publicó el libro El genocidio tutsi visto por Hollywood, en el que recopiló falsos testimonios de gente que supuestamente había pertenecido al staff del Hotel des Mille Colines (de la cadena Sabena).
El último hecho en su contra sucedió hace unos meses cuando Rusesabagina permanecía en un hospital de Bruselas (Bélgica) a causa de un tratamiento contra el cáncer de colon que le diagnosticaron. Alguien entró en su residencia y le robó toda la documentación acerca de sus propiedades en Ruanda. Los archivos estaban escritos en Kinyarwanda, la lengua más hablada de su país de origen.
Kagame contra los opositores
Desde su ascenso al poder, el presidente Kagame poco a poco ha ido limpiando de opositores el mapa político ruandés. Impulsado por la sed de poder comenzó por arremeter contra su propio entorno: todos los generales que combatieron al antiguo régimen junto a él están hoy exiliados, encarcelados, sepultados o diseminados: “Hay diferentes casos. Puedo citar el del teniente general Faustin Kayumba Nyamwasa, que se encuentra refugiado en Sudáfrica; el del jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Charles Muhire, que terminó encarcelado, o el del coronel Rugigana Ngabo, hermano de Nyamwasa, de quien se desconoce el paradero”, denuncia el líder.
Después decapitó al vicepresidente del Partido Democrático Verde, André Kagwa, y encarceló a otros dos líderes: Bernard Ntaganda, que había impulsado el Partido Socialista, y Victoire Ingabiré, de la coalición FDU-Inkingi. Ambos eran rivales del presidente en las pasadas elecciones de agosto en las que fue reelegido.
En la actualidad, el gobierno de Ruanda se encuentra, junto con el de Uganda, acusado en un informe de Naciones Unidas de haber sido partícipe de un posible genocidio contra la etnia hutu en la República Democrática del Congo, entre 1993 y 2003. Para Paul Rusesabagina esto es una muestra de que la verdad está a punto de conocerse: “Eso es lo que ha querido evitar Kagame y es por eso que me ha atacado, porque soy un testigo incómodo que reclama que la verdad sea conocida, un luchador con acceso a los países occidentales y a los grandes líderes mundiales”.
La antesala del genocidio ruandés
A pesar de que las diferencias entre las etnias tutsi y hutu vienen desde el siglo XVI, cuando los líderes de los primeros raptaron y acribillaron a los príncipes de los segundos, generando así una era de dominio absoluto, no fue sino hasta la colonización belga que las tensiones empezaron a agudizarse.
Luego de varias décadas en el poder, los belgas decidieron crear diferentes partidos políticos con la intención de que las etnias fueran representadas. Así, pues, los hutus comenzaron a luchar por la igualdad de derechos hasta 1961. Ese año fue clave, ya que por una parte, Bélgica se hizo a un lado, y por la otra, los hutus llegaron al poder después de que un referéndum organizado por la ONU diera como resultado el fin de la monarquía tutsi.
Las tensiones entre las dos razas siguieron, aunque en menor medida, en las dos siguientes décadas. No obstante, poco a poco los tutsis fueron regresando subrepticiamente al país y crearon milicias. Ya en 1994, el 6 de abril, el presidente Habyarimana muere cuando su avión explota cerca de Kigali. Para los hutus más extremos, el episodio en el que murió su líder fue todo menos un accidente y, llevados por el odio, se abalanzaron contra los tutsis con la intención de exterminarlos.