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El tren de los milagros

El Lifeline Express recorre los sitios más recónditos de la India. Sus vagones están acondicionados con lo mejor de la tecnología médica y recibe sólo pasajeros pobres.

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“Llegó el tren de los milagros”, grita la gente cuando escucha a lo lejos el ruido de la locomotora del Lifeline Express, un hospital sobre rieles que recorre los lugares más pobres de la India. Sus vagones están acondicionados con modernos aparatos médicos y sus pasajeros son enfermos pobres que necesitan intervenciones quirúrgicas.

“Las operaciones que se hacen aquí son sencillas y de rápida recuperación, pero ayudan a mejorar significativamente la calidad de vida”, sostiene el cirujano Tirumala Prasad. Explica que se realizan cuatro tipos de cirugías: cataratas, problemas auditivos, deformidades causadas por la poliomielitis y reparaciones de labios leporinos y paladares abiertos.

El tren trata de permanecer tres semanas en cada lugar. Vizianagaram, una ciudad costera del Estado de Andhra Pradesh, al sureste de la India, no dio abasto. Cientos de personas esperaban su llegada en tiendas de campaña. “Que devuelve la vista”, decían unos. “Es como si fuera Dios”, agregaban otros.

“No tengo dinero para pagar una operación, pero, aunque lo tuviera, recuperar la vista no se paga con nada”, dice D. Chinnayya, un obrero de 60 años que sufre de cataratas y no puede trabajar desde hace un año porque su patrón lo echó.

A Chinnayya lo llamó una enfermera para que subiera al tren. En un minuto le pusieron una bata de hospital y lo acostaron en una de las tres planchas o mesas de operaciones que tiene uno de los dos vagones convertidos en quirófanos. Este tipo de cirugía se hace en serie.

En el otro vagón de operaciones, que tiene sólo dos camillas, los tipos de intervención varían. Ese día era el turno para labios leporinos. Y ahí estaba Radha, de 20 años. “Al fin mi rostro dejará de estar deforme y podré salir a la calle sin vergüenza”, decía. El labio leporino marcó su vida: sus padres la sacaron de la escuela a los 10 años y no la dejan salir de la casa porque en la calle la miran con horror.

La mayor parte de los médicos del Lifeline Express en Vizianagaram son voluntarios. Sólo reciben agua y té.

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