Con Londres en estado de máxima alerta, con la policía aconsejando a los dueños de restaurantes que cierren sus puertas, con un despliegue policial excesivo para lo que se acostumbra en la capital británica, la violencia se extendió a varias ciudades de Inglaterra. Los encapuchados no aguardan a la noche para atacar. En Manchester, Birmingham, Wolverhampton, Salford y West Bromwich los disturbios se prodigaron a plena luz del día. No alcanzaron la magnitud de los disturbios que comenzaron el fin de semana en Londres, y dadas las advertencias del primer ministro, David Cameron, puede esperarse una mayor contundencia policial.
Unos 2.000 jóvenes se enfrentaron a la policía en Manchester, en los primeros altercados en esta ciudad del norte de Inglaterra. Los disturbios tuvieron lugar en una de las calles principales del centro, donde se incendiaron locales y un centenar de alborotadores entraron en un centro comercial y asaltaron varias tiendas.
Queman edificios sin otro objetivo que la destrucción, agreden a la policía y, a menudo, a cualquiera que tenga la mala fortuna de toparse en su camino. No proclaman reivindicaciones de ningún tipo. Y aunque rechazan dar sus nombres, no es difícil dar con alguien que considera a los agentes la encarnación del racismo y de todos los males. Da la impresión, al ver en las imágenes de televisión a jóvenes que saquean comercios a cara descubierta, que muchos piensan que no tienen casi nada que perder.
Los disturbios son cosa de jóvenes habitualmente encapuchados, y también de algunas chicas que tapan sus rostros con pañuelos. Incluso algunas mujeres han contribuido a montar barricadas para que los jóvenes —a veces adolescentes— se líen a pedradas contra la policía.
Los medios de comunicación ingleses confirmaban que los agentes perseguían a los alborotadores en Salford, un suburbio de Manchester; la policía admitía que algunos comercios en el centro de esta ciudad habían sido incendiados y que decenas hombres se habían enfrentado a los agentes antes de ser dispersados; que los enmascarados lanzaban ladrillos en West Bromwich. Y también en Birmingham atacaban a periodistas de la cadena de televisión Sky News.
Mohamed Shafik, director de una fundación en Manchester, aseguraba anoche a la cadena BBC que en esta ciudad los jóvenes estaban muy bien organizados y que contaban con líderes que lideraban la revuelta. En Manchester y en la región de las Midlands han tenido algunos días para prepararse mejor.
Los transeúntes pueden ser apedreados por turbas tan pequeñas como agresivas que no tienen en cuenta ni siquiera la avanzada edad de algunas personas: un anciano se halla en estado crítico tras ser atacado cuando intentaba apagar un fuego.
Algunos ya pasaron la madrugada del martes en sus ventanas, desde que a la una de la mañana aparecieron las hordas en el barrio. Ahora, los residentes se proponen estar en alerta para, a la primera señal, avisar inmediatamente a la policía.