Inspirados en la llamada Revolución del Jazmín tunecina, que demostró que un cambio de régimen es posible, el descontento popular de los países del norte de África en contra de los regímenes autoritarios empezó a evidenciarse. El primero en contagiarse fue Egipto, que lleva tres días de protestas; ahora se suman Yemen y Jordania (ver recuadros), donde ya han brotado las primeras manifestaciones, mientras que en Argelia ya está pactada una marcha multitudinaria para el 9 de febrero.
Hay un nuevo ingrediente que facilita la organización de las actuales concentraciones: las redes sociales, a través de las cuales se incentivan las protestas. En Egipto, por ejemplo, hay grupos como Todos somos Khaled Saeed —en referencia a un joven asesinado en junio pasado en Alejandría a manos de la policía—, que tiene 210.000 miembros y que ha venido convocando diferentes manifestaciones contra el gobierno de Hosni Mubarak, al que algunas personas tildan de faraón.
Y es que luego de 30 años en el poder, el autoritarismo, la corrupción y el nepotismo del régimen de Mubarak es evidente. Se dice que su hijo, Gamal Mubarak, podría heredar el poder, mientras en el país crece la pobreza —el 40% de los egipcios viven con US$ 2 al día—, el índice de desempleo ronda el 11% y se incrementa la represión policial.
El Ministerio del Interior anunció que no se permitiría “ningún acto de provocación, manifestación de protesta, marcha o manifestación”. Luego de la advertencia, según datos extraoficiales, cerca de mil personas fueron detenidas y seis murieron en enfrentamientos con las autoridades que intentaban controlar las movilizaciones.
Hoy queda poco de la imagen de héroe nacional que Mubarak se ganó luego de sus gestas militares en la década de los 70 y que le sirvieron para ser nombrado presidente tras el homicidio de Anwar El Sadat a manos de un fundamentalista islámico en 1981.
El recuerdo de su juramento por mantener el camino de la “libertad, democracia y prosperidad” fue ensombrecido por 30 años de gobierno al amparo del estado de emergencia, que ha generado un oscuro círculo de impunidad en torno a su administración. “En este momento hay un sistema presidencialista fuerte con una tradición de herencia del poder dentro del mismo partido. Si bien hay otros partidos políticos y una Asamblea, éstos son oprimidos. Este tipo de gobierno es autoritario”, asegura el historiador especializado en Oriente Medio, Luis Eduardo Bosemberg.
No obstante las fuertes críticas que hoy en día llueven en su contra, este líder conciliador de 82 años tiene varios logros a sus espaldas, como el restablecimiento de las relaciones con la Liga Árabe, que estaban rotas desde 1979 luego de que Sadat buscara la paz con Israel. Mubarak se ha ganado el respeto de los demás mandatarios de la región gracias a su habilidad para mantener la estabilidad de su país en la región.
Aunque todavía es muy temprano para sacar conclusiones del futuro del líder egipcio, hay quienes aseguran que el régimen de Mubarak tiene las horas contadas. Así lo ve Maha Azzam, investigadora asociada del Programa de Oriente Medio y África del Norte del comité de expertos inglés Chatham House, quien dice que aunque a corto plazo es difícil que caiga, si las protestas aumentan durante los próximos meses, “el régimen será retado y el ejército tendrá que analizar si lo sigue apoyando o si está del lado de la gente que busca una reforma política y económica. No creo que el gobierno logre acallar las calles”.
El futuro egipcio está enredado y, aunque las elecciones presidenciales se celebrarán en septiembre, todo puede pasar en el ínterin. Ayer regresó al país el premio Nobel de Paz y líder de la oposición Mohamed el-Baradei con la intención de liderar las protestas y, aunque remota, todavía existe la posibilidad de que Gamal Mubarak herede el poder.
De lo que suceda con Mubarak, considerado el más sólido aliado de Estados Unidos en Oriente Medio, podría depender el futuro de toda la región, la más inestable del mundo. “Mubarak ha sido el presidente de Egipto por 30 años y es uno de los líderes árabes más experimentados. Creo que los otros mandatarios de la zona van a estar pendientes de cómo maneje la situación para entender lo que les podría pasar a ellos mismos. Si Mubarak logra contener las protestas, podrían aprender de esa experiencia para afrontar sus propias crisis”, concluye Tarek Masoud, profesor de Harvard especializado en política de Oriente Medio.
El contagio yemení
Después de Egipto, las protestas más importantes en el mundo árabe se han trasladado a Yemen, al sur de la península arábiga. Impulsados por los partidos de oposición al régimen de Ali Abdalá Saleh, que lleva 32 años en el poder, decenas de miles de yemeníes salieron a diferentes puntos de la capital, Saná, para pedir de forma pacífica la salida de éste e instarlo a que desista de la idea de convertirse en jefe de Estado vitalicio.
Uno de los puntos centrales de las protestas fue la Universidad de Saná, donde, según cifras extraoficiales, se congregaron cerca de 10.000 personas al grito de “No a la reelección, no a la sucesión” o “No a la corrupción ni a la política del empobrecimiento”.
El temor llega hasta el rey Abdalá II de Jordania
La onda expansiva de Túnez también tocó a uno de los países más estables de Oriente Medio. El viernes pasado más de 4.000 personas protestaron en Amán y otras 5.000 salieron a las calles de otras ciudades para manifestar su inconformismo contra el elevado costo de la vida y a favor de las reformas políticas, económicas y sociales. Entre tanto, el partido Frente de Acción Islámica convocó para mañana otra protesta.De momento, el rey Abdalá II instó al gobierno y al Parlamento a acelerar el trámite legislativo: “Todos los funcionarios en cuestión deben asumir sus responsabilidades y tomar sus decisiones de una manera audaz, clara y transparente”.
Dimite canciller
Después de una nueva jornada de protestas en Túnez con el fin de presionar la creación de un nuevo gobierno de transición , ayer renunció al gobierno de Unidad Nacional el ministro de Exteriores tunecino, Kamel Morjani. “Considerando el interés de Túnez y en apoyo a la acción del gobierno de unidad nacional para conducir el país a un futuro estable, he decidido renunciar a mis funciones”, afirmó Morjani después de anunciar la decisión.La dimisión se produjo a pesar de que el presidente interino, Fuad Mebaza, propuso conformar un nuevo Gobierno en el cual sólo el primer ministro, Mohamed Ghanuchi, pertenecería al antiguo régimen.