Este viernes, 21 de febrero, los iraníes acudirán a las urnas para elegir al nuevo Parlamento. Sin embargo, varias sombras amenazan esta jornada que puede estar marcada por la alta abstinencia. Según señalan encuestas los iraníes están cansados de sus políticos y piensan castigarlos no acudiendo a las urnas. Parte del hartazgo de la gente de Irán se acentuó por la situación económica, cada vez más grave, por las sanciones de Estados Unidos. Las tensiones políticas con Washington y Europa por el tema nuclear también agotan.
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En el Gran Bazar de Teherán, Fateme Farhudí, una mujer de 58 años que no va a acudir a las urnas, lamentó en declaraciones a Efe que «excepto las clases altas, que quizás representan un 2 o un 3 % de la población de Irán, el resto está por debajo de la línea de pobreza y está sufriendo una situación muy dura». Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía iraní se contrajo en 2019 un 9,5 % y se espera que en 2020 se mantenga en un crecimiento cero y la inflación sea de nuevo superior al 30
El problema es que son los radicales ultraconservadores los que pueden pescar en río revuelto. Debido a la poca competencia, varios reformistas y moderados quedaron por fuera de la competencia al no ser aprobados por el Consejo de los Guardianes, el órgano que aprueba las candidaturas. Los parlamentarios de línea dura han usado lemas como «Irán con la cabeza alta» y bajo el lema «Salvación de la economía de Irán», que han calado en un sector iraní.
Incluso algunos partidos están negociando unirse para recuperar las mayorías perdidas en las elecciones pasadas, en 2016 cuando por primera vez en la historia decenas de liberales y reformistas llegaron al Parlamento, compuesto por 290 representantes.
Las elecciones pasadas Los comicios de 2016, en los que hubo una segunda vuelta, reformaron al parlamento iraní y lo convirtieron en el más liberal en la última década. Con 121 diputados, la lista de diputados reformistas y moderados que expresó en las elecciones su apoyo a las políticas de apertura a al mundo, reforma económica y mejora de las relaciones con Occidente del presidente Hasán Rohaní, se convirtieron en la fuerza mayoritaria en la cámara.
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Los reformistas, que en 2012 apenas tenían 9 escaños, cimentaron su triunfo con un éxito absoluto en Teherán, la circunscripción más grande y disputada del país, que hoy está más reacia a votar que nunca. En 2016 los reformistas perdieron un centenar de escaños. Y se presentó un logro adicoinal: 18 mujeres, todas reformistas, se convirtieron en diputadas, algo histórico en ese país.
El boicot «No espero nada porque sé que el próximo Parlamento será como los anteriores. Una serie de personas vienen y hacen promesas y, después de cuatro años, dicen que han hecho determinadas cosas, pero el ciudadano no ve nada tangible», comentó a Efe Vahid Nurvatan, un trabajador del sector privado de 40 años.
La mayoría de los ciudadanos, de distintos estratos sociales y profesionales, consultados por Efe en Teherán dijeron que no van a acudir a las urnas porque consideran que su voto es inútil o porque no quieren con el mismo legitimar al sistema.
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En las redes sociales se han difundido campañas llamando al boicot de las elecciones, al que también ha instado la oposición iraní en el exilio, mientras que algunas encuestas apuntan a una participación inferior al 30 %. Sin embargo, el portavoz del Consejo de Guardianes, Alí Kadjodaí, aseguró que la participación no será inferior al 50%. A las legislativas de 2016 acudieron un 62 % de los ciudadanos con derecho a voto, según los datos oficiales.
Se espera poca movilización del bando reformista y moderado a causa de la descalificación de sus candidatos principales, pero también por el descontento de su potencial electorado con la gestión económica del Gobierno de Hasan Rohaní y el incumplimiento de sus promesas de dar mayor libertad social. Ante esta apatía, las autoridades, desde el líder supremo, Alí Jameneí, al presidente Rohaní, han llamado a la población a participar masivamente en los comicios, ya que el voto es una forma de legitimar al sistema teocrático.
«Sin lugar a dudas, esta vez no voy a votar, no quiero más este sistema ni que mi voto lo legitime después de todas las injusticias ocurridas», dijo a Efe Kurosh, un empleado del sector turístico de 24 años, quien denunció tanto la reciente represión policial de las protestas populares como el derribo por error del avión ucraniano.
Sanciones al ente electoral A eso se suma el anuncio de EE. UU., un día antes de las elecciones, en contra cinco responsables del órgano iraní de supervisión de elecciones, luego de que esa entidad inhabilitó a miles de candidatos para los comicios legislativos que se celebran el viernes. Entre los sancionados destaca Ahmad Jannati, un poderoso clérigo acusado de supervisar la descalificación de candidatos desde el seno del órgano electoral, el Consejo de Guardianes de la Constitución.
El ultraconservador también juega un papel clave en un organismo que selecciona al líder supremo del régimen.
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«La administración Trump no tolerará la manipulación de elecciones para favorecer la agenda maligna del régimen, y esta acción expone a los altos funcionarios del régimen responsables de evitar que el pueblo iraní elija libremente a sus líderes», dijo el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, en un comunicado. «Estados Unidos continuará apoyando las aspiraciones democráticas de los iraníes», agregó.
Las sanciones implican que los activos estadounidenses de los funcionarios se congelarán y las transacciones con estas personas serán un delito para cualquier persona en Estados Unidos. Jannati es desde hace mucho tiempo secretario del Consejo de Guardianes, responsable de examinar a los candidatos para el parlamento.
Con información de EFE y AFP