El padre Alejandro Solalinde dice hoy que prefiere mantenerse al margen del caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala (Guerrero). La última vez que visitó Ayotzinapa, el pueblo donde está la escuela a la que pertenecían, algunos de los familiares de los alumnos le impidieron realizar una misa y le reclamaron por decirles a los medios de comunicación lo que sabía: que habían sido quemados en un monte, algunos de ellos vivos, y que las autoridades ya sabían que ese era el fin de la historia. Lo recriminaron —respetuosamente, dice— por no haber conversado con ellos antes de inflamar las noticias sobre el caso que de a poco se convierte en un triste emblema de la masiva desaparición forzada en México (más de 22.000 casos desde 2006).
Solalinde accedió a conversar al respecto con El Espectador, no sin antes aclarar que no es vocero de los estudiantes, ni de los familiares, ni de los desaparecidos. Su historia como defensor de los derechos humanos en México, en especial por el trabajo dedicado a los inmigrantes ilegales que cruzan el país, lo puso en medio de una trama que acumula múltiples intereses políticos y ahora mismo pone en evidencia la participación de agentes del Estado en desapariciones y ejecuciones de civiles. Él sólo cuenta lo que le confesaron los testigos y expresa, en ciertos puntos, sus opiniones.
¿Por qué no pudo dar la misa por la desaparición de los 43 estudiantes, por la que había sido invitado en Ayotzinapa?
Unas familias, y algunos representantes de estudiantes en México, me invitaron a oficiar una misa por la aparición de los 43 estudiantes, la aparición con vida. Yo acepté y pedí permiso a los obispos de la región y me dieron la autorización. Algunos familiares y representantes de estudiantes no habían sido informados de la misa por sus compañeros, y por otro lado me dijeron que no acostumbraban a tener actos religiosos dentro de ese plantel. Yo decidí prudentemente no insistir, pero algunos familiares me invitaron a platicar. Me reclamaron y me preguntaron por qué no había hablado con ellos antes que con los medios y yo expliqué que no tenía ningún contacto con ellos.
¿Le reclamaron agresivamente?
Nunca hubo una falta de respeto para conmigo. Y en esto hago mucho énfasis. Ellos están muy enojados, indignados contra el Gobierno, sobre todo, contra el PRI. Hay mucha confusión y yo espero que esto pase ya, porque es muy triste ver a la gente con tanta incertidumbre. Yo doy mi parte, les ofrecí seguir luchando por la aparición de los 43, pero les dije que no podía abanderar nada ni encabezar nada. Ellos tienen sus liderazgos y yo tampoco tengo por qué ser vocero. Ellos son los responsables del proceso que vaya a seguir en Ayotzinapa y en Guerrero.
Si usted antes había dicho, a la prensa, a la Procuraduría y a la Fiscalía, que los estudiantes fueron quemados vivos, ¿no fue un conflicto interno tener esa información y al mismo tiempo pensar en ofrecer una misa para encontrarlos con vida?
Por supuesto que sí, pero yo apoyo la esperanza de Dios mientras no aparezcan. Y además es una táctica. Una familia me dijo lo siguiente: “El Gobierno nos va a salir un día diciendo: sí, fíjense que sí los quemaron y acá están estos huesitos incinerados que ya está comprobado por el equipo de antropología forense, por el ADN, que sí es su familiar. Entonces aquí tienen estos restitos, aquí está este dinerito y aquí se acabó todo”. Me dijeron que no iban a aceptar eso. Se llevaron con vida a 43 estudiantes, los desapareció la Policía, ¡la Policía! Entonces, como postura de lucha, yo los apoyo, pero en los hechos, ya dentro de poco el procurador, que también les ha hecho creer que están con vida y eso no se vale, tendrá que decirles la verdad.
Pero ¿qué tan verídica es la versión de que están muertos?
Los policías mismos que lo hicieron lo dijeron. Lo hicieron policías y, les guste o no, ese es un crimen de Estado. Dijeron hasta cómo lo habían hecho, cuántos mató cada uno y cómo. Todo esto ya lo dijeron, y también cómo los habían quemado.
Usted tuvo esa información antes que la Procuraduría y la Fiscalía. ¿Cómo se enteró?
Testigos se acercaron a mí porque confiaban en mí. Yo lo dije a los padres de familia: que las personas que se acercaron a mí me dijeron que tenían miedo, que si ellos hablaban y decían estas cosas en Guerrero, los mataban. Ellos estaban seguros de que iban a encontrar, en el mismo Gobierno, personas que los iban a entregar a la muerte. Me dijeron lo que sabían para que lo contara.
¿Cómo lo encontraron esos testigos?
Me buscaron en el Distrito Federal. Las cinco fuentes que me buscaron, sin excepción, fueron en el DF. En diferentes fechas y con diferentes motivos. Todas dijeron la verdad, ninguna me falló.
¿Cuánto tiempo cree que se va a demorar la confirmación de esas versiones?
¿Sabe cuánto tiempo? El tiempo político que sea necesario. Este caso lo están manipulando políticamente. El Gobierno lo supo desde un principio.
¿Cómo fueron entonces los hechos del 26 de septiembre? ¿Podría reconstruir la versión brevemente?
Ellos (los estudiantes) acababan de botear para una actividad que pensaban tener. Iban en camiones que habían tomado prestados. Regresaban a la normal y al pasar por Iguala, donde había un acto de la esposa del presidente municipal, dieron la orden de atacarlos y les tiraron a matar. Fueron tres ataques con armas. Digo a matar, ¡a matar! Varios quedaron heridos, luego se los llevaron y los hicieron caminar. Se los llevaron en patrullas, policías, a un lugar donde están las fosas de Iguala. Ahí los hicieron caminar en subida hasta donde encontraron las fosas, para que después no les costara trabajo subir los cuerpos, y arriba los ultimaron. Unos que se resistieron y protestaron, los mataron a golpes. A los que no, los mataron con un tiro en la cabeza y los echaron a esas fosas: pusieron leña y diésel y los quemaron.
Usted les dijo a los padres todo lo que sabía, pero ellos siguen con la esperanza de encontrarlos vivos. ¿Se negaron a creerle?
Esto les molestó, es verdad. Yo sé que sufren porque el procurador les dice que hay esperanza de encontrarlos con vida. Yo les estoy diciendo lo que sé y lo que está comprobado. Están en una situación difícil, de mucha incertidumbre y mucho dolor. Yo no quisiera estar en su lugar. Es una tortura para ellos.
¿Cómo reaccionaron, entonces?
Sufrieron. Yo les dije: no sé para ustedes qué sea mejor: saber la verdad o tener una esperanza y pensar que puede suceder un milagro. Pero yo no puedo decir tan crudamente dichas cosas.
¿Por qué este caso resulta tan emblemático, si la cifra de 22.000 desaparecidos desde 2006 es escandalosa en sí misma?
Quizá porque es muy visible. La desaparición forzada por parte de agentes del Estado aquí es clarísima. Pero nada más nosotros, en cuestión de migrantes, tenemos más de 10.000 desaparecidos, sólo migrantes, desde 2006. México es un lugar en donde están desapareciendo las personas de manera impresionante, como yo nunca había imaginado. No son solamente los jóvenes de Ayotzinapa, sino desaparecen por todos lados y forzadamente, las más de la veces, por agentes del Estado.
¿El control del ‘narco’ sobre las policías es común no sólo en Guerrero?
Claro que sí, ¡pero por supuesto ¡La policía es plata o bala! Podemos decir que hay pocas regiones en las que no sucede esto. Es lo que el Gobierno no quiere aceptar. En estados como Michoacán, Tamaulipas, obviamente Guerrero, esto ha sucedido. También ocurre en los más altos niveles del gobierno y en el Ejército y en la Marina, en los tres poderes de la unión… donde quiera hay corrupción.
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@Motamotta