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En Siria no para la violencia

Transcurridos cuatro meses desde que las protestas en Siria comenzaron, la situación parece no haber cambiado.

01 de junio de 2011 - 02:21 p. m.
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Los intentos diarios de la población civil por mostrar su descontento con el régimen de Bashar al Asad son reprimidos de forma violenta por las autoridades. De acuerdo con diferentes organizaciones defensoras de los derechos humanos, este escenario ha dejado un saldo de 1.100 muertos y cerca de 10.000 personas detenidas.

El baño de sangre no ha parado desde entonces y cada día que pasa parece ser más indiscriminado. Ayer, el Fondo Mundial de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) reveló que 30 niños sirios murieron luego de que las fuerzas de seguridad del régimen volvieran a intentar disolver una manifestación. “La utilización de balas reales contra los manifestantes provocó la muerte de al menos 30 niños”, dice el comunicado de la organización en el que, sin embargo, reconoce que no tiene cómo verificar las circunstancias exactas del hecho.

El anuncio de Unicef llega pocos días después de que los opositores  adoptaran como símbolo de la revuelta al joven Hamzeh Al Katib, un niño de 13 años “torturado y asesinado” por las fuerzas de seguridad en la ciudad Deraa, al sur de Siria. Esa región ha sido catalogada por la organización Human Rights Watch como la más violenta, toda vez que desde el inicio de las protestas se han registrado matanzas sistemáticas, palizas, torturas con electricidad y detención de personas bajo tratamiento médico.

Mientras tanto, en Antalya, Turquía, la oposición siria inició una reunión de tres días en apoyo a las manifestaciones populares y para pedir el fin del régimen. Durante el encuentro, los líderes calificaron de tardía la decisión del presidente Asad de decretar una amnistía general en el país, posición respaldada por EE.UU. y Francia. “Al que habría que amnistiar es a Asad que ha matado a su pueblo. Se tiene que ir y nada más», declaró el jefe de la delegación de la organización islamista Los Hermanos Musulmanes.

Pero ese no ha sido el único signo de apertura al diálogo  que ha dado el presidente sirio en los últimos días. Ayer, el mandatario estableció un organismo, integrado por el vicepresidente Farouk al-Chareh, altos responsables del partido gubernamental Baas y del Frente Nacional Progresista, que tendrá como misión formular los principios generales de las conversaciones, buscando crear “un clima adecuado para que las diferentes corrientes políticas puedan expresarse y presentar sus propuestas”.
 

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