Los tenían en la mira. Eran cientos de talibanes los que el ejército de Estados Unidos persiguió durante dos días en Afganistán. La ofensiva militar se intensificó cuando los rebeldes se ocultaron en varias aldeas de la provincia de Farah. Entonces, los soldados arreciaron el ataque y, sin pensar en los civiles que vivían en la zona, lanzaron una lluvia de bombas que arrasaron con todo.
Poco después de la operación, la portavoz de la Cruz Roja, Jessica Barry, informó que un equipo de la organización humanitaria encontró debajo de los escombros cientos de cuerpos de civiles destrozados, entre ellos un voluntario de la Cruz Roja que se encontraba trabajando con una familia de 13 personas. La organización humanitaria habla de más de 120 muertos. La policía provincial coincide con Barry y estima que los fallecidos pueden llegar a más de 150. Los talibanes, en cambio, corrieron con suerte, ya que según el jefe de la Policía de Farah, la mayoría de los insurgentes escaparon.
Las autoridades afganas le exigieron a Estados Unidos una explicación. Pero todavía no la consiguen, pues la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, sólo expresó su “profundo pesar por las muertes de civiles”. ¿Y los responsables?