El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Europa: con un futuro impredecible

Los resultados electorales de los últimos días plantean un gran reto en la Eurozona: cómo gobernar en tiempos de crisis.

08 de mayo de 2012 - 05:43 p. m.
PUBLICIDAD

Si, como anuncian los malos profetas del final de los tiempos, se cierne sobre Europa una catástrofe de proporciones apocalípticas, entonces deberíamos recordar que el problema con el final de los tiempos es que nunca es lo bastante apocalíptico. No es cierto que Europa esté cerca del día de su Juicio Final. Más bien deberíamos partir del hecho que el apocalipsis ya ocurrió, pero sus efectos son, como el desarrollo económico, desiguales y perversos.

Para comenzar, no hay tal cosa como una Europa. Por lo menos coexisten dos, más o menos indiferentes la una a la otra: por un lado está la Europa postapocalíptica, de pesadilla, con sus mayorías juveniles desempleadas y sin futuro, deambulando los desiertos de la Eurozona como zombis tras la implosión radioactiva del euro.

En diciembre de 2011, España dejó de ser un país de inmigración para convertirse en uno del cual sus habitantes escapan como si hubiese una plaga. Algunos son absorbidos, canibalizados, por una Alemania robusta que en los últimos meses se ha dedicado a reclutar a miles de jóvenes sureuropeos altamente calificados, lo que le dará una ventaja adicional mientras contempla impávida como los países del sur se hunden en la arena movediza un poco más.

Europa se autocoloniza, y devora a sus hijos. En Grecia, por ejemplo, cada vez son más las voces que solicitan a la comunidad internacional investigar el efecto de las medidas de austeridad impuestas desde Berlín y Bruselas, en particular el alza en la tasa de suicidios, como si se tratase de un genocidio.

Por el otro lado está la Europa privilegiada cuyas élites mantienen una prístina y envidiable perfección. Para ellos, en vez de apocalipsis se trata de continuar ascendiendo a las alturas de un universo privatizado y paralelo, equipado con carreteras bien pavimentadas, escuelas boutique, clubes privados, y hoteles exclusivos en la costa sur. Allí, usted puede tomarse un coctel mientras espera que su pasaporte sea chequeado por las autoridades de inmigración en la lujosa Terminal 5 de Heathrow, evitando las largas colas de dos horas, por la módica suma de £1.600.

La investigación Leveson acerca de las chuzadas por parte del periódico News of the World, del magnate Rupert Murdoch, ha permitido de manera imprevista que podamos dar un vistazo a esa otra Europa de ensueño.

La evidencia ha dejado al descubierto una intrincada red de lazos sociales, familiares y personales entre quienes ostentan el poder económico corporativo, político y las fuerzas de la ley, unida por el dinero, los favores y la camaradería de estatus y clase. Dichos lazos son tan fuertes que, como reportó Gary Younge esta semana, “investigar una parte es observar cómo el tejido completo se deshace”.

Lo que se deshace es el tejido cultural de la sociedad. Younge describió dicha red como un cruce entre Downton Abbey, la popular serie de televisión sobre los acuerdos a puerta cerrada de la aristocracia inglesa, y Los Soprano. Tal es la naturaleza incestuosa de la clase dirigente británica y europea actual, que debe más al ‘todo vale’ de las pseudorrepúblicas postsoviéticas o algunas latinoamericanas, que a una democracia vibrante del siglo veintiuno.

No ad for you

Quizás sea por ello que oligarcas rusos y ciertos aspirantes latinoamericanos se sienten tan a gusto en la capital inglesa. Los primeros, entre ellos hijos de exagentes de la KGB y antiguos funcionarios de la era comunista con innegable sentido de oportunidad, compran los periódicos capitalinos (y contribuyen a las campañas) que luego eligen a sus amigos como primer ministro o alcalde.

Los segundos siguen aspirando. Deslumbrados con la esperanza de obtener algún reconocimiento, cuando menos una visita momentánea a Downton Abbey, colaboran para mantener los intereses extractivos europeos por encima y en contra de los intentos de unidad latinoamericana y reafirmación de su independencia económica.

No ad for you

¿Qué rumbo tomarán estas dos Europas? En las elecciones de la semana pasada, los verdaderos ganadores fueron la abstención y la desconfianza en el sistema democrático. Ello indica que las tensiones van a profundizarse.

Solamente uno de cada tres votantes en Gran Bretaña, el 32%, se molestó en perderse el más reciente reality show para participar en las urnas. Ello puede ser un desastre para la coalición conservadora gobernante, pero es muy preocupante para el laborismo de Ed Milliband. Su partido apenas superó en siete puntos a los conservadores, a pesar del descontento generalizado y la virtual desaparición de los liberales.

No ad for you

Una lección similar parece acompañar los resultados del resto de Europa. El socialista François Hollande derrotó a Nicolás Sarkozy por no más de un millón de votos, y podría enfrentar el ultraderechismo de Le Pen como el principal partido de oposición en la Asamblea Francesa tras las próximas elecciones locales.

Grecia, en el ojo del huracán, dio a los conservadores de Nueva Democracia un frágil margen de ventaja al otorgarles el 18,5% del voto. Pasok, otrora hegemón de la política Griega, obtuvo apenas el 13,4%. Syriza, una coalición de grupos verdes e izquierdistas radicales que se alzó con el 16,6% para convertirse en la segunda fuerza, ha hecho explícito su mensaje antiausteridad. “Ángela Merkel debe saber que su política ha sufrido una derrota humillante”, dijo su líder, Alexis Tsipras, “nuestro mensaje para Europa es que una revolución pacífica ha comenzado”.

No ad for you

¿Revolución? Los socialistas se tomaron la Bastilla para celebrar el triunfo de Hollande, pero no cabe esperar una repetición de 1789, mucho menos 1848. O bien, es el espectro de aquellas revueltas lo que parece contener las aspiraciones de las izquierdas europeas, que al menos por ahora continúan reaccionando a los dictados del verdadero amo, el mercado.

Tras el anuncio de los resultados en Grecia, el mercado de valores cayó un 7,7%, y Ángela Merkel ya advirtió al recién electo Hollande que la política fiscal es innegociable. “La fuerza irresistible de la austeridad alemana acaba de estrellarse contra el objeto inamovible de la resistencia popular”, concluyó el analista Tristan Cooper.

No ad for you

El futuro de Europa es impredecible, pero dos cuestiones hacen de esta una situación definitiva: primero, la insistencia en la meritocracia por parte de quienes gobiernan en tiempos de crisis y al tiempo sacrifican a los jóvenes y los más pobres es una mentira. Segundo, la persistencia de dos Europas constituye un insulto a la idea misma de democracia y una mofa frente a las ilusiones sobre las cuales se sostienen nuestras sociedades y culturas modernas. Nuestro deber es cerrar esa brecha.

Cambios políticos en Europa

* Columnista de El Espectador. Analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres.

Conoce más
Ver todas las noticias