Si algún intruso lo hojeara, se encontraría con cuentas sorprendentes: US$50 mil por enseñar en la Universidad de Santa Clara, California; US$250.000 por 12 discursos proferidos en empresas privadas; y US$120 mil por hacer parte de la junta directiva de una empresa de seguros. Las cifras son sólo una fracción del millón de dólares que el año pasado ganó este ex senador y en otrora jefe de gabinete del gobierno de Bill Clinton, y a las que deberá renunciar para dirigir la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA).
Pero dejar a un lado su cómoda vida de consultoría y oratoria no será lo más difícil que tendrá que hacer este experto en presupuesto y gerencia, de 70 años. Panetta llega a dirigir una agencia con muy poca experiencia en el campo de la inteligencia y espionaje. Y el hecho de haber sido nominado por el presidente Barack Obama por encima de nombres como los de la representante por California, Jane Harman, antigua miembro del Comité de Inteligencia de la Cámara, y John O. Brennan, ex director del Centro de Inteligencia Contraterrorista, causa resquemor en la comunidad de inteligencia.
Pero ambos candidatos “tenían conexiones con programas antiterroristas de la era Bush”, elemento que quiso evitar a toda costa Obama, según el blog político del New York Times. Dada la dificultad para conseguir un candidato con experiencia en la materia, Panetta se convirtió en el mejor candidato, por su experiencia ejecutiva, su capacidad como conciliador bipartidista y su experiencia como Director de la Oficina de Presupuesto y Gasto, donde conoció de cerca los temas de seguridad.
A Panetta no le esperan tiempos fáciles. Obama intensificará la persecución a miembros de Al Qaeda y el Talibán tanto en Afganistán como Pakistán, y esa lucha será cada vez más policiva y menos militar.
Sumado a esto, tendrá que demostrar que el enfoque más humano de la política de seguridad de su gobierno, no hará de nuevo vulnerable el suelo norteamericano a ataques terroristas. Y esto es algo que el Partido Republicano está muy atento a demostrar.
Penetta lo tiene claro, “creemos en la dignidad del individuo, en el imperio de la ley, y la prohibición de castigo cruel e inusual, o no creemos. No hay punto medio” , escribió en The Washington Monthly.