Los islamistas de Egipto, fortalecidos por una victoria aplastante en la primera vuelta de las legislativas, libraban el lunes la batalla de la segunda vuelta contra los liberales, pero también en su propio seno, en un duelo entre Hermanos Musulmanes y salafistas (fundamentalistas).
Si bien el conjunto de los movimientos islamistas registran oficialmente un 65% de los votos, la influyente cofradía de los Hermanos Musulmanes (36,6%), la fuerza política más estructurada del país, trata de marcar distancias con los salafistas de Al Nur, que provocó la sorpresa en la primera vuelta con un 24,3% de los sufragios.
Este lunes y el martes, los dos movimientos se disputarán unos veinte escaños en un tercio de las gobernaciones de Egipto donde se vota en la segunda vuelta, entre ellas las dos mayores ciudades del país, El Cairo y Alejandría.En Alejandría (norte) se prevé un duelo particularmente ajustado entre los Hermanos Musulmanes y salafistas.
Al Nur se formó en esta ciudad poco después de la caída de Hosni Mubarak, pero la cofradía está implantada allí desde hace tiempo.
Las legislativas están organizadas en tres zonas geográficas que se pronuncian una tras otra.
La elección de los diputados se desarrolla hasta enero, y luego se hará la de los senadores hasta marzo.
Unos 50 millones de electores de un total de 82 millones de egipcios están convocados para votar y elegir 498 miembros de la Asamblea Popular (cámara de diputados).
Otros diez otros serán nombrados por el jefe del Ejército y jefe del Estado de facto, el mariscal Husein Tantaui.
Un tercio de los escaños de la Asamblea Popular serán designados a través de un votación a dos vueltas, los dos tercios restantes están atribuidos a listas electas a la proporcional.
En esta primera etapa del escrutinio, los liberales, que aparecen como los grandes perdedores, van a tratar de recuperar algo de terreno, en particular en El Cairo.
El Bloque Egipcio, principal coalición liberal, obuvo 13,3% en la primera vuelta.
El conjunto de los liberales, divididos en seis listas, alcanzan 29,3%, pero siguen muy divididos para representar un grupo homogéneo frente a la avalancha islamista.
En el elegante barrio de Zamalek de El Cairo, las esperanzas están puestas en el candidato liberal Mohamed Abu Hamad, que enfrenta al candidato de los Hermanos Musulmanes.
«Voté por Hamad. Si no gana aquí, no se dónde podrán ganar los liberales», afirmó Amr al Gidaui, un abogado.
Las dos próximas etapas de las legislativas se efectuarán en un Egipto tradicional y dejarán pocas posibilidades al campo laico.
El avance de los salafistas,, más intransigentes que los Hermanos Musulmanes -que se presentan como moderados- tomó por sorpresa a la cofradía y provocó temores en los medios laicos y coptos (cristianos de Egipto).
El portavoz de los Hermanos Musulmanes, Mahmud Ghozlan, llamó «a no poner a todos los islamistas en el mismo saco», en referencia a Al Nur.
Los salafistas se diferencian en su aspecto de los Hermanos Musulmanes por su larga barba y su traje tradicional y porque la mayoría de las mujeres llevan el niqab, el hábito que las cubre totalmente de la cabeza a los pies y que solo deja una apertura para los ojos.
Fortalecidos por su éxito electoral, han multiplicado las declaraciones en favor de un islam riguroso, similar al vigente en Arabia Saudí.