Para mediados del mes pasado, la planta nuclear de Fukushima Daiichi, en Japón, volvió a ser noticia, una triste y preocupante noticia: al menos 300 toneladas de agua contaminada con materiales altamente radioactivos se filtraron desde un tanque de almacenamiento al subsuelo. Teóricamente, parte de esta agua podría alcanzar el océano Pacífico a través de canales subterráneos.
Algunas mediciones aseguran que la radiación detectada en los tanques de almacenamiento de agua es 18 veces mayor de lo que se había pensado, una cantidad que, se estima, podría matar a un ser humano en cuatro horas.
Después de intentar varias soluciones para contener la radiación en la planta, el gobierno japonés anunció esta semana la inversión de US$500 millones para intentar aislar por completo las fugas de agua contaminada, luego de los intentos fallidos de Tepco, la empresa encargada de manejar la planta e intentar desmantelarla.
La solución es la construcción de una especie de sarcófago de hielo debajo del complejo de reactores nucleares de la planta. Después del terremoto y el tsunami de 2011, tres de los reactores quedaron severamente averiados debido a fallas en su sistema de enfriamiento.
El panorama actual de Fukushima es el siguiente. Los reactores dañados, con el combustible nuclear aún dentro, deben ser enfriados constantemente con agua. Por otro lado, la central cuenta con una corriente subterránea que se dirige hacia el océano, en una ruta que expone el agua tanto al material contaminado que se está filtrando desde los tanques de almacenamiento como al que se usa para enfriar los reactores. Las cifras oficiales aseguran que, bajo este escenario, se producen 400 toneladas de agua contaminada cada día.
El plan del gobierno japonés representa una solución agresiva que, si bien se utiliza en excavaciones profundas para estabilización del terreno, parece no haber sido intentada nunca a esta escala y con material radioactivo de por medio.
La idea es enterrar tubos de acero a una profundidad de casi 30 metros, con un metro de distancia entre cada uno, aproximadamente. Este procedimiento debe trazar un perímetro de casi 1.500 metros alrededor del complejo de reactores.
Una vez se haya completado esta fase se pone en circulación un líquido congelante a través de los tubos. La sustancia corre a través de un enfriador para disipar el calor que extrae del suelo. El proceso comienza por crear hielo alrededor de los cilindros de metal para después extender el congelamiento entre cada uno de éstos elementos, formando así un muro que, según algunos cálculos, podría tener dos metros de espesor. La función de esta barrera (que podría tomar hasta dos meses en consolidarse) es evitar que la corriente subterránea que circula en Fukushima entre en contacto con el agua que se usa para enfriar los reactores.
Además se está construyendo un segundo muro de hierro en las cercanías del océano para evitar que la corriente de agua que circula debajo de la planta llegue al Pacífico. Esta segunda barrera podría estar terminada para el próximo año.
Las posibilidades de aislamiento y contención del material radioactivo en Fukushima y sus alrededores han probado ser un verdadero dolor de cabeza para las autoridades. De acuerdo con algunos reportes, en poblaciones cercanas las labores de descontaminación aún se desarrollan, pero la confianza pública en estos trabajos parece haber decaído, algo que dificultaría el repoblamiento del área, necesario en un país en el que el espacio habitable es algo escaso.
Los problemas en Fukushima pueden tener duros efectos para el gobierno japonés, que recientemente ha abogado por la posible reactivación de la energía nuclear para suplir la demanda energética del país. Actualmente, sólo dos de los 50 reactores funcionales de Japón están operando y uno de ellos fue apagado esta semana para una inspección de rutina; el otro seguirá el mismo camino a mediados de este mes.
El impacto de las filtraciones en la central nuclear también podría sentirse en la escogencia de la ciudad que será sede los Juegos Olímpicos de 2020, competencia en la que Tokio (ubicada a 224 kilómetros al sur de Fukushima) se enfrenta a Madrid y Estambul. La decisión será anunciada el sábado.
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@troskiller