En una intervención en la ciudad de Ubari, en el suroeste de Libia, Gadafi -que mantiene estrechas relaciones con los tuareg- les conminó a no “malgastar el tiempo y hacer daño a los niños y a las mujeres en el Sahara sin necesidad”.
Recalcó que Níger y Mali, al igual que Mauritania, Argelia, Chad o Libia son estados musulmanes que “representan el peso islámico de África”.
“Esto no es imperialismo o una invasión extranjera. Yo digo a mis hermanos: si hubiese un beneficio o una necesidad para empuñar las armas, yo sería el primero en proporcionároslas y luchar con vosotros”, aseveró.
El líder libio instó a los tuareg a participar en las elecciones y a luchar contra el contrabando y la delincuencia en el Sahara.
Libia mantiene una especial influencia sobre los tuareg y ha actuado en varias ocasiones de mediador entre éstos y los gobiernos de los países del Sahel.
Tanto en Malí como en Níger los rebeldes tuareg, que demandan mayor autonomía y el desarrollo económico de las regiones que habitan en el desierto, reanudaron en 2007 sus enfrentamientos con los ejércitos de ambos países.
Los grupos rebeldes de Malí llegaron a un acuerdo con las autoridades de Bamako en Argel el pasado 21 de julio por el que ambas partes se comprometieron a cesar los ataques y a liberar a los detenidos.
En virtud de ese acuerdo, este domingo, con la mediación de Argelia, los tuareg liberaron a 26 soldados malienses que habían capturado en la región de Kidal en el norte del país.
Sin embargo, el Gobierno de Níger ha rehusado hasta el momento negociar la paz con los tuareg hasta que no depongan las armas.
Los rebeldes de Níger reclaman que al menos el 30 por ciento de los cuantiosos ingresos en uranio del norte del país se inviertan en la región, habitada fundamentalmente por poblaciones tuareg.