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Haití, de nuevo en el olvido

La ayuda internacional prometida para reconstruir a esta nación todavía no llega.

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Caminar hoy por la capital de Haití es como regresar seis meses en el tiempo. Al 12 de enero de 2010, cuando un terremoto de 7,6 grados en la escala de Richter lo echó todo abajo. Los más de 20 millones de metros cúbicos de escombros que dejó el temblor permanecen en las calles. Parece que el temblor hubiera sido ayer y que el mundo apenas se estuviera enterando de la tragedia.

Transcurridos seis meses del devastador movimiento telúrico, que dejó 250.000 muertos y más de 300.000 heridos, las promesas de cooperación internacional todavía no se concretan. La desolación y desesperanza se apoderan de los sobrevivientes de la nación más pobre del hemisferio occidental, quienes acostumbrados al olvido internacional levantaron improvisados campamentos con palos, varillas y pedazos de paredes y techos que encontraron en cualquier esquina.

Cuando los noticieros mostraron la magnitud de la tragedia, la comunidad internacional se comprometió a donar más de US$9.900 millones para la reconstrucción del país. Estas ayudas, sin embargo, parecen llegar en forma cada vez más lenta y han llevado a que líderes mundiales como el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, manifiesten su descontento.

“Estoy al tanto de la situación de la entrega de ayuda a los necesitados en Haití y me preocupa que el programa de asistencia no haya progresado con la velocidad planeada”, expresó Ban Ki-moon durante una conferencia en la sede de Naciones Unidas de Nueva York.

La tardía conformación de la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití (CIRH), que presiden el enviado especial de Naciones Unidas para Haití, el ex presidente estadounidense Bill Clinton, y el primer ministro haitiano Jean-Max Bellerive, también ha sido blanco de críticas.

El organismo que se encargará de seleccionar y autorizar el desembolso de los recursos que administra el Banco Mundial para los proyectos que se ejecutarán en la próxima década en Haití recién inició labores el pasado 17 de junio.

Nubes negras

Con el comienzo de la temporada de huracanes (1º de junio) la situación podría ser aún peor. De las 125.000 viviendas de transición, ofrecidas por Naciones Unidas, Canadá, la Unión Europea, España, Reino Unido y la Cruz Roja, sólo 3.777 han sido levantadas, lo que deja a millones de personas en riesgo. Si bien es cierto que la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (Minustah) y otras agencias de la ONU realizan trabajos a contrarreloj para trasladar a zonas seguras a los refugiados, lo cierto es que muchos están viviendo en zonas de alto riesgo de inundación.

En medio de los traslados y las promesas de la comunidad internacional, la víspera de la conmemoración de los seis meses del terremoto les llegó a los haitianos con la celebración del Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010, que viven como propio y les sirvió para olvidar temporalmente la tragedia.

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Una veintena de pantallas para observar los partidos fueron acondicionadas por la Minustah. Y fueron los partidos de fútbol los que le dieron una tregua al presidente René Préval, blanco de manifestaciones y protestas por el manejo que les dio al terremoto y a sus consecuencias.

“Haití es muy fanático de Brasil y cada vez que ganaba la gente salía a las calles a hacer una verdadera fiesta”, declaró a El Espectador Richard Widmaier, director de la emisora Radio Metropole. Brasil y Argentina son las dos selecciones que mayores pasiones despiertan en Haití, cuya selección logró clasificar por primera y única vez a la Copa Mundial de Fútbol de 1974 en Alemania. Según reportes de la prensa haitiana, la derrota del conjunto brasileño 2-1 ante Holanda ocasionó cuatro muertos.

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La fiebre mundialista también ha sido promovida por la Minustah, que organizó además un campeonato local de jóvenes en Puerto Príncipe en el que involucró a toda la comunidad, que ha tenido que decorar cada una de las zonas donde viven con los colores de las 32 selecciones que participaron en la Copa Sudáfrica 2010.

No obstante a que las celebraciones han traído un poco de alegría al país, el Mundial ayudó a que la atención internacional sobre el drama humanitario internacional en Haití siga decreciendo, de la misma manera que ha pasado en otras ocasiones en la que las grandes tragedias de los haitianos pasaron de ser el principal titular a ni siquiera aparecer.

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Las grandes cadenas de medios internacionales, que tras el terremoto inundaron las calles, el aeropuerto y albergues, ya no hacen presencia en el primer país en conseguir su independencia en América Latina, en el que pocos se atreven a vivir o regresar.

Estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) dan cuenta de que en Haití, afectado por décadas por dictaduras y gobiernos corruptos, los niveles de pobreza se devolvieron a los registrados en 2001, que eran del 71% de pobreza moderada y 50% de pobreza extrema.

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El evento, además de provocar la salida de medios, diplomáticos, de la comunidad internacional que allí residía y de agudizar los problemas de miseria y de estabilización, ha disparado la diáspora de cientos de haitianos que han emigrado en la mayoría de casos a buscar un mejor futuro en los países cercanos caribeños y Estados Unidos.

Sólo en República Dominicana, país con el que Haití integra la isla de La Española, análisis de Naciones Unidas indican que luego del terremoto migraron unos 200.000 haitianos, que se sumaron al cerca de un millón que ya existían en el país y que laboran mayoritariamente en los sectores agrícola, de construcción, comercio informal, doméstico, entre otros.

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La situación mantiene en alerta al gobierno dominicano, que en cabeza del presidente Leonel Fernández ha asumido el liderazgo de los distintos foros que hasta el momento se han efectuado para discutir el proceso de reconstrucción de Haití.

Además del tema migratorio, a República Dominicana le preocupan los problemas de seguridad que pueda traer a su país la llegada de algunos de los más de 4.200 presos que huyeron de las cárceles en Haití tras el terremoto y que ya empiezan a sembrar terror y violencia en los campamentos de refugiados.

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“Es un tema que con las fuerzas de la Minustah estamos enfrentando, apoyando a la Policía Nacional de Haití, pues muchos de ellos quisieron cruzar la frontera con República Dominicana y los pudimos arrestar antes de que lo hicieran”, expresó recientemente sobre el caso el jefe de la Minustah, Edmond Mulet, en una visita hecha a Santo Domingo.

Del total de los presos que huyeron, las autoridades haitianas y la Minustah sólo han logrado la recaptura de unos 300, muchos de los cuales han sido detenidos en campos de refugiados. El tema de seguridad forma parte de la lluvia de tareas que debe empezar a resolver el gobierno haitiano y a las que también se suma las elecciones generales del próximo 28 de noviembre, que deberá organizar de la mano del Consejo Electoral Provisional (CEP) y la Organización de Estados Americanos (OEA).

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Mucho es el trabajo que hay que hacer en Haití, un país que se convirtió en uno de los principales retos de la comunidad internacional y organismos multilaterales, que buscarán salir bien librados de una crisis que, aunque amenaza con acrecentarse, también puede convertirse en una solución a los históricos problemas que han afectado este Estado.

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