Al viajar a China, acompañado de sus más fieles colaboradores para difundir el discurso y la praxis política del nuevo Brasil, Temer dejaba atrás su bajísima popularidad, las protestas en su contra en las principales ciudades del país y la sombría decisión de los senadores brasileños en una expresiva votación en favor de la destitución de Rousseff. Dejaba también a su amigo y aliado Eduardo Cunha, ad portas de una sesión parlamentaria que definirá si será o no destituido, la valentía de la expresidenta Dilma Rousseff en un interrogatorio que duró quince horas, las lágrimas del abogado de Dilma Rousseff al concluir que no había nada que hacer ante la maniobra política orquestada por el poder legislativo brasileño.
Al subir en un avión rumbo a China, Michel Temer con seguridad era consciente de que había dejado la democracia brasileña en la esquina de la historia y a los brasileños en la mayor incertidumbre de los últimos tiempos. Pero ¿qué importa esto en el pobre proyecto de Brasil de Temer y sus comparsas?
Al llegar a China, algunos actos bochornosos ocuparon las páginas de los medios exhaustos de tanta corrupción y de tanta negociación política. Inmediatamente después de su toma de posesión, en su página oficial ya no podría haber símbolos o demostraciones de repudio, los usuarios que entraban deberían antes que todo clicar el ícono like, lo que da la impresión de que la censura retorna gradualmente en el país, dejando al margen una de las conquistas democráticas más significativas para el pueblo brasileño: la libertad de expresión. Pero ¿qué significa esto ante el muro de contención erigido por los partidos políticos tradicionales con el objetivo de una exitosa elección en 2018 o en 2020? Todavía está por verse.
Durante la reunión del G20, Temer fue saludado por un importante empresario asiático con un “Hola, señor Fuera Temer” que se tornó viral en las redes sociales, porque en realidad resumió el pensamiento y el deseo de millones de brasileños dentro y fuera de Brasil. La actitud del empresario chino fue justificada por la ausencia de apoyo de un traductor. No obstante, será inmortalizada así como los abucheos del Maracaná durante la inauguración de los Olímpicos y de los Paralímpicos.
En las calles, nadie está pidiendo el retorno de Dilma Rousseff, pero las voces se juntan en pro del “Fuera Temer” y “Elecciones generales”. En las manifestaciones en la fecha nacional de Brasil, el 7 de septiembre, hubo protestas y represión en varias ciudades del país.
Sin embargo, otro momento de lucidez de los organizadores del G20 fue cuando ubicaron al presidente Temer en uno de los lugares más insignificantes en la foto oficial. En años anteriores, los expresidentes Lula da Silva y Dilma Rousseff compartían la foto al lado de los grandes estadistas del mundo, mientras Temer fue puesto en un costado.
Como en la diplomacia nada ocurre por mera casualidad, pareciera ser que el Brasil de Temer, al contrario de lo que esperaban los que se autoproclamaron salvadores de la patria, perdió poder, liderazgo y confiabilidad.
En realidad, “Hola, señor Fuera Temer” es símbolo de esperanza de días mejores. En 1964, los militares llegaron al poder para estabilizar el país y duraron 21 años. No se sabe cuánto tiempo Temer y sus aliados permanecerán en el poder, pero se pueden estimar los daños que harán a Brasil, al pueblo brasileño y a América Latina y al Caribe.