Un completo secretismo se tomó las instalaciones de un hotel de Tegucigalpa, la capital hondureña, donde por largas horas se reunieron las delegaciones de Manuel Zelaya, presidente derrocado, y Roberto Micheletti, mandatario de facto, para encontrarle salida a la aguda crisis política en que se sumió el país tras el golpe de Estado del 28 de junio pasado.
Ese esfuerzo de diálogo se había deshecho en los últimos meses por una cuestión fundamental: el futuro político de Zelaya.
Los partidarios de Micheletti y el gobierno de facto se opusieron desde un principio a la restitución del presidente depuesto, mientras éste, contando con el apoyo de un grupo de naciones suramericanas, reclamaba que toda negociación debía partir con su regreso al poder.
Y el miércoles, entre recesos de cuatro horas en los que la delegación de Zelaya se dirigió a la embajada de Brasil para hablar con el político, los voceros de ambos extremos llegaron a un acuerdo.
“Hemos logrado consensuar un texto único que será sometido a la discusión y análisis del presidente Manuel Zelaya Rosales y del señor Roberto Micheletti”, dijo Víctor Meza, ministro de Gobernación durante el derrocado gobierno, pero no entró en detalles sobre su contenido.
“El acuerdo de las comisiones es mantener en discreción ese texto hasta tanto se conozca en directo la opinión de los mandantes”, agregó.