Los colegios electorales abrieron a las 8:00 a.m. en todo Irán, según informaron los medios estatales. Pero la pelea en estas legislativas no está tanto en quién de los 3.467 preseleccionados por el Consejo de Guardianes logra uno de los 290 escaños del Parlamento, sino en cuántos iraníes apoyan al régimen con su participación. El propio líder supremo, el ayatola Alí Jamenéi, reconoció que ésta era “vital” para garantizar la seguridad del país, luego de depositar su voto a primera hora.
En un gesto significativo, la agencia Fars previó en la víspera una participación del 65,5%. Menos del 60% hubiera sido una derrota para el régimen, coincidían los observadores, y fue ese el porcentaje ponderado que al final del día entregó el Gobierno. Sin embargo, la página web reformista Kalame no contempló más allá de un 10%.
Los simpatizantes del Movimiento Verde —nacido en 2009 tras un supuesto fraude en las elecciones que dieron el aval a la reelección del actual presidente, Mahmud Ahmadineyad— decidieron boicotear los comicios dado que sus principales líderes, Mir Husein Musaví y Mehdi Karrubí, siguen bajo arresto domiciliario sin cargos.
El régimen hizo frente a un dilema para estos comicios. Por un lado, necesitaba la participación que lo legitimara. Por otro, temía que una campaña viva y con debate diera lugar a nuevas manifestaciones de descontento, como las que siguieron a la controvertida victoria de Ahmadineyad sobre Musaví y Karrubí.
Así, tras reducir al mínimo la parafernalia electoral previa, en el tramo final aceleró sus esfuerzos para animar al voto. Los directores de los medios recibieron instrucciones al respecto y Teherán se llenó de carteles en los que se aseguraba que si votaba “menos del 50%, EE.UU. podrá atacar con facilidad a Irán”. En el culmen de la manipulación, esa información se atribuyó a diversos medios extranjeros. Incluso PressTV, el órgano de propaganda en inglés del régimen, aseguró que “EE.UU. tiene pánico a la participación de los iraníes en las elecciones”.
Sin embargo, el voto no es tampoco un signo de respaldo al régimen. Muchos iraníes acudieron a las urnas para evitarse problemas, sobre todo entre los funcionarios, los estudiantes y todos aquellos que necesitan realizar gestiones con organismos oficiales. Sus shenasnameh, una especie de libro de familia, son sellados en cada elección.
En Teherán, la única ciudad donde la presencia de algunos periodistas extranjeros y diplomáticos permitió hacerse una idea, se repitió el esquema habitual: colas en los colegios electorales de los barrios populares (donde el régimen encuentra sus principales apoyos) y escasa presencia en las zonas de clase media. Contra lo esperado, los barrios de clase alta están ahora ocupados por nuevos ricos que se benefician del sistema.
La votación duró hasta las 6:00 p.m. No se esperaba que hubiera resultados hasta hoy.