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La batalla por Ucrania

Estados Unidos y la Unión Europea preparan sanciones económicas contra Rusia. Hoy llega a Kiev el secretario de Estado norteamericano.

03 de marzo de 2014 - 10:53 p. m.
La recepción del buque insignia de la Flota del Mar Negro en el puerto de Sebastopol (2008). / AFP
Foto: AFP - Vasiliy BATANOV
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Crimea está perdida, o al menos eso parece. El lunes, la avanzada rusa había terminado por hacerse con el control operacional de la península. Se estima que al menos seis mil unidades militares rusas se encuentran en la región y que, además del aeropuerto de Simferopol, capital de Crimea, y el puerto de Sebastopol (en donde atraca la Flota del mar Negro), los rusos tomaron la estación del ferry del canal de Kerch; algunos reportes aseguraban que en el lado ruso del cruce se estaban alineando vehículos militares para ser transportados a la península.

La batalla, entonces, es por Ucrania. Desde el sábado se han registrado incidentes en ciudades como Donetsk y Járkov: choques entre manifestantes prorrusos y proucranianos que no han dejado muertos hasta el momento, pero sí más de 60 heridos, esto sólo en Járkov. A estos lugares hay que sumar a Odesa (puerto sobre el mar Negro a donde se habría retirado parte de la armada ucraniana que estaba estacionada en Crimea) y Lugansk, ciudad cercana a la frontera con Rusia.

Las manifestaciones continuaron ayer y esta vez incluyeron el acceso violento a edificios de la administración local y la izada de banderas rusas al tiempo que los manifestantes gritaron: “Referendo, referendo”. En Odesa la concentración de manifestantes prorrusos superó las tres mil personas. En la tarde, Oleksandr Turchynov, presidente interino de Ucrania, aseguró que las autoridades habían recobrado el control del sur y el este del país.

Las manifestaciones son un claro indicador del clima de tensión e inestabilidad que reina en un país que se divide, casi simétricamente, entre dos mundos: Ucrania (y con ésta, Europa) o Rusia. Aunque Moscú asegura que envió tropas para proteger a sus ciudadanos en la península (no resulta claro aún cuál era el peligro para una población que representa más de la mitad de los habitantes de Crimea), Rusia puede estar jugando una mano aún más peligrosa. El sábado, los legisladores rusos le entregaron a Vladimir Putin luz verde para usar la fuerza hasta “que se restituya el orden constitucional”, informó el diario local Kyiv Post.

Rusia no reconoce la autoridad del gobierno provisional que se formó después de la destitución de Víktor Yanukóvich, quien está en la ciudad rusa de Rostov del Don (cerca de la frontera con Ucrania), desde donde continúa diciendo que él no ha sido depuesto; en contra del exmandatario pesa una orden de captura de las autoridades ucranianas.

Esto ha llevado a cierta especulación acerca de las verdaderas intenciones de Rusia: tomar Crimea (un territorio que fue ruso desde tiempos de Catalina la Grande) o hacerse con el este de Ucrania (donde buena parte de la población ve a Rusia como símbolo de protección y prosperidad).

Sin disparos, aunque con celeridad y determinación, la invasión rusa intentaba ser manejada por la vía diplomática. Una estrategia que tiene hoy en Madrid (España) al ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, quien dialogará sobre la situación en Ucrania con el rey Juan Carlos; el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, y Catherine Ashton, jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), organismo que aseguró que detendría el proceso de exención de visas para ciudadanos rusos, una medida que viene estudiándose desde 2007.

Inglaterra, por su parte, anunció que demoraría los permisos de entrada para los ejecutivos rusos (al tiempo que afirmó descartar el uso de la fuerza). Entre tanto, Estados Unidos suspendió ayer toda cooperación militar con Rusia, lo que incluye encuentros bilaterales, maniobras militares conjuntas, conferencias previstas y visitas a puerto, informó el Pentágono en un comunicado.

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Algunos legisladores estadounidenses le han pedido al presidente Barack Obama que lidere la expulsión de Rusia del G8; este movimiento requiere el apoyo de Alemania, que no está de acuerdo con la medida (los alemanes son de los mayores consumidores de gas natural ruso). Ningún senador o representante ha pedido una intervención militar con fuerzas estadounidenses.

La imposición de sanciones económicas contra Rusia puede resultar riesgoso para ambas partes, ante la creciente interdependencia de los mercados: por ejemplo, Siberia es el punto de origen de un cuarto del petróleo y gas natural que consume Europa, según cifras de la revista Forbes.

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Además de su ejército, el gran arsenal de Rusia es su poder energético. Gazprom, empresa de gas estatal de Rusia, le advirtió a Ucrania que el precio del combustible puede subir después del primer cuarto de este año. Este país recibe un descuento de casi US$150 por cada 1.000 metros cúbicos en gas natural de Rusia, de donde importa la mitad de su consumo energético.

La advertencia se extiende al resto de Europa. Un portavoz de la empresa aseguró ayer en una reunión con inversionistas en Londres que “Gazprom ha incrementado su participación en mercados europeos (…) y no vemos señales de que esta situación vaya a cambiar en el continente”.

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Al margen de las sanciones, Alemania le propuso a Putin que considere la intermediación de Europa a través del envío de una comisión que verifique la situación en Crimea y ofrecezca estabilidad en la región; este equipo estaría en cabeza de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. La propuesta, según algunos reportes, no fue rechazada por el presidente ruso.

Pero la diplomacia tiene hoy pocos caminos por recorrer en Crimea e incluso algunos consejeros del presidente Obama han asegurado que la propuesta alemana tiene pocas probabilidades de detener, o dar reversa, a la invasión de Crimea, según The New York Times.

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Los riesgos para Rusia son altos y las ganancias de su movimiento, aunque no escasas, parecen ser insuficientes. De lograr la separación de Crimea (más una posible anexión a Rusia), el próximo gobierno ucraniano (que será elegido el 25 de mayo) es probable que suba al poder con un discurso cargado de nacionalismo y, de paso, con miras a integrarse prontamente a la Unión Europea, razón primordial que desató la crisis en el país desde noviembre de 2013. Además, la presión militar de los rusos podría alimentar el avance de la OTAN en países que antes eran parte de la Unión Soviética, como Georgia, una jugada que desagradaría a Moscú luego de la guerra de 2008 que terminó con la separación de Osetia del Sur, hasta ese momento una región autónoma georgiana y hoy con reconocimiento diplomático por parte de Rusia.

¿Ultimátum?

El portavoz del Ministerio de Defensa de Ucrania, Vladislav Seleznev, aseguró que las fuerzas rusas habían lanzado un ultimátum, amenazando con un asalto si las tropas ucranianas no se rendían. Según el militar, a las 10 de la noche, hora colombiana, las tropas de Ucrania en Crimea serían atacadas hasta lograr su rendición. “El ultimátum pide reconocer las nuevas autoridades de Crimea, deponer nuestras armas e irnos o prepararnos para un asalto”, dijo a la AFP Vladyslav Seleznyov en Simferopol, la capital de Crimea. Sin embargo, dicha versión fue desmetida. “Es un disparate total”, indicó un representante ruso.
Las autoridades ucranianas acusan a Rusia de continuar mandando tropas de forma masiva a Ucrania, donde en las últimas 24 horas aterrizaron 10 helicópteros de combate y ocho aviones de transporte.

 

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