En la primera vuelta en las elecciones presidenciales de Chile, en noviembre pasado, Sebastián Piñera partía como el candidato favorito a ganar, pero tropezó sin obtener la votación esperada. Obtuvo el 37% de los votos, seis puntos abajo que sus contendores de centro izquierda.
Sin embargo, en la segunda vuelta Piñera obtuvo 1.4 millones más de votos. Muchos de esos electores se habían abstenido en la primera ronda pero fueron los que le dieron la cómoda victoria. Lea también: 2018, el año de las elecciones en Latinoamérica
Gran parte de estos que le otorgaron de nuevo la presidencia a Piñera, en diciembre pasado, son de la clase media chilena que temían que un gobierno de izquierda, representado por el candidato Alejandro Guillier, llegara al poder de una de las economías tradicionalmente más grandes de América Latina, que ha presentado un último cuatrienio de contracción económica (2017 cerró con 1.4% ce crecimiento).
Sin embargo, antes de saber quién llegaría a la presidencia del país austral, se sabía que este 2018 Chile presentaría mejores condiciones económicas.
Uno de estos factores está impulsado por su producto insigne de exportación, el cobre, que va al alza desde finales de 2016 y que cerró el 2017 con un precio promedio por libra de 2,77 dólares, y que se espera alcance un promedio este año de 2,98 dólares.
Este año en Latinoamérica se comienza una serie de elecciones presidenciales que tiene como telón de fondo un lento crecimiento económico en toda la región y la indignación y enojo de la población por causa de los crecientes escándalos de crimen y corrupción dentro de las distintas esferas gubernamentales.
Aunque el impacto político directo de la clase media aún está lejos de ser directo, si es claro que episodios como las pasadas elecciones chilenas son un recordatorio de una clase media en crecimiento y con más poder de decisión e influencia en la política como nunca en la región.
El Banco Mundial considera que alguien pertenece a clase media si tiene ingresos diarios entre 10 y 50 dólares. Bajo esta medida, el 34% de los latinoamericanos en 2015 eran parte de esta clase trabajadora, frente a un 21% en 2003, así lo concluye un artículo del diario inglés The Economist.
El diario inglés atribuye este crecimiento de la clase media en la región gracias a la expansión de la cobertura de la educación y la adquisición cada vez más de bienes duraderos, desde computadores y carros, hasta pantallas de televisión.
Según el Latinobarómetro, el 42% de los latinos se consideran de clase media. Lea también: Grupo de Lima rechaza elecciones convocadas por el oficialismo en Venezuela
Esta clase media, dice también el medio británico, se caracterizaba en el pasado por estar compuesta por empleados públicos e independientes. Ahora la conforman sobre todo trabajadores del sector privado, como también administradores, técnicos y propietarios de péqueños negocios, sectores de más crecimiento en la región gracias a la creciente economía globalizada.
Samuel Huntington, el famoso politólogo estadunidense del “choque de civilizaciones”, afirmó en 1968 que la “verdadera clase revolucionaria” en sociedades en proceso de modernización era la clase media, que a medida que crecía se volvía más conservadora.
Es confusa la vía que parecen tomar las clases media en la región.
Históricamente en Latinoamérica, los sindicatos tendían a unirse contra una clase oligarca dominante, lo que fue contrarrevolucionario, pues las fuerzas militares se unían para contrarrestar las fuerzas de izquierda, apoyados por las clases medias que temían la inestabilidad con la llegada de la izquierda al poder.
En Brasil, las fuerzas de derecha acusan a la izquierda de falta de administración y le impugnan toda la culpa de la inestabilidad económica y política por la que atraviesa el gigante sudamericano, al igual que son los protagonistas de los escándalos de corrupción más grandes de la historia reciente de la región.
Sin embargo, se sabe que las clases medias bajas aman a Lula y son el fortín de su Partido de los Trabajadores, pues asocian al mandatorio con créditos educativos y de vivienda más baratos y los años de más crecimiento económico del Brasil.
Las clases medias demandan hoy mejores servicios, más calidad en la educación y políticas de salud más efectivas. Sergio Bitar, ex ministro del gobierno de Michelle Bachelet, afirmó a The Economist, que existe una oscilación en las exigencias de la clase media de la región entre un “déjenme progresar” pero “protéjanme si fallo”.
En Bolivia, por ejemplo, una clase media mestiza creció durante el gobierno de izquierda de Evo Morales, que está en el poder desde 2006. Ahora esta misma población está contra él. Tanto así que estas semanas cuando se han presentado protestas en su contra este responde reformando el código criminal que es visto como opresor contra sus críticos.
En México la clase media ha votado dos veces de manera táctica para que Andrés Manuel López Obrador, un político de izquierda, no llegara al poder presidencial. Como precandidato a las presidenciales de este año, se ha mostrado más moderado, para tratar de captar esas clases medias que le han rechazado.
Para el semanario inglés, este ciclo electoral por venir mostrará si las clases medias en Latinoamérica han madurado políticamente, pues no importa si el candidato es de derecha o de izquierda, lo que ellas votan es una combinación en oportunidades que equilibren protección social y estabilidad económica.
En Colombia, por ejemplo, la mayoría de los medios y candidatos presidenciales ya no tienden a identificarse completamente con la extrema izquierda o extrema derecha, de hecho, se ha empezado a hablar solo dos espectros políticos moderados para las próximas elecciones: la centro izquierda y la centro derecha. Lea también: ¿Qué tantas verdades y mentiras dijeron los candidatos presidenciales en el debate sobre medio ambiente?
Colombia es un país donde se prevé también un crecimiento moderado en la economía, pero al fin y al cabo crecimiento. En Bogotá, por ejemplo, una de las ciudades que más definen las presidenciales, la clase media alcanza el 50% de la población, según la Secretaría de Desarrollo Económico.
Sin embargo, y aunque el factor económico no es el único elemento a tener en cuenta, si es cierto que el bolsillo es sensible para los votantes. No por nada luego de la reforma económica la imagen presidencial de Juan Manuel santos cierra su último año con un desfavorable 16%, según la última encuesta de la firma YanHass.