El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La historia de Divan, un hijo de la crisis migratoria

El pasado domingo, Collins, de 25 años y originaria de Camerún, fue rescatada por el Dignity I, uno de los barcos de rescate que la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) tiene en el mar Mediterráneo. Junto con ella, otras 240 personas fueron rescatadas por la organización esa mañana.

23 de octubre de 2015 - 10:01 p. m.
PUBLICIDAD

El pasado domingo, Collins, de 25 años y originaria de Camerún, fue rescatada por el Dignity I, uno de los barcos de rescate que la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) tiene en el mar Mediterráneo. Junto con ella, otras 240 personas fueron rescatadas por la organización esa mañana.

En el barco inflable en el que viajaba Collins, que estaba embarazada de nueve meses, había en total 120 personas, entre ellas seis niños.

Collins era auxiliar de enfermería en un hospital militar en Douala, Camerún. Llevaba dos años trabajando sin recibir salario alguno, por lo que ella y su esposo decidieron dirigirse a Banki, al norte del país. Meses más tarde, la organización terrorista Boko Haram se hizo con el poder de la ciudad y sus integrantes secuestraron a Collins y su esposo.

Después de pasar dos meses retenidos a la fuerza en el monte, Collins logró escapar con la ayuda de una mujer mayor. Su marido, sin embargo, no pudo salir de allí. En ese momento, Collins comenzó un duro viaje de seis meses que finalmente la llevó hasta Libia.

Durante el trayecto, con el embarazo en un estado ya muy avanzado, Collins fue golpeada varias veces. Muchas de las mujeres que viajaban con ella corrieron una suerte aún peor, ya que fueron violadas en repetidas ocasiones. Estos vejámenes se han vuelto usuales entre los miles de migrantes de varios países africanos que huyen de la pobreza o la violencia y van hacia el norte del continente para intentar cruzar el mar y llegar a Europa.

Cuando los tripulantes del Dignity I la encontraron en aquella barca inflable a las ocho de la mañana, pronto se dieron cuenta del grado de sufrimiento que reflejaba en su cara. Las contracciones del parto ya habían comenzado. Rápidamente la subieron a bordo para que pudiera recibir atención médica.

Astrid, comadrona de MSF, fue la encargada de ayudar a Collins a dar a luz a su bebé. El parto se desarrolló sin problemas y el niño nació sano. Es el segundo hijo de Collins y se llamará Divan.

Además de dejar atrás a su marido, del que no tiene noticias desde que huyó de Camerún, Collins también tuvo que despedirse de Warren, su otro hijo, que apenas tiene dos años y que se quedó al cuidado de su abuela materna.

No ad for you

Tras el parto, Collins fue transferida a un barco de la Guardia Civil española, que se encargará de llevar a ambos hasta Italia.

***

Collins es una madre que, a pesar de las vulneraciones que sufrió en el camino, corrió con la suerte de sobrevivir y encontrar atención oportuna. Otras tantas han muerto o han visto morir a sus hijos en las aguas del Mediterráneo, que se ha transformado en un cruento cementerio durante la actual crisis migratoria. A Europa han logrado llegar este año alrededor de 644.000 personas por esta ruta, de las cuales el 34% son mujeres y niños.

No ad for you

Ante esta crisis, los países de la Unión Europea tardaron en explorar medidas que evitaran la mortandad en el mar y les ofrecieran a los miles de migrantes una opción para rehacer sus vidas. Hasta ahora, los países acuerdan cuotas de distribución de refugiados, aunque estas medidas no serán suficientes mientras no se alivien los conflictos que originan la migración, sobre todo en Libia y Siria.

* Colaboración entre Médicos Sin Fronteras (MSF) y El Espectador.

Conoce más
Ver todas las noticias