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La lucha del voto a voto en Estados Unidos

Los candidatos y sus campañas no perdieron tiempo tratando de convencer a los indecisos.

05 de noviembre de 2012 - 04:00 p. m.
Barack Obama y Mitt Romney. / AFP
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Pocas cosas pueden decirse a pocas horas de la elección, pero Barack Obama y Mitt Romney continuaron hasta último momento sus viajes por los estados indecisos, esos que según las encuestas terminarán decidiendo el nombre del vencedor. Así, sin descanso, esperando que cada palabra tuviera el poder de inclinar a los votantes hacia su lado, los candidatos hicieron maratónicos recorridos, pero sólo coincidieron en un estado: Ohio, que hoy sigue siendo el gran enigma electoral.

Las sedes locales de campaña, al igual que ellos, no se detienen y sólo bajarán la guardia después de las elecciones. Jack Wagnal, de 63 años, ha hecho cientos de llamadas, dice “cientos” porque no puede recordar la cuenta. Es voluntario de Mitt Romney y su tarea es llamar a los posibles votantes y preguntarles si ya votaron o a qué hora piensan votar y cómo ellos pueden ayudarles para que ese voto finalmente llegue al candidato. De aquí, la sede central de la campaña republicana en Lima, Ohio, diariamente salen unas 3.000 llamadas que apuntan a garantizar la victoria en una lucha que se decidirá voto a voto.

Lima es un poblado pequeño con barrios llenos de casas espaciadas y muchas iglesias. Es un pueblo tradicional y si sólo se mira a los carteles clavados en los jardines pareciera que en este pueblo Mitt Romney tiene la ventaja. En una de estas cuadras vive Don Sherdon, un veterano de la guerra de Vietnam que reparte panfletos a la entrada del punto de campaña. Es un libro delgado, con una silueta del presidente Obama y un título: “No apto para dominar”. Sherdon considera que no aumentar el presupuesto militar, una propuesta de Obama, sería un grave error para un país que enfrenta tantas amenazas.

La sede de campaña está particularmente abarrotada porque viene en camino John Böehner, el presidente de la Cámara de Representantes, un republicano emblemático. La mayoría de quienes están en el salón son personas de edad, amables con los visitantes. Una de ellas, Ginny Rice, de 65 años, tiene cuatro hijos, cuatro hijas y 12 nietos. Votará por Mitt Romney porque cree que necesitan a un “hombre de negocios en la Casa Blanca, alguien familiarizado con el mundo. Él es un buen cristiano”.

John Boehner anda de gira por Ohio, el estado clave, tratando de orientar la opinión hacia el líder de su partido y por eso está aquí en Lima. Al llegar recibe muchísimos aplausos: “El país debe esforzarse por darles a nuestros hijos las mismas oportunidades que tuvimos nosotros. Nuestro trabajo es que la posibilidad de conseguir el sueño americano siga existiendo. Hace cuatro años la gente creyó en la esperanza y en un cambio. Pues bien, ahora todos estamos esperanzados en un cambio”. En su corta visita, John Boehner pide a todos los asistentes que se aseguren de que la gente a la que conocen vaya a votar, que no importa cuántas veces lo dicen los diarios o la televisión, porque muchas personas aún podrían no saber y ustedes les pueden ayudar. “Cada voto cuenta”. Por eso Jack Wagnal regresa a su puesto de trabajo voluntario, el primero de una de las filas de teléfonos, a seguir llamando.

Los ciudadanos tienen ya suficientes referencias de los candidatos y las campañas referencias de sobra sobre los votantes. Conocen sus números telefónicos, saben dónde trabajan, cuánto es la hipoteca de su casa, qué horario tienen en el trabajo y a qué hora salen sus hijos hacia la escuela. El jefe del Partido Demócrata en Ohio, Chris Redfern, lo llama ‘micro-targetting’ (micro-marcaje): “Miramos en el contexto de toda tu historia de votante, de tu perfil, para determinar promedios y conclusiones. Si has votado en más elecciones primarias demócratas que republicanas desde 1998, voy a considerarte como alguien que se inclina hacia nosotros”. Entonces la campaña se dedica a crear anuncios enfocados en diferentes grupos poblacionales específicos con un único fin: no importa la edad, el género, la raza. Si saben que alguien probablemente esté cercano a votar por Obama, la misión de la campaña es llevarlo al punto de votación.

Redfern está convencido de que la estrategia es genial y efectiva. Sus registros internos, abastecidos por más de 700 colaboradores por todo Ohio, dicen que Barack Obama ganará en el estado, sobre todo por una razón: “Ellos —los republicanos— no tienen nuestro sistema”. Una mala noticia para él será que su homólogo republicano, Robert Bennet, diga que ellos hacen lo mismo, que ya registran más de 3,5 millones de llamadas a votantes y que “se molestarían si supieran cuánta información tenemos de ellos”.

El profesor de Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad de Roosevelt, Paul Green, cree que las elecciones las va a ganar el partido que más gente logre sacar a votar. “No tengo duda de que en los estados indecisos la victoria depende de cuál de las dos campañas logre sacar a más votantes a los puestos de votación: “allí las campañas juegan a asegurar su voto: —Ah, ¿no has podido votar porque tienes que cuidar a los niños?, es importante que votes, así que ve a votar mientras yo me encargo de ellos”.

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El electorado se disputa voto a voto, casa a casa. Mitt Romney estará la noche electoral en Boston y Barack Obama llegará hoy a Chicago para encabezar la noche de elección desde los cuarteles centrales de su campaña. La ciudad, no parece vivir un ‘rally’ electoral muy intenso, por estos días de mucho frío y muchas llamadas a los electores. Este es un territorio demócrata y esta noche el momento crucial.

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