Son las dos des la tarde del sábado 19 de Julio, hasta ahora uno de los días más calientes del verano. Cerca de unas trescientas personas se han reunido en los alrededores de la estación de Barbès – Rochechuart, en el corazón del « barrio argelino » de la capital francesa. La legislación francesa obliga a que toda manifestación sea declarada previamente a la Prefectura de Policía y aunque las autorizaciones rara vez son rechazadas, esta vez las autoridades han optado por la prohibición. Todos los presentes estarían, en ese sentido, violando la ley.
« Estamos aquí para expresar nuestra solidaridad con el pueblo Palestino y al mismo tiempo nuestro rechazo a la decisión del presidente Hollande de apoyar sin reservas a Israel. Francia es un país democrático donde no pueden prohibir que nos expresemos » dice Marc, estudiante de Ciencias Políticas.
A unos metros un cordón de CRS, el grupo antimotines de la policía francesa, bloquea por completo la avenida. «Niñas, ¿Saben que por participar en una manifestación prohibida la multa es de 1500 euros? » grita uno de los agentes a dos adolescentes que se han pintado en el rostro los colores de la bandera palestina. El policía olvida que además se contempla una pena de hasta seis meses de prisión.
Una de las adolescentes responde que no teme a una posible sanción, pues la gente continúa llegando y « no sería posible detenerlos a todos ».
La marcha esta programada para las tres de la tarde. Un cuarto de hora antes de lo previsto, cerca de cinco mil personas empiezan a desfilar. Llevan banderas de Palestina, fotos de los niños asesinados por los bombardeos y pancartas con leyendas en francés y árabe. Dos partidos políticos, el Nuevo Partido Anticapitalista y el Partido Verde han desafiado más o menos explícitamente la prohibición y varios de sus dirigentes, entre ellos el alcalde Jacques Boutault se mezclan en el cortejo con estudiantes, mujeres con velo, niños y adultos mayores. También desfilan jóvenes encapuchados, judíos de izquierda y policías de civil.
Apenas pasadas las tres, un grupo comienza a romper el asfalto de la calzada para lanzar bloques contra la policía. « No hagan eso. No entienden que es peor? » grita en árabe un hombre vestido con un djeba. Los primeros gases lacrimógenos caen enseguida. A las cuatro de la tarde un furgón volcado sirve de barricada entre los manifestantes y la policía y varias canecas de basura arden en llamas. En la rue André del Sarte, dos policías golpea a un hombre en silla de ruedas que lleva una kufiyya, la famosa « bufanda palestina ». Un grupo de jóvenes escala hasta los rieles del metro elevado para colgar una bandera, obligando a detener el tráfico, y otro arroja una barra de metal contra los policías.
«¿Se imaginan si no hubieran prohibido la manifestación? » grita uno de los agentes a una mujer con velo que sostiene un cartel y se refugia en el pórtico de un edificio.
« A mí no importa » contesta « a la gente de Gaza no le están botando piedras sino misiles».
Las Sinagogas de la Bastilla: ¿Ataque o provocación?
El motivo de la prohibición de la manifestación del pasado sábado, fue un incidente ocurrido en la manifestación del domingo 12 de julio sobre el cual existen versiones contradictorias. Para varios voceros de la comunidad judía, se trató de una asonada en la cual grupos de jóvenes armados con palos, piedras y fragmentos de muebles intentaron entrar por la fuerza a dos sinagogas ubicadas en cercanías de la Plaza de la Bastilla, obligando a quienes se encontraban celebrando un oficio religioso a permanecer por varias horas encerrados y protegidos por un cerco policial.
«Había algunas personas en la puerta que vieron venir una horda de jóvenes gritando ‘Muerte a los judíos’ y algunas proclamas en árabe » recuerda Idi, un miembro de la comunidad judía que asegura haber estado presente.
La versión de los manifestantes pro-palestinos, señala que la Liga de Defensa Judía, un grupo considerado como terrorista por los Estados Unidos y asociado a varios partidos prohibidos en Israel, habría provocado los disturbios al convocar por medio de las redes sociales a una reunión de apoyo a la incursión en Gaza frente a las sinagogas a la misma hora de la manifestación. «A los pro-palos (palestinos) vamos a recibirlos como se merecen » decía uno de las invitaciones que circularon. Tras el enfrentamiento, la cuenta oficial de la organización en Twitter afrimaba « Si sesenta judíos a los puños vencieron a 300 vándalos armados, es por la Gracia de Dios. Agradezcamos sus milagros ».
La violencia de los enfrentamientos y el hecho de que, según el Ministro del Interior, en ellos se hubiera recurrido a conductas antisemitas, llevó a las autoridades a prohibir las manifestaciones pro-palestinas tanto en París como en el suburbio de Sarcelles, donde existe una importante comunidad judía. Paradójicamente las cerca de veinte manifestaciones que se celebraron en el país durante el fin de semana, éstas, las únicas no autorizadas, fueron las únicas que terminaron en disturbios. En Sarcelles, incluso, fue quemado un comercio judío. En la ciudad de Gonesse, un automóvil fue incendiado frente a una sinagoga, sin que las llamas alcanzaran el templo. “Cada quien tiene derecho a tener una opinión sobre el conflicto, pero debe expresarla sin odio ni violencia” afirma el mandatario local, Jean-Pierre Blazy.
Según el director del Instituto de Investigación Internacional Estratégica (Iris por sus siglas en francés) Pascal Boniface, la prohibición termina por producir un sentimiento de injusticia y lleva a la radicalización de quienes son simples simpatizantes de la causa Palestina. Para el académico “En ese sentido sería necesario prohibir también las diversas manifestaciones de apoyo a Israel”.
Próximas manifestaciones : autorización y fuerte vigilancia.
Para distensionar el clima entre las comunidades judías y musulmanas residentes en Francia, el presidente François Hollande invitó el lunes a una reunión de los líderes de las comunidades católica, judía, protestante, budista y ortodoxa para mostrar un “frente común contra el antisemitismo”. Los hechos también fueron evocados durante las ceremonias de conmemoración de la Redada del Velódromo de Invierno, ocurrida en julio de 1942, cuando más de 10.000 judíos de la Región Parisina fueron detenidos por la policía francesa y posteriormente enviados a los campos de concentración
La próxima marcha tendrá lugar el miércoles en horas de la tarde y los organizadores, reunidos bajo el nombre de « Colectivo Nacional por una Paz justa y duradera entre Israelíes y Palestinos » y con el apoyo de varios sindicatos, esperan reunir más de 30.000 personas. Temiendo que la prohibición desate nuevos actos de violencia, la Prefectura de Policía ha aceptado que se realice, con la condición de que el trayecto se modifique: en lugar del recorrido de la Plaza de la República hasta la Opera propuesto por los organizadores, los manifestantes irán de la Plaza Denfert hasta la de Los Inválidos: un recorrido que no pasa cerca de ninguna sinagoga ni mezquita ni barrio árabe o judío.