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La revolución del Líbano tiene rostro de mujer

Violencia machista, matrimonios precoces, discriminación en la custodia de los hijos e imposibilidad de transmitir su nacionalidad a su descendencia: las quejas de las libanesas no faltan en un país con una legislación muy conservadora, incluso si en muchos aspectos la sociedad es una de las más liberales del mundo árabe.

08 de noviembre de 2019 - 10:06 a. m.
Mujeres libanesas encienden velas en apoyo de las protestas antigubernamentales en la plaza de los Mártires en Beirut, Líbano. / AFP
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«Para nosotras la injusticia es doble». Las mujeres en Líbano participan de forma masiva en el levantamiento para denunciar un poder considerado corrupto e incompetente, pero también para denunciar que las priva de sus derechos y las hace sufrir discriminación. 

Violencia machista, matrimonios precoces, discriminación en la custodia de los hijos e imposibilidad de transmitir su nacionalidad a su descendencia: las quejas de las libanesas no faltan en un país con una legislación muy conservadora, incluso si en muchos aspectos la sociedad es una de las más liberales del mundo árabe.

«Además de la injusticia que sufre el pueblo, están las leyes discriminatorias hacia las mujeres», dice Sahar, una mujer de unos 40 años que participa en una de las numerosas marchas de mujeres organizadas en Beirut desde que comenzó el movimiento de protesta contra el poder el 17 de octubre.

«Para nosotras las mujeres, la injusticia es doble», se indigna.

Cientos de mujeres y también hombres desfilaron a principios de la semana desde el Museo Nacional hasta la plaza de los Mártires, epicentro de las protestas.

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«Alcen la voz, el machismo debe ser eliminado», corearon las manifestantes al ritmo de tambores. «Revolución feminista», «No esperaremos a que acabe la revolución para reclamar nuestros derechos, nosotras somos la revolución», se podía leer en varias pancartas.

Al igual que los hombres, las manifestantes denuncian la deficiencia de los servicios públicos, la escasez de agua y electricidad o el desempleo juvenil. 

Pero también reclaman un verdadero compromiso del Estado contra la violencia machista, responsable de la muerte de 37 mujeres desde principios de 2018, según la asociación feminista Kafa.

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También quieren abrogar las diferentes leyes que rigen el estatuto personal para cada comunidad religiosa -las disposiciones relacionadas con el matrimonio, el divorcio, la herencia o la custodia de los hijos-, consideradas desventajosas para la mujer. Sin olvidar una ley desfasada que impide a las libanesas transmitir la nacionalidad a sus hijos.

 

Sin influencia religiosa «No hay un derecho unificado para el estatuto personal, sino varias legislaciones en función de los tribunales religiosos de las diferentes comunidades de Líbano», lamenta Zoya Jureidini Rouhana, líder de la asociación Kafa.

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En la comunidad sunita, las mujeres lucharon hasta obtener en 2011 la custodia de los hijos hasta la edad de 12 años. Entre las chiitas, las madres pueden quedarse con los hijos hasta los dos años, y con las hijas hasta los siete.

En el caso de los católicos son dos años, antes de que un tribunal decida en función del interés del niño. Para los miembros de la Iglesia ortodoxa griega son 14 años para los niños, y 15 para las niñas. 

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La edad legal para casarse varía de una comunidad a otra, lo que allana el camino para los matrimonios precoces, especialmente entre las clases más desfavorecidas.

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«Estas leyes son discriminatorias con las mujeres, sobre todo en lo relacionado al matrimonio o a la custodia de los hijos», asegura Rouhana.

Las manifestantes reclaman una legislación laica, la misma para todo el mundo, liberada de la influencia de las autoridades religiosas.

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«Quiero un sistema laico y una supresión de los tribunales religiosos que no protegen los derechos de la mujer», insiste Rim, estudiante universitaria de 24 años.

 

Símbolo de la revuelta En los últimos años, las oenegés de defensa de los derechos de la mujer lograron algunos avances, al movilizar a la opinión pública y acaparar la atención de los medios de comunicación.

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En 2014, el país adoptó finalmente una ley que, por primera vez, castiga la violencia machista gracias a una campaña sin precedentes de la sociedad civil, tras la muerte de varias mujeres a manos de sus maridos.

La oenegé Human Rights Watch (HRW), que celebró un «avance» cuando esta ley fue adoptada, había lamentado «graves lagunas», y que la legislación «no aborda de manera adecuada el riesgo de la violación conyugal».

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Desde el inicio del levantamiento, una mujer se convirtió en uno de los símbolos de la revuelta popular tras asestarle una patada de karateka en la entrepierna a un guardia ministerial, que iba armado con un fusil automático, en Beirut.

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El video se hizo viral en las redes sociales y fue fuente de inspiración para artistas.

«La cuestión de las mujeres forma parte integral de la revolución», lanza Rouba, una abogada de 33 años. «Una revolución que no aporta soluciones a la problemática de las mujeres es una revolución truncada», asevera.

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